Blogia

DESDELDESVAN

EL CUENTO NO TERMINA ASÍ

 

__ El cuento no termina así...

__ ¿En qué quedamos?

En realidad nadie sabía qué hacía allí esa planta.

La encontraron por casualidad; fue un trabajador, un albañil de los de la reforma del tercero. Se le cayó una herramienta al patio interior y quiso recuperarla. Para ello solicitó el permiso en la oficina, para descolgarse por la ventana del primero. La secretaria del despacho no puso inconveniente; su jefe, que no estaba en ese momento, tampoco hubiese puesto inconvenientes, aunque si lo veía algún vecino podrían tener problemas, ya habá suficientes problemas con los vecinos...

__ Pero el cuento no termina así.

__ ¿En qué quedamos?

El trabajador señalaba una planta, junto al deasagüe de la terraza.

__ Es una "Paneurophorbia caledónica" , dijo el trabajador; cualquiera sabe cómo ha llegado hasta aquí.

__ ¿Y qué es una "caledónica" de esas?

__ Una planta rarísima por estas latitudes. En mi país es más frecuente; en realidad se pueden encontrar por todas partes, pero es delicada fuera de su ambiente. Hay que regarla, protegerla un poco en verano para que no le dé mucho el sol y tiene unas flores preciosas.

__ ¿Y se puede tener en una maceta?, quedaría muy bien en el despacho.

__ Es muy delicada, no es fácil de transplantar, se moriría.

__ No se preocupe, yo me encargo de ello desde ahora.

__ ¿En qué quedamos?

Pero el cuento no termina así.

 

Mariano Ibeas

HORMIGAS

 

En la acera un perro diminuto, inquieto y chillón, se afana tras el rastro oloroso de un colega, o también de su propio rastro, impreso dos veces al día, semana tras semana, al pie del mismo árbol o sobre el tronco miserable de los aligustres de la esquina.

El dueño tironea de la correa; está impaciente también, intenta marcar una y otra vez un número de teléfono en el móvil y al final hace una llamada perdida y luego cuelga.

El perro no hace cacas hoy, sin embargo la bolsa de plástico está dispuesta para recogerlas...

Un hilera de hormigas sigue en su faena, cada insecto no parece dudar demasiado para seguir la huella química de sus congéneres; en el ejército de hormigas el desfile es siempre en línea de a uno; cada una sigue a la anterior con decisión y firmeza, con obediencia ciega.

Debe ser difícil seguir un rastro entre tanta confusión de olores, debe ser difícil identificar a la perrita del vecino entre tanta confusión de rastros, es difícil localizar a alguien en el ejetreo de las comunicaciones inalámbricas.

El hombre piensa en regresar de inmediato, comprueba si en el buzón del portal hay algo nuevo; nada, cartas de los bancos. Sube al piso, acude presuroso al ordenador, al buzón del correo electrónico, por si hay algún mensaje de última hora; nada, "spam", correo basura, nada nuevo.

El hombre deja un mensaje en el contestador telefónico, coloca un "post-it" en la puerta de la nevera; no volverá para comer y que su mujer no se olvide de los niños, ni del perro para el paseo de la tarde.

El hombre cierra la puerta de golpe y se va; el perro gime tras la puerta; en el ascensor un rastro de perfume indefinido; no logra asociarlo con ninguna de sus vecinas; en la puerta un olor insistente a tabaco; ya en la calle un auténtico fumadero de tabaco en horario laboral y por el suelo un montón de colillas...

A la entrada del metro una hilera de personas sin rostro definido, sin rastro oloroso definido, todo común, todo de gris, todo mezclado, inidentificable e irreconocible... siempre huele igual en los pasillos del metro.

Alguna ventaja tienen que tener las hormigas.

 

Mariano Ibeas

MOSCAS

 

           Han desaparecido; poco a poco han ido extinguiéndose como tantas otras especies conocidas o familiares, han caído como moscas, y nunca mejor dicho. Algunos hablan de cambio climático, otros de mutaciones, otros de cambios de comportamiento y de hábitos...

