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DESDELDESVAN

RADIO GARDEN

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IDA VITALE

IDA VITALE

MISTERIOS

Alguien abre una puerta
y recibe el amor
en carne viva.
Alguien dormido a ciegas,
a sordas, a sabiendas,
encuentra entre su sueño,
centelleante,
un signo rastreado en vano
en la vigilia.
Entre desconocidas calles iba,
bajo cielos de luz inesperada.
Miró, vio el mar
y tuvo a quién mostrarlo.
Esperábamos algo:
y bajó la alegría,
como una escala prevenida.

MARIANO ESQUILLOR

MARIANO ESQUILLOR

CONCILIACIÓN

No te alejes de esta fiesta que nos llama desde tan
cercanas luces.
Guardemos en los vientos de la paz
y hundamos en el pozo de las dudas
aquella bandera ondeando en una explosión de salvas de [asfixia
y hagamos saltar la cerradura del presente
que oprime el alma de nuestro fondo elevado y estremecido.
Alcemos de nuevo las manos ante el grito de tan espontánea
y resplandeciente vida abierta que aún nos llama con sus [noches
y días jóvenes
y no viviremos más en la idea y la desesperación
del que busca la luz después de haber muerto en las sombras
de una caverna hundida por los golpes del silencio
el espanto y la espera.

(La fotografía es de octubre de 2012, año y medio antes de la muerte de Mariano. Está tomada a la orilla del Ebro, en su margen derecha. muy cerca del puente de la Alamozara y durante una sesión de grabación que David Francisco llevó a cabo para su documentoteca sobre escritores y artistas).

Mariano sostiene en sus manos "Arco lírico", un conjunto antológico que le preparó Olifante de su profusa obra.

CARILDA OLIVER LABRA

CARILDA OLIVER LABRA

Me desordeno, amor, me desordeno

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.


De: Memoria de la fiebre

 

Carilda  Oliver Labra


ROQUE DALTON

ROQUE DALTON

HORA DE LA CENIZA

Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo;
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento deseos de reír
o de matarme.

Roque Dalton

LEOPOLDO MARÍA PANERO

LEOPOLDO MARÍA PANERO

LEOPOLDO MARÍA PANERO

A mi madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

"Poemas del manicomio de Mondragón" 1987

CLAUDIO RODRÍGUEZ

CLAUDIO RODRÍGUEZ

CLAUDIO RODRÍGUEZ

Con media azumbre de vino

Nunca serenos! ¡ Siempre 
con vino encima! ¿Quién va a aguarlo ahora 
que estamos en el pueblo y lo bebemos 
en paz? Y, sin especies, 
no en el sabor la fuerza, media azumbre 
de vino peleón, doncel o albillo, 
tinto de Toro. Cuánto necesita 
mi juventud; mi corazón, qué poco. 
Meted hoy en los ojos el aliento 
del mundo, el resplandor del día! Cuándo 
por una sola vez y aquí, enfilando 
cielo y tierra, estaremos ciegos. Tardes, 
mañanas, noches, todo, árboles, senderos, 
cegadme! El sol no importa, las lejanas 
estrellas...¡Quiero ver, oh, quiero veros! 
Y corre el vino y cuánta, 
entre pecho y espalda cuánta madre 
de amistad fiel nos riega y nos desbroza. 
Voy recordando aquellos días. ¡Todos, 
pisad todos la sola uva del mundo: 
el corazón del hombre! ¡Con su sangre 
marcad las puertas! Ved; ya los sentidos 
son una luz hacia lo verdadero. 
Tan de repente ha sido. 
Cuánta esperanza, cuánta cuba hermosa 
sin fondo, con olor a tierra, a humo. 
Hoy he querido celebrar aquello 
mientras las nubes van hacia la puesta. 
Y antes de que las lluvias del otoño 
caigan, oíd: vendimiad todo lo vuestro, 
contad conmigo. Ebrios de sequía, 
sea la claridad zaguán del alma. 
¿Dónde quedaron mis borracherías? 
Ante esta media azumbre, gracias, gracias 
una vez más y adiós, adiós por siempre. 
No volverá el amigo fiel de entonces.


CARMEN JODRÁ

CARMEN JODRÁ

Nadie, salvo los indeseables, debería morir tan joven.

