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DESDELDESVAN

LECCIONES DE HISTORIA

LECCIONES DE HISTORIA

LECCIONES DE HISTORIA

En casa había una vieja Enciclopedia Escolar, anterior a las de Álvarez, porque, mirando la parte de la Historia, se terminaba en La Segunda República…  podría ser  un texto __ lo tengo que mirar en el desván de Rafa Castillejo__, posiblemente de la Editorial Dalmau Carles Plá, y tenía bellas láminas y dibujos… podría haber sido una herencia de mis abuelos o la de un tío cura que se llamaba Don Alejandro;  era antigua seguramente, pero estaba impecable. Yo tenía bien aprendida la lección de que los libros eran objetos preciosos y había que tratarlos con cuidado.
Aparecían los nombres y los grabados de Dn. Práxedes Mateo Sagasta, Dn. Niceto Alcalá Zamora, Dn. Manuel Azaña o Dn. Alejandro Lerroux…  Aquello parecía muy raro, porque yo conocía a una antigua maestra que se llamaba Doña Práxedes... ¿y cómo un hombre podía llamarse también Práxedes?. No tenía ningún sentido.
Yo me empeñé en llevarla a la escuela para enseñársela a mis compañeros; algunos no tenían en casa ni un solo libro, ni tebeos siquiera; a mí me parecía también extraño, porque yo  gozaba de un verdadero tesoro de libros en el desván.
Estábamos entretenidos en el pupitre, seguramente apiñados cabeza con cabeza, mis compañeros y yo alrededor de la vieja enciclopedia, cuando apareció Doña Prudencia.
Nos arrebató el libraco de las manos, hojeó un momento la enciclopedia y cuando llegó a la parte de Historia de España, poco a  poco se fue poniendo pálida, y luego roja de ira, y después se puso a gritar y arrancó con furia unas cuantas páginas, las hizo trizas y las arrojó a la estufa que en invierno estaba siempre encendida.
Me gritó enfurecida:
__ “Llévate ese libro a casa y no lo vuelvas atraer nunca más”
Yo no entendía nada y creo que desconsolado me puse a llorar. ¿Cómo iba a saber que en las otras enciclopedias se pasaba directamente de la Guerra de la Independencia al Glorioso Alzamiento Nacional? ¿Cómo iba a explicar aquello en casa?  ¿Y cómo iban a creerme, aunque les dijese la verdad?
__¿ Qué ha pasado? ¿Quién ha sido?
__ Ha sido la maestra, Doña Prudencia.
Mis padres me creyeron, a su pesar.
Lo que hacía o decía el maestro era ley: si te había pegado, era cuestión de callarse, esconder los chichones o los moratones, porque en casa podían pasar de decir: “algo habrás hecho” o “con razón te lo has ganado”,  o incluso, no decían nada y aumentaban la paliza…, aunque mis padres no eran de esos, era imposible ocultar el desaguisado y más entender el porqué  de la furia censora de la maestra…
Yo no sabía todavía que la maestra tenía miedo, miedo a perder su trabajo,  que había libros prohibidos y que el ángel del paraíso con su espada vengadora había  expulsado para siempre a determinados nombres del libro de la historia…
Lecciones de la Historia, una vez más.


Mariano Ibeas

ELENA GASTÓN NICOLÁS

ELENA GASTÓN NICOLÁS

AMARUS ESTIS...

AMARUS ESTIS...

Amarus estis , Dómine
sicut nectaris bryoniae,
ut sulphur in lactucca
aut azymum panis
ad tradendum qui non indiget,
amarus ut intonsum osculum
quis perdidit quaevis ora,
sicut nectaris aurea malus
rapta cutis transitu;
Acerba metus
ut tenebras tibi motus
nigrum sicut nox ante aurora
et gemitum horrendum,
amarus quasi oliva
ut non faciebant oleum
vel eduntur in sacram coenam;
quid credis, Domine?,
nos etiam acerbitatis imples.

Mariano Ibeas, tomado de un texto de María Otal.
(¡toma ya latín macarrónico!)