          Estábamos cansados de verlas posadas sobre sus cuatro patitas posteriores, frotándose los brazos y antebrazos, haciéndo el aseo o la higiene de sus grandes ojos compuestos con sus patas anteriores, frotándose con satisfacción las alas membranosas, volando, apareándose o succionado con su trompa carnosa las más variadas porquerías; nuestras moscas familiares, un paisaje de costumbre, han ido desapareciendo de forma alarmante, sobre todo en las ciudades.

          Han acompañado nuestros momentos de ensoñación, nuestras observaciones de "ciencias naturales" de "conocimiento del medio" de "bilogía aplicada" han servido para la experimentación con métodos de tortura refinados, en fin, nos acompañaron toda nuestra vida.

          Una cadena alimentaria aséptica y cerrada con rigurosa trazabildad en los alimentos orgánicos, desechos y basuras cada vez más escasos, siempre controlados y reciclados, unos insecticidas cada vez más comunes, letales y sofisticados han debido impedir a las sucesivas generaciones de moscas  volar, aparearse, alimentarse, poner sus huevos, reproducirse ...

           Han muerto y alguien decidió que el proceso no debía hacerse irreversible.

           Sólo en algún recinto remoto de la ciudad siguen, como una reserva biológica o un parque temático, algunos ejemplares supervivientes de la especie, testigos efímeros de los viejos tiempos... cuando todavía había moscas.

           En un viejo café, cerca del puerto, vimos algunas volar, osarse luego cerca de las tazas y sorber golosas con su trompa restos de azúcar o líquido derramado...

          Alguien, de repente recuperó los viejos gestos también; dobló el periódico y de un papirotazo, ¡zas!   cortó en seco el recorrido vital del insecto.

         El cadáver no yacía como siempre, panza arriba, con las seis patitas juntas y cruzadas sobre el torax...,  no, esta vez no. De su cadáver no sale ningún fluído, no hay aplastamiento del abdomen, nada; si acaso, y una vez observados con detenimiento, algo parecido a unos chips en miniatura y unas piezas de ferrita.

 

Mariano Ibeas

´SUEÑOS... O NO TANTO II

 

            Estaba leyendo un libro. El ruido y el bullicio a mi alrededor se iban disipando poco a poco, como entre las brumas del sopor que precede al sueño, pero seguía concentrado en la lectura.

            Anocheció y, por un momento, me pareció que los edificios se iban haciendo más escasos; yo seguía enfrascado en la lectura. Se fueron bajando pasajeros en las distintas paradas y en un momento dado me pareció que se producía un silencio sospechoso. No había problema, la mía era la última parada.

            El autobus dió un giro casi en redondo, recorrió un tramo recto, hizo alguna maniobra hacia delante y hacia atrás y se paró finalmente.

Me puse de pie; alrededor, dentro y fuera, nadie.

¿Y el conductor?

Me acerqué a la cabina. Nadie.

Un centenar de autobuses aparcados, alineados de forma rigurosa, semejantes a éste... y éste cerrado a cal y canto.

"Salida de socorro", "Puerta de emergencia", "En caso de accidente..."

Pulsé todos los botones, observé el martillito colgado junto a la salida, creo que grité... y nada.

Acurrucado en un rincón esperé el nuevo día.

 

Mariano Ibeas

CITANDO A: MAX AUB

"__ ¿Usted cree que no puede haber grandes poetas mientras la política absorbe el interés del país?
__ ¡No, hombre, no! Los poetas no tienen nada que ver con las circunstancias, se adaptan a lo que sea y, si son buenos, las cantan bien; tanto monta que glorifiquen a un capitán como a una ensalada más o menos putrefacta."

Max Aub, "El labreinto mágico. Campo cerrado". Ed. Alfaguara.

CITANDO A: MAX AUB

 

"El arte son ganas de verse, de verse venir, un laberinto de espejos. Ver y ser visto. Lo peor que le pueden decir a un artista es: "si te he visto, no me acuerdo". Esa es la cuestión, parir algo que no se mueva, parir muerte. que el movimiento sólo es de Dios".