La poeta Carmen Jodrá ha fallecido antes de cumplir los 40. DEP.

Páthei máthos

Con errores y piedras
levanté una muralla
y ahora es más difícil que golpeen
las puertas de mi casa.
Si faltan mis amigos
sobrevivo sin ellos
y gracias a los dioses bondadosos
mis enemigos se han marchado lejos.
En un cofre de plomo
guardo hebras doradas
que nadie va a quitarme si no quiero.
Yo mando en lo que encierra la muralla.
A pesar de las ruinas
de las leyes sagradas, y del odio,
que ensucian los rincones.
Así el dolor lo justifica todo.


JOSÉ HIERRO

JOSÉ HIERRO

JOSÉ HIERRO

PARA UN ESTETA

Tú que hueles la flor de la bella palabra 
acaso no comprendas las mías sin aroma. 
Tú que buscas el agua que corre transparente 
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso 
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda 
ni cómo vida y muerte agua y fuego hermanadas 
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone 
para la perfección de la muerte remota. 
Y lo demás, palabras, palabras y palabras, 
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata 
no sabes el camino de la fuente que brota 
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura 
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo. 
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras. 
Y olvidas las raíces («Mi Obra», dices), olvidas 
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden 
en el maravilloso desorden de las cosas. 
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas 
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo. 
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan. 
Y hechos un solo río os vertéis en el mar, 
«que es el morir», dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido 
a hacer moler la muela con tu agua transitoria. 
Tu fin no está en ti mismo («Mi Obra», dices), olvidas 
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día 
por la música de otras olas.

FÉLIX GRANDE

FÉLIX GRANDE

FÉLIX GRANDE

Cobrizo espiritual (Homenaje a Manolo Caracol)

Es la calamidad lo que este hombre examina;
es el desastre subrepticio, la astucia del dolor
lo que desenmascara sobre su corazón espeso
este gitano de enebro con sangrías de lamento y saber.

Su voz, esa pirámide de entrañas y fragmentos cortantes,
ese rumor de petróleo subterráneo y desesperados lobeznos,
su voz mitad oráculo, mitad desconcierto de huérfano,
su voz de candeal abrasado por cuya ladera pululan
cristales minerales y prehistóricas advertencias,
su voz de tabaco ordeñado con avidez,
resquebrajada, precariamente unida con sogas de esparto,
su voz maravillosa, amenazada de inutilidad,
su voz sin educación, veteada de caídas, su voz impresionante.
Ah, sí, con esa voz informa sobre la hostil desgracia
que brotó en las cavernas: ¿no oís el horror
de los hombres desnudos bramando sobre el mundo vacío?
¿escucháis las parejas salvajes que ante la miseria y la muerte
copulaban buscando, aterradas, el rostro de siglos venideros?
En la voz de este hombre de nuestros días hierve
la sorda herencia de fatiga y furia, desolación y voluntad,
injusticia y quejido y hombría que, como un megaterio,
avanza de una edad en otra, avanza.

Pues ¿qué es el cante? ¿qué es una siguiriya?
¿no es algo roto cuyos pedazos aúllan
y riegan de sangre oscura el tabique de la reunión?
¿no es la electricidad del amor y del miedo?
¿no es la brasa que anda por entre el vello de los brazos
sobresaltando a la miseria y al ultraje que nos desgastan?
¿no es el cante una borrachera de impotencia y coraje,
una paz sísmica, un alimento horrible?

Y este hombre de la áspera garganta,
genialmente amarrado a la tenacidad y sus siglos,
escucha con bravura un instante la guitarra fantástica,
la guitarra feroz que chorrea pesadumbre y presidio,
que segrega lujuria de vivir, y él la escucha
y abre luego la boca para arrancarse de ella
pozos de amores horrorosos, madres muertas, infamias,
sexos, cadáveres, borbotones de comprensión y desafío,
y nos entrega en un cante un fardo de atonal destino
y una pena sin fin transitada por harapos y puños
y escarmientos y ojos, muchos ojos abiertos, ojos, ojos,
hasta infectarlo todo del fuerte olor del corazón que mira.

VICTORIANO CRÉMER

VICTORIANO CRÉMER

Hoy se cumplen 10 años de la muerte, en León, del poeta burgalés Victoriano Crémer.