PRINCESA INCA

PRINCESA INCA

LA NIÑA- PRESA

El principio de la tarde
se quiebra en las piedras del parque

quemando en su temblor va esa chica.

¿Dónde guardas el día aquel
en que no llorabas
y el amor íba y venía?

Muy lentamente irás recuperando la fuerza
a pesar de la medicación que te escupen...
Abre al cielo tus manos como palomas
y deja que la lluvia de mañana
resbale en esa piel tuya
de blancura y precipicio.

Sobre el asfalto cae gris tu mirada
que odia y se traga lo que gritaría.

Eso,mujer-niña...
Grita.Grita.Grita.

Te escuchará la nada,
pero quizás también
los que vivimos insomnio de viento
cuando la ciudad se calla.

Princesa Inca

https://www.facebook.com/princesa.inca.

FRANCISCO BRINES

FRANCISCO BRINES

FRANCISCO BRINES (Premio Cervantes 2020)

Otoño inglés

No para ver la luz que baja de los cielos,

Incierta en estos campos,

sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra

a las hojas asciende y las abrasa.

Yo no he salido a ver la luz del cielo

Sino la luz que nace de los árboles.

Hoy lo que ven mis ojos

no es un color que a cada instante muda su belleza,

y ahora es antorcha de oro,

voraz incendio, humareda de cobre,

ola apacible de ceniza.

Hoy lo que ven mis ojos

es el profundo cambio de la vida en la muerte.

Este esplendor tranquilo

es el acabamiento digno de una perfecta creación,

más si se advierte

la consunción penosa de los hombres,

tan solo semejantes en su honda soledad,

mas con dolor y sin belleza.

 

El hombre bien quisiera que su muerte

no careciese de alguna certidumbre,

y así reflejaría en su sonrisa, como esta tarde el campo,

una tranquila espera.

               (Belleza del durmiente

que agita imperceptible el mudo pecho

para alzarse después con mayor vida;

como en la primavera los árboles del campo)

¿Cómo en la primavera…?

No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte,

sino el soñar del árbol, que desnuda

su frente de hojarasca,

y entra así cristalino en la honda noche

que ha de darle más vida.

 

Es ley fatal del mundo

que toda vida acabe en podredumbre,

y el árbol morirá, sin ningún esplendor,

ya el rayo, el hacha o la vejez

lo abatan para siempre.

En la fingida muerte que contemplo

todo es belleza: el estertor cansado de las aves,

la algarabía de unos perros viejos, el agua

de este río que no corre,

mi corazón más pobre ahora que nunca,

pues más ama la vida.

 

La rotas alas de la noche caen

sobre este vasto campo de ceniza:

huele a carroña humana.

La luz se ha vuelto negra, la tierra

sólo es polvo, llega un viento

muy frío.

Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro

sólo habría dolor

si un hombre contemplara la caída.

Y he llorado la pérdida del mundo

al sentir en mis hombros y en las ramas

del bosque duradero,

 el peso de una sola oscuridad.

 

               (De Palabras a la oscuridad, 1966)

BENITO PÉREZ GALDÓS

BENITO PÉREZ GALDÓS

El escritor español más popular del siglo XIX tiñó con su apellido una ciudad entera que no era la suya. El idioma en el que tanto escribió terminó acuñando un adjetivo que aún hoy define Madrid: galdosiano. Pero Benito Pérez Galdós había nacido a mucha distancia de la capital que tantas veces le sirvió de escenario, en Las Palmas de Gran Canaria, unos 1.800 kilómetros que solo se salvaban con un pesado viaje en tren desde/hasta Cádiz y una travesía de tres días en barco. Su ciudad, hoy novena de España en población, apenas contaba con 17.000 habitantes el año en que nació Galdós, en 1843.