 

De Max Aub: "El laberinto mágico. Campo cerrado" Ed Alfaguara

SUEÑOS... O NO TANTO

 

Soñé que me perdía en un laberinto y daba tantas vueltas, dudaba tanto en cada cruce de caminos... que al final me encontré cara a cara enfrente de mí mismo...

Y no me reconocía.

Mariano Ibeas

 

 

PENÉLOPE

 

Cuando se quedó viuda...

Se prometió que no volvería a salir de casa..., tantos años trabajando, de casa a la oficina, cuidando de los hijos, del marido, de sí misma...

Se dio cuenta de que apenas se había ocupado de sí misma, de sus aficiones o pasatiempos...

¿tenía alguno?... ¡menuda faena los pasatiempos! Ropa, plancha, limpieza, ropa, comida, fregar, poner y recoger el lavavajillas... ¡menuda faena!

Era joven todavía, se dijo.

Se propuso no hacer nada. Lo tenía prometido: nada.

Ni siquiera ver la televisión y los culebrones, ni leer un libro o escuchar música, nada, absolutamente nada.

Hasta que descubrió el encaje, el encaje de bolillos.

Colocaba el mundillo contra el respaldo de una silla de enea y ahí le daban todas las horas del día, hasta que le dolían las manos. Cubrió los muebles de labores primorosas, los cabeceros, los brazos del sofá, las mesitas de noche, el aparador, la cómoda... hizo una serie de  juegos de bautizo, de comunión, de confirmación, ligas de boda para regalar a las novias, a las vecinas, para sus hermanas, sus sobrinas...

Participó tambien en una docena de concentraciones, en fiestas patronales, en días de exaltación de la artesanía y las tradiciones populares; recibió felicitaciones, expuso en la casa de cultura, enseñó en el hogar del pensionista, __ con poco éxito, es verdad, que las señoras no estaban muy por la labor __ y éstas fueron sus únicas salidas...

El resto del tiempo seguía encerrada en su casa... hasta que llegaron las vecinas. Aquellas reuniones de sutiles tejedoras de espumas fue creciendo y creciendo. Por la mañana, apenas los niños entraban en la escuela, se dejaban caer por la casa cuatro o cinco amas de casa ociosas, tomaban café, apuntaban algunas ideas, copiaban al calco un modelo de encaje, y volvían por la tarde a la faena. A las cinco se tomaban el té, charlaban y charlaban y el grupo crecía tanto que ocupaba el salón, dos dormitorios y a veces el pasillo... alguien propuso entonces montar un taller y trabajar en serio o en serie, comprar juntas el hilo, vender a los turistas...

Y el entrtenimiento pasó aser su forma de vida... hasta que se transformó en un trabajo y en una dura faena... empezó a tener problemas en las manos, muchas preocupaciones... algunas de sus socias la abndonaron poco a poco y un día se dijo:

__ ¡Menuda Odisea!

Cerró de golpe las persianas, dió un portazo y ya no volvió más.

Algunas dicen que la vieron por ahí... acompañada, pero casi nadie lo cree; serán como siempre,

habladurías.

 

Mariano Ibeas

 

CITANDO A: MAX AUB

 

" Y no se trata de dejar rastro, que eso está al alcance de cualquiera, sino de seguir siendo uno mismo tras la muerte. El rastro o el rostro es cuestión de pies o de narices. La inmortalidad, amigo mío, la inventó Caín, el primer académico.

__ Un intelectual es un hombre que deja su estilo por el mundo. Sea el que sea.

__ Sí, la cuestión  es que cuando defeque Leonardo todo el mundo conozca la mona por el olor."

 

De Max Aub "El Laberinto mágico, Campo Cerrado" Ed. Alfaguara

 

EL DINOSAURIO SEGUÍA ALLÍ (Recordando a Monterroso)

 

Cuando se quedó viuda, tomó de inmediato algunas decisiones; lo primero que dispuso fue la venta del todo-terreno, luego la moto,la cortadora de césped, el equipo de esquí, los palos de golf... buscó alguien que se ocupase de sacar el perro de paseo dos veces al día; canceló varios eventos y compromisos sociales pendientes, anuló la Visa Oro...