Victoriano Crémer

EL AMOR Y LA SANGRE

.
El amor sube por la sangre. Quema
la ortiga del recuerdo y reconquista
el ancho campo abierto, la ceniza
fundadora, que la brasa sostiene.
El amor es herencia de la sangre,
como el odio, su amante, y se mantienen
íntimos, besándose, nutriéndose
de sus dobles sustancias transmitidas.
Nada podrá arrancarles de su abrazo:
La espada, el hielo, el tiempo, con sus filos
mezclarán sangres, que, lluviosamente,
germinarán odios, amor o nuevas sangres.
¿Cómo decir:
-"Aquéllos, que nunca conocieron
la sangre derramada, que separen
el odio del amor y reconstruyan
las viejas catedrales de la dicha…".
¿"Aquéllos"?, ¿son acaso otros que los murientes
trasvasados, hechos de sangre antigua?
No es posible lavarse el alma ni las manos
cuando fluye hacia ellas sangre y olor a sangre.
Si ha de hacerse el amor, será con sangre
trepadora, quemante, conocida,
pura sangre del odio, amante impávido
que el amor fecundiza.
Si ha de hacerse la paz…
-¡Callad, campanas!,
¡Ved la tierra, la tierra, que resume
su tempero sangriento y le convierte
en paz, en paz, a puñetazos puros…!

ANTONIO CABRERA

ANTONIO CABRERA

Hoy se nos ha ido el poeta gaditano Antonio Cabrera.


Antonio Cabrera
In memoriam...

LA ESTACIÓN PERPETUA
El invierno se fue. ¿Qué habré perdido? 
¿Qué desapareció, con él, de mi conciencia?

(Esta preocupación -seguramente absurda- 
por conocer aquello que nos huye, 
me obliga a convertir el aire frío 
en pensado cristal sobre mi piel pensada, 
y a convertir la gloria entristecida 
de los húmedos días invernales 
en la imposible luz que su concepto irradia; 
esta preocupación, en fin, tiene la culpa 
-y qué confuso y dulce me parece- 
de que duerman en mí los árboles dormidos).

El invierno se fue, pero nada se lleva. 
Me queda siempre la estación perpetua: 
mi mente repetida y sola.

FERNANDO AÍSA (IN MEMORIAM)

FERNANDO AÍSA (IN MEMORIAM)

’CUANDO LA OIGO HABLAR…’ DE FERNANDO AÍNSA

[A Mónica]

Cuando la oigo hablar con los perros me conforto: 
Sé que sigue ahí
-en la cocina, el porche o el jardín,
no importa dónde-
su presencia me asegura de muchas cosas,
Imponderables que mantienen la tela de araña donde me balanceo
sobre el vacío que me rodea.
Una tela que tejió con sutil sabiduría
en treinta y cuatro años de vida compartida.

Los llama,
dialoga con ellos,
porque de sus miradas obtiene la respuesta que yo,
avaro, por no decir egoísta,
eludo darle, cuando debería susurrarle:
“Todavía te quiero”.

DE SOL, DE LUZ, DE MAR…

DE SOL, DE LUZ, DE MAR…

DE SOL, DE LUZ, DE MAR… (2) Mariano IBEAS

Foto 1

               En el principio fueron los Atlantes

               los que levantaron los cimientos de la tierra

               y  Vulcano encendió  los fuegos de su fragua

               en la oscuridad de la caverna…

Foto 2

               Luego, Neptuno, con envidia, agitó las aguas

               y  convocó a los vientos en una lucha eterna

               contra las rocas,  que disolvieron las piedras

               extendiendo las arenas al cuenco de la playa…

 Foto 3

               Brilló el sol y secó las aguas

               y  quebrantó las peñas

               y ahogó la vida apenas renacida

               como una mala sombra negra…

 Foto 4

               Y de nuevo la batalla sorda

               entre el mar y la tierra,

               el agua y el sol, la muerte y la vida,

               la luz y las tinieblas…

 Foto 5

               Hubo una tregua y un tiempo de paz:

               las nubes llevaron sus hilos de algodón

               a las hojas del árbol de Garoé

               que las devolvieron en lágrimas de lluvia

               sobre la tierra sedienta…

Foto 6

               La lluvia penetró despacio

               en la oscuridad de la cueva

               y se derramó fecunda en las entrañas

               como un milagro de la vida.