Pasó en ella los 19 primeros años de su vida, pero Canarias apenas aparece explícitamente en su obra. Tan solo en un relato firmado con seudónimo en la prensa de Las Palmas, en el diario El Ómnibus, en 1866, cuando ya se había asentado en Madrid. Necrología de un prototipo describe con aires siniestros al palanquero del órgano de la catedral de Santa Ana, aledaña al lugar donde vive el joven Benito. “Es una especie de Maese Pérez el organista [personaje creado por Gustavo Adolfo Bécquer], pero más monstruoso, caricaturizado, que bien pudo inspirarse en una persona real”, detalla la profesora Yolanda Arencibia, catedrática emérita de la Universidad de Las Palmas y autora de Galdós. Una biografía (Tusquets, 2020), Premio Comillas de Historia, Biografías y Memorias.

Un temprano lío de faldas algo tuvo que ver en su alejamiento de Canarias. María Josefa Washington, Sisita, era la hija natural de un tío materno de Benito. La había tenido con Adriana Tate, una angloamericana, otros dos de cuyos hijos se casarían a su vez con dos hermanos de Benito Pérez Galdós. Adriana y Sisita, nacida en Cuba, se asentaron en Gran Canaria. No es difícil imaginar el choque que aquella enmarañada familia de indianos cosmopolitas provocó en la sociedad pacata de Las Palmas; tanto más en la madre del joven Galdós, Dolores, una Doña Perfecta religiosa y sentimentalmente austera, que además tenía idealizado el futuro como abogado de su niño bonito, su décimo hijo, el benjamín.

 “Sisita y Benito eran de la misma edad y estaba cantado que iban a enamorarse. También estaba cantado que la madre de Galdós viera aquello como un enorme problema”, detalla Yolanda Arencibia. Entre clases y clases de inglés que Adriana Tate le daba a aquel joven, “alto, guapo, ocurrente, inteligente”, como lo describe la biógrafa, Benito se veía con Sisita. “Una relación temprana habría supuesto un enorme trastorno para el futuro del joven”, cree la experta, máxime con la chica que para Dolores Galdós era el recuerdo vivo de los amoríos pecaminosos de su hermano.

Fuera solo por el deseo de alejarlo de la joven o no, la familia envía a Benito a Madrid para que estudie Derecho. Sobre la causa última de aquella marcha, la familia guardó una discreción férrea. Pero años después de la muerte del escritor, María Teresa León escribió las confidencias que un sobrino nieto de Galdós compartió con ella: le había dicho que Sisita se había quedado embarazada y que luego abortó. Murió a los 28 años.

En Madrid, Benito descubre una ciudad de mejor apariencia que la que él se imaginaba. Es cierto que es el escenario de la represión contra los estudiantes de los militares en la Noche de San Daniel, el de los miles de muertos por la epidemia de cólera, el de los ojerosos cesantes que perdían su puesto de trabajo en cuanto cambiaban las tornas en el Gobierno. Pero también es la urbe emprendedora que traza limpia el nuevo Barrio de Salamanca, la ciudad vivaracha llena de fiestas traídas por los inmigrantes que van engrosando el censo, algunos de ellos canarios. Galdós busca la compañía de sus paisanos en la tertulia que los reúne en el Café Universal, en Alcalá, 1. “Allí acude, aunque era tan tímido que casi nunca intervenía, con un cuaderno en el que dibuja a sus compañeros, entre ellos su íntimo Fernando León y Castillo, el gran político canario de la época”, ilustra el profesor y crítico literario Germán Gullón, autor de la biografía Galdós. Maestro de las letras modernas (Valnera, 2020).

Sala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared.ampliar fotoSala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared. CASA-NATAL BENITO PÉREZ GALDÓS

Aquel tímido “llanero solitario”, como lo llama Gullón, no olvidó nunca su tierra canaria. Si no la mencionó apenas en sus escritos, sí que le dedicó dibujos y cuadros que muestran La Orotava o el Teide. Vuelve a Gran Canaria algunos de los primeros veranos tras su marcha a Madrid, y luego no lo hará hasta 1894, cuando ya tiene 52 años, para arreglar una cuestión de herencias. En ese último viaje se hace una foto vestido de paisano en la finca familiar de Los Lirios.

