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CLAUDIO RODRÍGUEZ

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CLAUDIO RODRÍGUEZ

Con media azumbre de vino

Nunca serenos! ¡ Siempre 
con vino encima! ¿Quién va a aguarlo ahora 
que estamos en el pueblo y lo bebemos 
en paz? Y, sin especies, 
no en el sabor la fuerza, media azumbre 
de vino peleón, doncel o albillo, 
tinto de Toro. Cuánto necesita 
mi juventud; mi corazón, qué poco. 
Meted hoy en los ojos el aliento 
del mundo, el resplandor del día! Cuándo 
por una sola vez y aquí, enfilando 
cielo y tierra, estaremos ciegos. Tardes, 
mañanas, noches, todo, árboles, senderos, 
cegadme! El sol no importa, las lejanas 
estrellas...¡Quiero ver, oh, quiero veros! 
Y corre el vino y cuánta, 
entre pecho y espalda cuánta madre 
de amistad fiel nos riega y nos desbroza. 
Voy recordando aquellos días. ¡Todos, 
pisad todos la sola uva del mundo: 
el corazón del hombre! ¡Con su sangre 
marcad las puertas! Ved; ya los sentidos 
son una luz hacia lo verdadero. 
Tan de repente ha sido. 
Cuánta esperanza, cuánta cuba hermosa 
sin fondo, con olor a tierra, a humo. 
Hoy he querido celebrar aquello 
mientras las nubes van hacia la puesta. 
Y antes de que las lluvias del otoño 
caigan, oíd: vendimiad todo lo vuestro, 
contad conmigo. Ebrios de sequía, 
sea la claridad zaguán del alma. 
¿Dónde quedaron mis borracherías? 
Ante esta media azumbre, gracias, gracias 
una vez más y adiós, adiós por siempre. 
No volverá el amigo fiel de entonces.


12/08/2019 10:20 MARIANO IBEAS #. AUTOMORIBUNDIA No hay comentarios. Comentar.

LEOPOLDO MARÍA PANERO

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LEOPOLDO MARÍA PANERO

A mi madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

"Poemas del manicomio de Mondragón" 1987

27/08/2019 19:08 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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