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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2014.

VALORES ETERNOS... III

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VALORES ETERNOS (Con fecha de caducidad)

(Tercera parte)

 

         En una entrevista y en la presentación del libro, la autora se lamenta de la dificultad de encontrar testigos vivos  o testigos vivos que quieran dar testimonio de su labor en la época y sobre todo documentos de primera mano sobre aquellas actividades que pudieran ser de relevancia o arrojar luz sobre esa parcela de la historia… “y esta tarea  se hace más difícil conforme pasan los años y desaparecen quienes podrían dar testimonio, y aportar datos ya que, en muchos casos no contamos con documentación escrita o esta es muy incompleta, porque lamentablemente no he podido dar con los últimos archivos” y las personas que lo vivieron, no quieren hablar…

         Yo estaba presente en el acto de  presentación  en la que fue una “librería de mujeres” en la calle San Juan de la Cruz y sólo dudé un momento. ¿Debía dar información o permitir que la autora siguiese investigando inútilmente?

En un aparte le confesé a la autora de la tesis lo que yo sabía:

 

 “… que los archivos estaban, más bien estuvieron, arrumbados en los sótanos de la vieja residencia “El Hogar Pignatelli”

         “… que cuando se procedió a la reforma del edificio para convertirlo en la sede central de la Diputación General de Aragón, los archivos y todo lo que les rodeaba fueron transportados a unas instalaciones en la Escuela de Capacitación Agraria del barrio de  Movera y arrumbados de nuevo en una nave, antiguo gallinero…

         “que allí fueron a parar archivos, fichas de afiliación, parte o toda la biblioteca, aparatos y herramientas usadas en las concentraciones, viejos archivos fotográficos, el fichero completo del Servicio Social…

             (Continuará)


 

01/04/2014 10:02 MARIANO IBEAS #. DEBERES Y ASIGNATURAS PENDIENTES No hay comentarios. Comentar.

VALORES ETERNOS... IV

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VALORES ETERNOS (Con fecha de caducidad)

 

(Cuarta parte)

 

Daba pena verlo. A casi medio metro del suelo se alzaba una alfombra de libros y papeles, muebles desvencijados, archivos y cajoneras, escritorios con cierre de láminas de persiana, viejas sillas de despacho pesadas y brillantes por el uso…

         Incluso recuerdo unas hermosas verjas de forja que desaparecieron con rapidez… no se sabe si fueron a parar a la chatarra o lucen todavía sus curvas de filigrana como puertas de algún chalet o adosado de prestigio en los alrededores de la ciudad. Las máscaras antigás todavía guardaban algún cristal en la ojeras… los viejos transmisores y emisoras de campaña que se podían cargar de electricidad a vuelta de manivela, los guiones, banderines, banderas o pancartas no había perdido aún el viejo lustre de la pintura… un revoltijo de viejas glorias, que algún día estuvieron “al sol con la camisa nueva”

         Recuperé algunos libros, y cuando quise regresar de nuevo,

ya no hubo modo de recuperar gran cosa… recordaba viejas fotografías, algunas fichas, algún rostro incluso conocido…

 

  (Continuará)

02/04/2014 19:21 MARIANO IBEAS #. DEBERES Y ASIGNATURAS PENDIENTES No hay comentarios. Comentar.

VALORES ETERNOS... (y V)

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VALORES ETERNOS (Quinta parte... y final)

 

En un aparte le confesé a la autora de la tesis, o memoria de licenciatura… o lo que fuese,  lo que yo sabía:

 

Item más:

 

“ que todo ello, que había sido guardado y custodiado celosamente por los adictos al régimen, por los fieles guardianes de las esencias, por los predicadores laicos, por las damas de la sección femenina, por los funcionarios y funcionarias del servicio social, por los apóstoles de acción rural, por los ejecutantes de los coros y danzas… todo  ello terminó por los suelos después de servir de arma arrojadiza y munición abundante en las batallas campales que organizaban por las tardes los alumnos de la residencia… Habían sido felices durante unas horas,  habían tomado aquello como un refugio, un club particular de la memoria histórica, un salón social, donde también se fumaba…

         “yo sabía que le director de la Escuela, temiendo que las ideas disolventes o tal vez mejor, que allí pudiera surgir un día un incendio pavoroso, de proporciones gigantescas dada la profusión de materiales inflamables, y que amenazase todo el recinto,  tomó la decisión de llamar al servicio público de limpieza…