Y se compró un coche descapotable, un hermoso automóvil rojo brillante de dos plazas, un sueño de toda la vida, que le entregaron llave en mano a la puerta de su casa,

Se arregló un poco, tomó las llaves dispuesta a ponerlo en marcha... y cuando salió,... su marido seguía allí, al volante, como siempre.

 

Mariano  Ibeas

CITANDO A : MAX AUB

 

"No hay gran escritor sin cárcel o destierro, o poltrona ministerial. Digo escritor y no poeta. Los poetas son bichos que lo mismo cantan en invernaderos que en muladares..."

 

"Escribir, para mí, es luchar contra la muerte. Y lo mismo lucho de una manera que de otra"

 

Max Aub "Campo cerrado" ED. Alfaguara

UNA DOCENA DE IMÁGENES TARDÍAS (y XII)

 

12.- Adónde me lleva

"... su infinita mirada." (Ángel Valente)

 

Adónde me lleva,

dorada geografía,

el río de tu cuerpo,

adónde la caverna

            y el laberinto en sombra,

labor de zapa en la muralla.

 

Te cerco y me resigno,

espero la luz de amanecer,

un signo nuevo,

una señal en las alturas.

 

Adónde me lleva

el triste rumor del viento,

¿qué me trae de ti?

 

Pastando soledades voy

y no me doy reposo

ni sosiego ni alimento.

 

Te espero junto al río

y espío tu mirada tras de mí,

tan sólo me sorprende

el grito de Narciso

y el eco de las garzas.

 

Adónde me lleva esta luz

de amanecida

que dibuja en sombras

la piel de mis deseos

y sólo se me alcanza

disuelta en la neblina

una leve lágrima

que no sé si es de rocío.

 

Sólo te espero

y se pierde en el vacío

tu cálida mirada:

            no espero el despertar.

 

Mariano Ibeas.

CITANDO A : JAVIER CERCAS

"ESTE OFICIO NO ES PARA COBARDES"

La gente tiene una idea muy equivocada de los poetas. Un poeta no es una damisela asustadiza que se pasa la vida oliendo flores y soltando remilgos de monja o flatulencias sentimentales. Un poeta es un peligro público. Me refiero a los poetas de verdad, claro está, no a los meros versificadores o a los trileros que expenden logomaquias. ¿Que cómo se reconoce un poeta de verdad? Nada más fácil: un poeta de verdad es aquel que se juega el pellejo en cada uno de los poemas que escribe, lo cual significa que no hay nadie tan valiente (o tan temerario) como un poeta de verdad, quizá porque tampoco hay nadie tan vulnerable...  El poeta de verdad está siempre en paz con los demás y en guerra consigo mismo, o en guerra consigo mismo y también con los demás... Por lo demás tampoco sé si son buenos o malos, y la verdad es que me importa un rábano; lo que sé es que son necesarios, que es lo que tienen que ser los poetas.

Sigue el texto en Javier Cercas El País Semanal, nº 1529, Domingo 15 de enero de 2006 

 

SOMOS UNA SÁMARA

 

... Somos una sámara... o quizás disámara, o dos disámaras unidas por el tronco a la altura del ombligo.. pero no hemos olvidado nuestra naturaleza vegetal proclamada en el tronco o la semilla, a veces en el fruto.

Mientras estábamos en el árbol, nuestra raíz y nuestro tronco, de naturaleza terrestres, nos mantenían unidos, coherentes, atrapados en el barro.

Sin embargo un día quisimos volar, y nuestros antepasados simios se ejercitaron en el arte del salto de árbol a árbol; otros no quisieron andarse por las ramas y soñaron con el mito de Ícaro y recibieron su justo castigo... si entender que la máxima libertad posible consiste precisamente en la locura o el desvarío de querer volar, algo que luego algunos llamaron suicidio... Los que al fin lo consiguieron no lograron transmitir su aprendizaje.

Sólo al volar, al recuperar la naturaleza aérea, al ser plenamente libres, recuperamos también nuestra naturaleza original... por nuestra desgracia, ésto último sólo acontece en sueños, pero lo seguimos intentando: ser sámaras desperdigadas por el viento.