A su marcha, ya nunca volverá a pisar las islas. “Los viajes en barco fueron brutales, los pasaba muy mal, vomitando”, apunta el biógrafo, que señala otra causa de peso: “Escribía en los periódicos, no podía alejarse mucho tiempo de Madrid, tenía que estar a lo que estaba”, abunda. Yolanda Arencibia especifica esta dependencia de la escritura, que equivalía a una dependencia de Madrid: “Galdós ni tenía mucho dinero ni su familia títulos, no era un catedrático, como Clarín, ni un terrateniente, como [José María de] Pereda. Era un chico que se abría camino con la pluma en la gran ciudad”.

Él no iba a Canarias, pero se llevó una buena parte de Canarias consigo. Varios familiares terminaron viviendo con él en la capital y además los que quedaron en las islas les enviaban a menudo productos típicos, bien envueltos en latas. “Era muy goloso: le encantaban los huevos mole, un postre hecho con yema, azúcar y almíbar”, describe la experta. Le gustaba mucho el gofio y hasta pidió que le enviaran semillas de papa canaria y de tabaco para plantarlas en su casa de Santander.

Tampoco perdió del todo su acento, aunque no queden testimonios grabados para recordarlo. Los correctores le enmendaron, por ignorancia y una visión excesivamente unitaria del español, un uso lingüístico suyo que era más correcto que el del de Madrid: él no era leísta, pero su ciudad de acogida sí. "Le corregían el ustedes usado en la segunda persona del plural", mayoritario entre los hablantes de castellano, añade como ejemplo Yolanda Arencibia. "Y él tenía que amoldarse".

También le desmocharon su rico vocabulario canario, con sus sorimba (“miedo o vergüenza”), desguangilado (“desgarbado”), gaveta (“cajón”), refistoleador (“criticón”), ferruge (“óxido”, “orín), fechadura (“cerradura”), guachafisco o cochafisco (“maíz tostado”), abanador (“soplillo”)... Queda en sus escritos una expresión, aparentemente anodina, que en cambio a su biógrafa le resulta reveladora de la canariedad: los “bueno…” para matizar aseveraciones demasiado contundentes, sin echarlas del todo por tierra. “Los usa con mucha frecuencia el narrador ante un hecho histórico. Es una manera de poner en duda, un tal vez, un quizá, pero siempre sin discutir. Es algo muy galdosiano y a la vez muy propio del carácter isleño”, detalla Yolanda Arencibia.

Y, aunque nunca fue un político profesional, ya mayor llegó a diputado por Las Palmas. Para entonces se ha convertido en una figura omnipresente en la vida cultural española, el más famoso de los escritores. “Era muy popular, un gran apoyo para Juan León y Castillo, pero con una presencia más simbólica que política”, indica Gullón. Arencibia señala que uno de sus empeños era dotar a su ciudad natal de un instituto de secundaria él había tenido que irse a Tenerife para revalidar su bachillerato, pero eso solo se logró años después de su muerte.

Madrid le ofrecía algo que Las Palmas no podía, cree Gullón: la amplitud de escenario para desarrollar sus novelas. Como Londres a Dickens, como París a Balzac. Eso sí, que nadie osara dudar de su origen. "¿Que de dónde soy?... ¡Pero hombre!..., si eso lo sabe todo el mundo. ¡De Las Palmas!", exclama en una entrevista en 1914, seis años antes de morir.

Una exposición sobre su vida, La verdad humana, devuelve estos meses a Galdós a su ciudad natal, tras exhibirse en la Biblioteca Nacional en Madrid. Cuando se cumplen 100 años de su muerte, manuscritos, fotos y recuerdos de don Benito como lo llaman los visitantes palmenses que asisten a la visita guiada, manteniendo así un uso de respeto que se ha ido perdiendo en otras partes de España— se suman a los muchos que atesora la casa-natal, donde se exponen. Unas palabras suyas han quedado incrustadas en metal en el suelo a pocos metros, sobre la misma calle Cano. Son una cita de la muy madrileña Fortunata y Jacinta, pero en lugar donde nació no suenan desubicadas: "Por doquiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela". 

Tomado de El País. 

Mírate , hombre...

Mírate , hombre...