         “que el servicio público de limpieza procedió a vaciar la nave y posiblemente a incinerar el contenido en el vulgarmente conocido como “guano”, o sea, el vertedero público…

 

         Y terminé sentenciando “sic transit gloria…”

Creí un momento ver en los ojos de la autora apuntar dos lágrimas, pero continué diciendo:

         “Reconozco que es una catástrofe, pero no hay vuelta de hoja;  puedes, en la próxima edición, hacer una alusión a estos hechos, pero yo no he dicho nada, soy un simple confidente… no podía admitir, sabiendo lo que yo sabía, que continuases investigando inútilmente… ahora ya sabes el final de la historia”.

 

         Nunca me ha gustado contar el final de las películas ni decir cómo acaba una novela, por eso creí oportuno ofrecer una explicación; un investigador tienen derecho a saber, y la verdad, o lo que creemos que es la verdad, no siempre se hace patente. Toda aquella memoria desapareció para siempre.

         Si fue o no una muerte digna, el tiempo lo dirá.

 

                                             Mariano Ibeas

 

03/04/2014 10:17 MARIANO IBEAS #. DEBERES Y ASIGNATURAS PENDIENTES No hay comentarios. Comentar.

EN FLANDES SE HA PUESTO EL SOL...

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“Chinelitas carmesíes”

El teatro era una actividad extraordinaria para nosotros: había que hacer los primeros pinitos para las fiestas de fin de curso: memorizar y ensayar, era salir de la rutina de las clases bajo la dirección de algunos profesores que aprovechaban para adiestrarnos en dicción, declamación, etc. todo para nuestra mejor formación…

El teatrillo estaba montado sobre un entramado de tablones y tarima, con accesos laterales y “por el foro” que permitían determinados movimientos. Los decorados eran paneles de papel de estraza montados sobre bastidores y que había que decorar con colages o pequeños dibujos de una “naiveté écoeurante”… Los espectadores ocupaban los bancos  las sillas del “patio de butacas” en el salón de actos improvisado…

Fue famosa durante años la sorpresa al introducir en escena  un borrico por una rampa en vivo y en directo… Allí se desarrollaron famosas piezas de la “biblioteca salesiana” como “Sindo el tonto” los pasos de Lope de Rueda, como “Las aceitunas” o grandes pieza de los románticos como  José Zorrilla, “El puñal del godo”, éste último a cargo del Pa’ César que era un acérrimo seguidor de Eduardo Marquina y que quería hacer de los alumnos de 6º, unas promesas de las tablas.

En todo caso las representaciones fueron  memorables: la lluvia con regadera, los truenos con chapas de lata o pesas de gimnasio rodando por la tarima y relámpagos a base de disparos de flash con la cámara de fotos, un festival de efectos especiales que nos dejaba con los ojos como platos… Y luego estaban los disfraces. Recuerdo todavía los esfuerzos ímprobos que hicimos para enfundarnos en calzones enormes hechos con trozos de sábana para representar personajes de la India...

Mi  ocasión vino por un encargo que aún me enrojece: Debía yo formar parte con algunos de mis compañeros, del grupo de los pastores que llevan ofrendas al recién nacido en una versión del “Auto de los Reyes Magos”… para las vísperas de Navidad.

Ya en los primeros ensayos el texto se me resistía: ¿Qué le debía yo llevar al niño recién nacido?

                __ “Chinelitas carmesíes

                forradas de cañamazo

                con su ribete y su lazo”

Aquél texto me pareció tan estúpido y tan vergonzante, frente a mis compañeros que llevaban queso, corderos, miel o avellanas, que cada vez que tenía que recitarlo __ y no menos de dos veces__ enrojecía hasta el tuétano de los huesos… y eso sólo en los ensayos.

Cuando me tocó hacerlo, frente a todo el colegio, los profesores y algunos familiares de los alumnos, no paraba de mirar la trampilla en el piso del escenario que alguna vez sirvió para alojar al apuntador y desear que se abriese y me tragase…

Creo que salí más o menos airoso del paso pero más corrido que una mona… y ahí terminó para mí, según creo, mi vocación de actor de teatro. Nunca más si estaba en mi mano poder evitarlo.

               



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