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DESDELDESVAN

EL CUCLILLO

ANIMULA VAGULA BLANDULA...

ANIMULA VAGULA BLANDULA...

"Animula vagula blandula,

Hospes comesque corporis,

Qui nunc abibis in loca

Pallidula rigida nudula

Nec ut soles dabis locus"

Atribuida al emperador Adriano en su lecho de muerte:

"Alma pequeña, blanda, evanescente

de mi cuerpo moradora y compañera

¿ a qué mansión tenderás el vuelo ahora

tan pálida y tan fría con desnudez entera?

El tiempo huyó de la vida placentera."

Citado por Ramón Buenaventura, "El último negro", Ed. Alianza  literaria, pag. 102

 

ISIDORO DE SEVILLA...

ISIDORO DE SEVILLA...

Cita de San Isidoro de Sevilla:

"En el cuerpo del hombre,

hay nueve medidas muy bien equilibradas:

cuatro principales,

tierra, agua, aire y fuego;

y cinco subsiguientes:

sal, heno, flores, piedras y nubes.

El heno está en los cabellos;

las flores en la variedad de los ojos;

la sal en la sangre, en el sudor y en las lágrimas;

las piedras en la pesadez y en la dureza;

las nubes en la inestabilidad de la mente y de los pensamientos"

 

Citado por Juan Larrea en la Introducción a "Jardín cerrado" de Emilio Prados. Ed. Cátedra.

LA LITERATURA...

LA  LITERATURA...

MANUEL RIVAS

LA LITERATURA

¿Cómo es la boca de la literatura? La boca es el lugar donde enjambran las palabras, como ocurre en la colmena, cuando se dispone a abandonarla la nueva reina. Pero la boca también se traga las palabras, las despeña hacia dentro, convertida en un abismo para quien calla. Hubo épocas oscurantistas en que se propagó la moda de buscar las bocas del infierno. Cuando el infierno vomita, esa boca volcánica es también la de la literatura, como ocurre en Ezra Pound o en Céline, capaces de transgredirse por elevación.

Muy lejos, por lo bajo, queda el también fascista Eugenio d'Ors, que, en Fastos y nefastos (1938), instaba al poeta a medir las sílabas y los versos "como un dictador ordena un sindicato". La boca de la literatura sólo puede enmudecer ante semejante régimen lírico.

Primo Levi nos habla del joven guardia de un campo de exterminio que patea a un anciano en el suelo y que a la objeción que el escritor se atreve a balbucear, "¿Por qué?", él responde: "Aquí no existen los porqués". La boca final.

Pensemos ahora en una boca que se abre, se cierra, y vuelve a abrirse. La boca del gran pez que se tragó a Jonás por un castigo divino. Podríamos interpretar que el propio Jonás es el cetáceo, que él mismo viaja hacia el abismo, a la sima de la depresión ("las aguas me estrecharon hasta el alma") y, después de tres días y tres noches, sale de ese cuerpo-sepulcro, sólo cuando vuelve a respirar por la boca de la literatura y enjambra un poema.

¿Se incrementa la necesidad de la literatura en tiempo de crisis? Pasar algo pasa. A mí me ha llegado por tres rutas, como providencial contrabando, el relato Mendel el de los libros, de Stefan Zweig. Quien no lo haya leído, que busque en Semana Santa ese Vía Crucis.

Ya verá lo que es la boca de la literatura.

http://www.elpais.com/articulo/ultima/literatura/elpepuopi/20090404elpepiult_1/Tes

CARLOS VITALE

CARLOS VITALE

CARLOS VITALE

Crítica de la razón pura

El verde es irreal si el tiempo cede

la tierra prometida en su eco inmóvil.

Sobre la degradación asuelan reinos de congoja

sobre la degradación

ríos de congoja

Gira en su eje la eterna moneda

la ansiedad es ceniza

en el aire profundo

Incierta naturaleza del infierno deseable

Lo ajeno es lo propio dado la vuelta.

 

He visto en el blog de Antón Castro __ http://antoncastro.blogia.com __, que lo toma a su vez de Heraldo de Aragón, una referencia de Carlos Vitale en su visita a Zaragoza... eso me ha recordado varias cosas:

- que no pude asistir a la presentación del libro y me hubiese gustado, ya lo siento.

- que ha sido para mí un poeta de culto y de referencia que sigo con fidelidad desde hace años.

- que le llegué a conocer  a través de la modesta colección de poesía de Plaza & Janes, dirigida por Ana María Moix.

- que de ese libro titulado " Unidad de lugar" he copiado el anterior poema.

ANA ROSSETTI III

ANA ROSSETTI  III

 

HASTA MAÑANA, ELENA III

 

            Y por qué no iba a venir para decirle que había encontrado un chollo de verdad. O que se sentía muy triste sin ella. O que bueno estaba lo bueno y que se la llevaba a Madrid a rastras. ¿Por qué siempre nos ponemos en lo peor? Y aunque fuera lo peor. Por qué no podía venir a proponerle algún negocio fantasma, o a contarle que había encontrado a otra, o a llorarle porque estaba metido hasta las cejas en algún lío. Hay un sinfín de cosas malas o buenas mucho más probables. Por qué tendría que venir con la única misión de decirle: Elena, tienes que ser valiente… hay montones de casos que se resuelven bien… ten esperanza.

 

            Joder, tío, si me dejas la moto no espero el autobús, me las piro ahora mismo. Igual me echa a patadas. Igual no me deja ni entrar. Pero tengo que decirle cuanto antes que la quiero, tío.