 Foto 7

               Volvió a surgir, en manantial sereno

               en Agua Santa que cura, sacia, vivifica,

               que alimenta los estanques

               y se extiende en las arenas.

 Foto 8

               El sol y el aire hacen su trabajo,

               devuelven al aire el latido de la tierra

               y arrojan su carga de cristales

               de nieve inmaculada…

Foto 9

               Solo al atardecer, despacio,

               se va ocultando el sol

               rozando con sus dedos de rosa

               la superficie de las aguas...

 

Foto 10

               Y queda  para siempre

               un regalo de los dioses:

               la sal de Teneguíaa…

               Yo me quedo contemplando...

                                            ***

               Y desde entonces

               no cesan en su empeño

               de acompasar sus pasos

               mi corazón y el mar…

                                            ***

Texto para una presentación de fotografías de las salinas de La Palma.

GIL DE BIEDMA

GIL DE BIEDMA

De todas las historias de la Historia


Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia. 

Jaime Gil de Biedma

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

  Y SE QUEDARÁN LOS PÁJAROS CANTANDO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las esquilas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las barcas del baño,
en el rincón oculto de mi huerto encalado,
entre la flor, mi espíritu errará callando.

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

autógrafo

Juan Ramón Jiménez

 

 

 

FRANCISCA AGUIRRE: DESPEDIDA

FRANCISCA AGUIRRE: DESPEDIDA

POEMA DEL DÍA
Francisca Aguirre
(In memoriam)

DESPEDIDA
Decir adiós quiere decir tan poco.
Adiós dijimos a la infancia
y vino detrás nuestro como un perro
rastreando nuestros pasos.
Decir adiós: cerrar esa obstinada puerta que se niega,
la persistente cicatriz que destila memoria.
Decir adiós: decir que no; ¿quién lo consigue?
¿quién encontró la mágica llave?
¿quién el punto que nos desliza hasta el olvido,
la mano que extirpará raíces
sin quedarse para siempre cerrada sobre ellas?
Decir adiós: volver la espalda; pero
¿quién sabe dónde está la espalda?
¿quién conoce el camino que no muere en el pisado atajo?
Decir adiós: gritar porque se está diciendo
y llorar porque no se dice nada;
porque decir adiós nunca es bastante,
porque tal vez decir adiós completamente
sea encontrar el recodo donde volver la espalda,
donde hundirse en el no definitivo
mientras escapa lentamente la vida.

PILAR MARTÍNEZ BARCA

PILAR MARTÍNEZ BARCA

FLOR DE AGUA

El sueño se pegaba a nuestros párpados,

en tanto que en las lomas clareaba 
una primera luz.
Debíamos ungirte con hierbas aromáticas
y el agua que manara en nuestro espíritu.
En sábado jamás se permitiera
atar dos cabos sueltos o encender las antorchas.
Llegadas al silencio, presentimos 
descorrida la piedra.
Nadie había en la sombra que dejara
tu ausencia inesperada, tu prematura muerte.
¿Quién perturbó de pronto la quietud?
«Aquél por el que un día os fueran dadas
lágrimas o alabanza, ternura o desazón,
no yace ya en lo oscuro.»
La voz iluminara nuestro centro,
al tiempo que el rocío se abría en las corolas.
Tan sólo tus amigos,
y aquella que por siempre hiciera germinar
tu vida en la esperanza,
tornaron más veraces nuestros sueños.
Brotaba ya la vid en la campiña.

(Pilar Martínez Barca, "Flor de agua", Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1994).

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vino, primero pura,

vestida de inocencia;

y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo

de no sé qué ropajes;

y la fui odiando sin saberlo.

Llegó a ser una reina

fastuosa de tesoros…

¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!

Mas se fue desnudando

y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica

de su inocencia antigua.

Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica

y apareció desnuda toda.

¡Oh pasión de mi vida, poesía

desnuda, mía para siempre!

Vladimír Holan

 

Vladimír Holan

Cuando llueve en domingo y tú estás solo, 
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe 
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe 
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...