Mírate, hombre

Mírate despacio y mira a tu alrededor

Eres mirada,

La poesía es mirada

La filosofía es mirada

Vivir es mirar

Y dijo Dios:

__ “Fabriquemos al hombre nuevo”

y fue menester más barro,

el barro de la tierra,

amasado con barro, con barro y cenizas de hombre

de todos los hombres que cayeron al borde del sendero

de los que quemó el fuego

de los que arrastró el agua

de los que azotó el viento y cayeron después como árboles,

como arena,

como gotas de lluvia

como cenizas

como semillas

brotaron luego

y se encontraron sin raíz ni patria,

sin costa, ni playa de arribada

sin puerto.

 

Mariano Ibeas

CELIA CARRASCO GIL

CELIA CARRASCO GIL

PAISAJES TEMPORALES

A veces me gustaría saber
cómo sonreía aquella niña
cuando su padre la montaba en un caballo
salvaje
en el campo,
cuando el cierzo vaiveneaba sus trenzas
en un ascenso de adrenalina,
cuando él nunca la soltaba
y ambos estaban juntos.
A veces me gustaría volver a escuchar
la voz entrecortada de aquella niña
cuando sentía ese cosquilleo en el ombligo
al bañarse desnuda en la laguna.
Me gustaría recordar el tono de sus ojos color
lluvia
cuando lanzaba piedras al agua
y contemplaba sus ondas perderse
en cualquier intento de
l e j a n í a.

De aproximación al futuro.
A veces me gustaría
poder volver a ser aquella sonrisa oblicua
que no tenía que mover el cursor del ratón
para dibujar una mirada frente a la suya;
que todavía podía romper la distancia hasta
tu rostro
con la dilatada fuerza de sus pupilas.
A veces me gustaría despertarme por la noche,
removerme entre las sábanas,
y acabar con tantos vibratos de la flauta,
y desgarrar con mi silencio los caminos
trazados,
y acariciar palabras selladas en tu mirada
desnuda,
sin ceros ni unos de por medio.

AYER, EL NEOLÍTICO. 1

AYER, EL NEOLÍTICO. 1

Los trilleros de Cantalejo

 

            Era en la primavera cuando solían llegar por allí en previsión seguramente de las necesidades de lacosecha en el verano: la preparación de los trillos, las herramientas de la siega, los cedazos… Venían en una vieja tartana, donde guardaban materiales y herramientas y cualquier lugar era bueno para montar el taller.

Los trilleros venían de Cantalejo, Segovia, tierra de pinares; la madera era de allí, las sierras, de las viejas  retiradas de los aserraderos, de viejos trillos o vete a saber; las piedras de chispa, pedernal de no se sabe dónde n unos saquetes de arpillera y uno o dos trillos nuevos y relucientes.

Los trillos que había que colocar se situaban boca abajo, en un carasol, debían estar bien secos, después se rociaban con agua para ajustar mejor las piedras.

El proceso era simple, substituir alguna tabla, reforzar con hoja de lata los cabeceros, realizar agujeros con el escoplo, quitar las piedras rotas, substituirlas por otras nuevas. El trillero utilizaba piedras sin aguzar, en el momento de hincarlas en el tablero, un golpe seco del martillo hacía saltar en bisel la piedra y ya estaba el filo. Lo hacía de forma metódica y a ritmo: una piedra de sílex, un golpe seco, un buen filo y a por la siguiente.

Nosotros seguíamos el proceso con atención maravillados por el arte de los artesanos ambulantes.

Los cedazos eran otra cosa; decían que los construían con piel de perro; los cercos ya venían montados de origen con distintos tamaños; la piel tendida debía ser agujereada en espirales con un abocardador manual siguiendo una línea en espiral: golpe, agujero, golpe agujero… así hasta el final.

Un buen cedazo valía una fortuna y había que cuidarlo, un trillo no digamos… los beneficios del verano, pero ambos estaban hechos para durar…

 Mariano Ibeas

Dicen que las pastoras...

Dicen que las pastoras...