 

Mariano Ibeas

UNA DOCENA DE IMÁGENES TARDÍAS XI

 

11.- CERCARÉ TU CUERPO

"... hacia la lenta noche del amor..." (Ángel Valente)

 

Cercaré tu cuerpo

como una fortaleza

            inexpugnable;

rodearé tus muros

con escalas

o esperaré la aurora

            agazapado en sombras...

 

Si el sol tarda en salir

llamaré despacio

            a tus postigos

disfrazado de mendigo;

usaré la voz y la caricia,

susurraré tu nombre

y seré testigo

cuando se abran

                las puertas y ventanas,

cuando el alféizar

                recorte tu figura

cuando bajes por la escala

                de los sueños

yo te esperaré

y, si es preciso,

                hasta que venga la noche,

                hasta que llegue el invierno.

 

Mariano Ibeas

 

 

CITANDO A: Alberto Méndez

 

"No es justo que comience la muerte tan temprano, ahora que aún no ha habido tiempo para que la vida se diera por nacida... "

 

"Además yo sólo sé escribir y conta cuentos. Nadie me enseñó a hablar estando solo ni nadie me enseñó a proteger la vida de la muerte. Escribo porque no quiero recordar cómo se reza ni cómo se maldice..."

 

"El niño no vivirá y yo me dejaré caer en los pastos que cubrirá la nieve para que de las cuencas de mis ojos nazcan flores que irriten a quienes prefirieron la muerte a la poesía."

 

Alberto Méndez, "Los girasoles ciegos", Ed. Anagrama

UNA DOCENA DE IMÁGENES TARDÍAS X

 

10.- ¿Quién leerá

"precipitados límites del cuerpo..." (Ángel Valente)

 

¿Quién leerá

cerrando bien los ojos

estos poemas míos

sin eco y sin palabras?

¿Serán también los frutos

desgajados de los árboles

y arrojados sin piedad

al fluir eterno

de los días?

¿Se alzarán despacio como sombras

o brillarán a la luz

como renuevos?

No lo sé.

 

Y acudo entristecido

una vez más a las palabras

que me acogen

y me salvan

de la muerte...

 

¿Tendré tal vez la suerte

de vivir

entre tus manos?

 

Mariano Ibeas

 

 

UNA DOCENA DE IMÁGENES TARDÍAS IX

 

1.- Reloj de arena

" ... cinturas inasibles..." Ángel Valente

 

"Hago trizas las cintas que te ciñen

como un mar requerido"

José Luis Ferris, "Niebla firme"

 

Reloj de arena

tu cintura firme;

fluye a mi pesar

a lo largo de tu talle

el tiempo,

y yo, que no tengo ni reposo

ni alimento que me sacie,

me aferro

con miedo, angustia y desespero

a la dulce corriente de tu cuerpo;

en ansia inetrminable,

en loco afán,

quisiera detenerlo:

que no pare, que siga,

que no cese de fluir...

 

porque entonces, en este caso,

tú o yo __ o los dos tal vez __

habremos muerto.

 

Mariano Ibeas

 

UNA DOCENA DE IMÁGENES TARDÍAS VIII

8.- El libro interminable

"...Párpados y pétalos..." (Ángel Valente)

 

El libro interminable

de tus párpados

se cierra tras de mí

y me cobija;

queda en el aire libre

la lluvia intermitente

de las lágrimas,

se cierran las puertas de la noche:

yo me quedo

encerrado en tus abismos

y no quiero salir

desnudo hacia el vacío

y temo

una mota de polvo,

un roce, un céfiro ligero,

un parpadeo

y ya no ser, no vivir

caer cual rosa deshojada

en hojarasca de pétalos sombríos

__ Sísifo

hundido en el Leteo __

y juntar en un punto,

en un solo parpadeo,

                mi memoria y tus olvidos.

 

Mariano Ibeas

CITANDO A : MANUEL VICENT

"Todos nuestros juguetes se han roto, excepto los cuentos que nos contaron en la niñez y que de una forma u otra, nos llevan siempre a la isla del tesoro".

Manuel Vicent "El País" ,15 enero 2006