Esta noche ha llovido, mañana hay barro, 
esta noche ha llovido, mañana hay barro, 
pobre del carretero 
que va en el carro.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

Dicen que las pastoras huelen a sebo,
Dicen que las pastoras huelen a sebo,
pastorcita es la mía 
y huele a romero.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

Dicen que las pastoras huelen a lana,
Dicen que las pastoras huelen a lana,
pastorcita es mi niña
y huele a retama.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

 (Del cancionero tradicional)

CASTILLA

El poema de hoy : "Castilla"(R.PÉREZ DE AYALA)


Castilla

Cruzan por tierra de Campos, desde Zamora a Palencia
-que llaman tierra de Campos los que son campos de tierra-.
Hacen siete la familia: buhonero, buhonera,
los tres hijos y dos burras, flacas las dos y una ciega.
En un carricoche lento, bajo la toldilla, llevan
unas pocas baratijas y unas pocas herramientas
con que componer paraguas y lañar vajilla en piezas;
tres colchoncillos de estopa, tres cabezales de hierba
y tres frazadas de borra: toda su casa y hacienda.
Cae la tarde. La familia marcha por la carretera.
Dan rostro a un pueblo de adobes que sobre un teso se otea.
Dos hijos, zagales ambos, van juntos, de delantera.
Uno, bermejo, en la mano sostiene una urraca muerta.
El padre rige del diestro las borricas, a la recua.
Viste blusa azul y larga que hasta el tobillo le llega,
la tralla de cuero al hombro, derribada la cabeza.
A la zaga del carrillo, despeinada, alharaquienta,
ronca de tanto alarido, las manos al cielo abiertas,
los pies desnudos a rastras, camina la buhonera.
Pasa la familia ahora junto al solar de las eras.
Éste trilla, aquél aparva, tal limpia y estotro ahecha.
Un gañán, riendo, grita: “¿Hubo somanta, parienta?”.
La familia sube al pueblo y acampa junto a la iglesia.
¿Qué ocurre, buena señora? ¿Por qué así gime y reniega?
“Mi fija que se me muere, mi fija la más pequeña.”
“¿Dónde está, que no la vemos?” “Dentro del carrico pena.
Anda más muerta que viva.” Nunca tal cosa dijera.
Van las mujeres de huída clamando: “¡Malhaya sea!
La peste nos traen al pueblo. Échalos, alcalde, fuera.
Suban armados los mozos. Llamen al médico apriesa”.
El médico ya ha llegado. Mirando está ya a la enferma:
una niña de ocho meses que es sólo hueso y pelleja.
“Vecinas, ha dicho el médico, no hay peste, esto es, epidemia.
La niña se ha muerto de hambre. Y al que se mueren lo entierran.”
“Lleva la bisutería; alma, vida, princesa.
Lleva la bisutería contigo bajo la tierra.
Pendientes de esmeralda en las orejas.
Al cuello, el collar de turquesas.
En el pelo dorado, las doradas peinas.
Llévalo todo, todo. Nada, nada nos queda.”
Campanas tocan a gloria. Marchan por la carretera,
cruzando tierra de Campos, desde Zamora a Palencia.
R. Pérez de Ayala (1881 – 1962)

OTRO CUENTO CHINO

OTRO CUENTO CHINO

OTRO CUENTO CHINO

La tetera del abuelo Li 

               El abuelo Li se ha hecho famoso en el Hutong, casi el último superviviente de una forma de vivir, del estilo de vida alrededor de una taza de té.

               Bajo la sombra escuálida de un arbolillo que resiste todavía, se sienta en una vieja silla de bambú, pulida y desgastada con el uso, una mesa precaria y su tetera, e invita a todos los que se quieren acercar  para un rato de conversación pausada.

               Así, un día y otro, año tras año.

               El té resulta delicioso; lo dicen todos los que lo han probado. Muchos quieren saber en qué consiste su secreto.

               Hablan del agua, agua especial, dicen.

               El abuelo Li lo niega; agua del pozo cavado en el subsuelo de limo como siempre.

               Hablan del té, té especial dicen. Lo consigue en el mercado, un té que viene de Yunan en unas tortas prensadas y duras como el granito, como una muela de molino manual.

               Hablan del té de rosas, envuelto en delicadas bolsitas de seda, en cajas de madera de bambú, en sofisticados envases de jade. Pero el abuelo Li no es rico, ni mucho menos.

               Nada de eso, dice el abuelo Li, es un té de siempre, un té normal.

               Y ¿dónde está el secreto, entonces?

               El abuelo Li no suelta prenda y la fama del té del abuelo Li crece y crece cada día.

               Dicen que unos señores quieren comprarle su secreto, que tienen mucho dinero y un proyecto de convertir el té del abuelo Li en una cadena de establecimientos, en una red de teterías por toda la China. Dicen que incluso están dispuestos a comprar todo el espacio del hutong y transformarlo en un gran centro comercial.

               Dicen…  pero el abuelo Li no suelta prenda.

               Unos meses más tarde el abuelo Li se queda viudo. Ya no sale al patio a tomar el té.

               Se acabó. Tiene que sobrevivir como sea, vendiendo sus escasas pertenecías.

               Piensa en vender incluso la tetera.

Un día se decide, y comienza a limpiarla de manera sistemática. Rasca y rasca el fondo de los restos de té que quedaron tras años y años de uso continuado y la tetera queda reluciente.

               El té ya no es lo mismo. Y la tetera tampoco.

               Fin.                       Mariano Ibeas

HABLO CON LOS MUERTOS... III

HABLO CON LOS MUERTOS... III

                              III

Los que ya no existen,

Ni existieron quizás,

Mis hermanos por ejemplo,

Que no nacieron siquiera

Frutos del amor primero

De mis padres,

Que no visitaron la vida,

Que no vivieron la luz,

Que pasaron de las sombras

Del útero materno

A las sombras de la muerte

¿qué fue de ellos?

No se rescataron ni sus

Nombres

Fueron no nombrados,

Olvidados antes de que

se solidificasen los recuerdos…

ni siquiera una tumba,

nada,

desechos de hospital

carne frustrada

fruto muerto

y nada más

sólo por no ser y no existir

sólo por eso.

               11 /06/ 2020

Mariano Ibeas

HABLO CON LOS MUERTOS... II

HABLO CON LOS MUERTOS... II

                              II

Y como triste remedo de Orfeo

Yo voy a rescatarlos

del olvido

del más allá del tiempo ido

y no sé si querrán despertar,

volver

de nuevo a lo vivido

a una existencia

tal vez vulgar

aburrida o miserable

que no querrán recuperar…

Y por ello, mis muertos

No quieran quizás

Venir a visitarme

ni tomar carne mortal

y no frecuentan mis noches

y mi sueños.

Soy yo que les provoco

__ ellos estaban en paz__

Que les convoco

A respirar

Al aliento de la vida

__ si no hay vida__

Al soplo de existir

__ si ya no existen__

Si ya no soy yo

Ni son ellos tampoco

Para qué vivir

Si la vida no es vivida,

Compartida,

Para qué existir

Si ya no existe débil

La memoria convivida

Ni el más mínimo recuerdo.

Quizás vivir

Era eso: recordar

Y el más leve recuerdo

Les permita

Vivir

Todavía un momento

Todavía en mi recuerdo.

 

               10 /06 / 2020-06-10

Mariano Ibeas

HABLO CON LOS MUERTOS...

HABLO CON LOS MUERTOS...

Hablo con los muertos

                              I

Hablo con los muertos,

Mis muertos

Que ya no tiene voz

Ni voz ni aliento

Pero ahí están

Presentes

En mis sueños

__ Presentes sucesiones de difuntos

Que diría Don Francisco

De Quevedo__

Presentes en mis noches

En mi encierro:

Son ecos,

Sombras,

Vacío en el vacío,

Silencios

Perdidos en el tiempo

Sin voz

Sin tiempo

               09/06/ 2020

MARIANO IBEAS

HUIS CLOS VIII (Y FINAL)

HUIS CLOS VIII (Y FINAL)

VIII

                              ESPADAÑA

 

Junto al río aneas y espadañas

Y un ventear triste

De jilgueros y zorzales

Y el sonido de la alta tarabilla

Con ritmo cansino y constante

Trapiche que muele

Y muele el canto cereal

De los tiempos del hambre

De las encías rotas y sangrantes

Del agua hosca y agitada

Sobre el rodete de los sueños

Sangre y harina

Sudor y sacrificio

De la piedra y del agua

Camposanto

Huerto del francés

Molino indiano

Del sudor y del duelo y del quebranto

No has de olvidar el surco de tus sueños

Ni el amor regado en el sembrío

Es tu vida que ya no es

Eres tú

Que te moriste

Y no volverás

De nuevo al nido.

 

15/05/2020

MARIANO IBEAS 

HUIS CLOS VII

HUIS CLOS  VII

VII

                              MAJUELO

 

La tierra que te espera está ya presta:

Cigarral, majuelo, lote

Tu suerte echada

Hundida la semilla en el surco

Sólo queda esperar la primavera

Puede ser propicia

O sucumbir bajo la mordedura

de la escarcha o de los hielos

débil puede surgir

un atisbo de esperanza

a la luz del secarral

de las calizas implacables

de la piedra que vino de lo alto

de las langostas

y no podrás esperar el corte

traicionero de las hoces,

y oirás decir

con resignación:

la suerte está echada

De nada valdrán los llantos y oraciones,

Las ofrendas

Los dioses están sordos

Y no entienden tus plegarias

Son de barro, madera,

Materia como tú

Y nada pueden hacer contra el polvo

el silencio de la nada.

HUIS CLOS VI

HUIS CLOS  VI

VI

                              ALACENA

 

Arca, cofre, alacena

Lote, suerte, lugar de donde crece el azar

Golpe de dados, cubilete,

Todo al negro donde se juega

Nunca la vida y la muerte estuvieron tan cerca

Pasa y pesa

Pasa la laguna y el dios que pesa en la balanza

Tu corazón, no encontrará

Ni un ardite  para equilibrar la balanza

Es tu medida:

Abre la boca y muestra la moneda:

Nada, ni el más mínimo crédito para el más allá

Negro impar y pasa…

Consulta los hados, la suerte, la ruleta que gira:

Todo al negro

Y a la triste oscuridad

Y se alimenta el silencio

 

13/04/2020

Mariano Ibeas

HUIS CLOS... V

HUIS CLOS... V

 

                              V

                              CENOTAFIO

 

Cenotafio                         

Vacía, tumba vacía

Monumento funerario de la nada

Hueco donde rompe seco el vacío

De los huesos,

La médula, el tuétano, 

el fangal de los silencios

la rabia sorda,

el crepitar, el murmurio débil

y el temblor de la piel,

los gusanos del deseo

el golpe sobre el cuero denso y sonoro

ronca la voz,

rota la garganta

tensas las cuerdas

mudo el grito

asaltas sin descanso

la ruda escalada que te lleva

al templo de los dioses

y caes sin remedio

remedo de Sísifo

y su piedra.

 

               12/04/2020

Mariano Ibeas

HUIS CLOS IV

HUIS CLOS IV

               IV

                              SEMILLA

 

Vuelta a la semilla

Al útero materno

Debes volver;

Es tu guarida y tu refugio

Tu cueva original, tu santuario

Allí puedes acogerte seguro y a sagrado

Nada te turbará,

ni el día se hará más largo

ni alimentará las sombras de la noche,

al planear de los murciélagos

Antes de que existiese el ser

Y el tiempo

Antes de que tu leve paso

Contase sobre las arrugas de la tierra

Ya tenías trazado el surco y el sendero

Vuelve a ti

Y a tu momento ido

A la eterna geografía del instante

A la nube y el agua de tormenta

A la lluvia y a la piedra,

Al llanto del rastrojo

Al fruto de la espiga

Cella y encella resuelto el misterio

Del templo

Sanctasantórum

Ara y altar, alzado del suelo, alterado

Alto lizo

túmulo

Betilo

Piedra sacrificial

11/04/2020

Mariano Ibeas

 

El grabado es de David Girao