           

            Elena entró con la bandeja mientras el último telediario resumía las catástrofes de al jornada. La cámara barrió con soltura coches agrupados como si fuesen de papel de periódico, parpadeos lívidos de patrulleros y ambulancias, mantas grises delatoras de los cadáveres que trataban de ocultar y una moto abatida como un patético antifaz carbonizado. Una colisión múltiple, para variar.  Es que van a toda hostia. Despejó la mesita para colocar su cena. Hizo una bola con el telegrama, lo lanzó al cesto y se dispuso a disfrutar de la película y de a merluza en salsa. Pensó que iba a tener merluza para rato, porque definitivamente, Pedro no vendría. No sería tan urgente la cosa. Así que no le des más vueltas al tarro, porque no merece la pena. Todo el día esperándolo… Todo el día temiendo… come y calla, anda.

 Hasta mañana, Elena

de

Ana Rossetti

 

es el número cinco de “CUADERNOS DE ARTUSA”,

colección de poemas y cuentos editada en Zaragoza en 1990

 

ANA ROSSETTI II

ANA ROSSETTI  II

 

HASTA MAÑANA, ELENA II

 

            En otra situación Pedro se hubiera escaqueado y si el jefe se mosqueaba y le daba puerta, pues… mala suerte. Pero esto no era una ventolera suya. Ojalá lo fuera. Aparte de que últimamente tenía muy claro que debía ir de legal.  Revisó una y otra vez las sobadas páginas de la agenda y giró compulsivamente el disco del teléfono. Qué fechas más chungas. A esas horas, todo el mundo estaba en la piscina. ¿Cómo avisar de que iba a despistarse tres días, por lo menos? Seguiría intentándolo una y otra vez. Bruscamente se volvió para aplastar el cigarrillo y el cenicero se volcó en la tapicería. Qué cerdada de casa. Si Elena volviese y se encontrase sus helechos como mimbres…

 

            Elena reunió con la escoba los fragmentos del vaso. Llevaba una buena racha sin hacer destrozos; ya no estaba tan nerviosa. Los malos ratos pasados empezaban a diluirse y poco a poco, a medida que se apaciguaba, mejoraba su aspecto. Hasta el médico le comentó que la notaba más animada. Por favor, tenía que restablecerse, superar esa anemia que la estaba volviendo traslúcida como el alabastro, como una larva sorprendida en al mitad de su metamorfosis, como la tulipa que encendía  su medusa sobre la mesa del comedor. En septiembre se reanudaba el curso y no le quedaba más remedio que salir del refugio, volver y tomar una decisión. Sí, necesitaría contar con todas sus fuerzas. Empujó al interior del recogedor la plateada escarcha del duralex. En la pila del fregadero, el hielo deshacía su celofán.

 

            Lo llamaron de la clínica y él sintió una punzada tan aguda que lo insensibilizó para todo lo que no fuera ese dolor preciso y persistente. Salió de casa como un autómata. Ni se dio cuenta del trayecto hasta el hospital. Ni siquiera supo cómo llegó a la planta adecuada sin preguntas ni equivocaciones. Cuando le hicieron pasar se sentó frente a un doctor que le hablaba condolido, como excusándose por el estilete que le estaba clavando hasta la empuñadura. Pero Pedro contaba las tiritas de la persiana de arriba abajo y de abajo arriba y cuando, con un esfuerzo apartó la vista para mirar a su interlocutor sólo pudo dirigirla a una piedra roja que fulguraba en los dedos del médico. Qué horterada, pensó. Santo cielo, estaba allí mientras ese tipo le daba un golpe bajo y sólo era capaz de concentrarse en un anillo. Bajó a la calle a toda prisa, sin esperar al ascensor. Elena. Elena. No me he portado bien. Las sábanas están con dos dedos de mugre. Y eso que era nuestra tienda de campaña, nuestro tratado de paz. Pedro cruzó en rojo como una exhalación y aterrizó milagrosamente en la otra acera. Eran súper. Nos hacían ser ángeles y bestias, dulces y crueles al mismo tiempo. Tú nunca eras la chica lista ni yo el chico malo, porque ellas eran mágicas, pero ahora están de puta pena por mi culpa. No he podido salvarlas de toda esta mierda. Ahora son como serpientes enroscadas por la moqueta sucia. Y si vieras tus helechos… que están más tiesos que ni

Que fueran de escayola, Elena. Pedro entró en la oficina de telégrafos y rellenó el impreso  como el que lanza un ancla confiando encontrara donde afianzarse.

            ( Continuará... y  terminará)

Cuadernos de ARETUSA, Zaragoza 1991

ANA ROSSETTI...

ANA ROSSETTI...

 

 

Un relato de Ana Rossetti

Cuadernos de ARETUSA, ZARAGOZA 1990

 

HASTA MAÑANA, ELENA  I

 

            Una repentina ráfaga de aire deslizó con suavidad al telegrama por la mesa. Pero Elena no se inmutó. Su mirada permanecía fija en las cifras del calendario, y sólo cuando parecieron abrirse como flores de papel sumergidas en agua, parpadeó rápidamente para conjurar el llanto. No. No. No . Maldita sea, compórtate y no seas boba. De qué tienes miedo. Apenas hace tres días te jactabas de estar inmunizada por completo. Porque hacía tres días había ido a Madrid al médico y regresó muy orgullosa por haber bordeado la plaza de Olavide sin sentir la tentación de adentrarse  en el barrio, de pasar siquiera delante de la casa donde tan inútilmente se obstinó en ser feliz. De nuevo el aire hizo un par de alas con los visillos y el telegrama tembló hasta colocar ante  Elena su mensaje. Pero ella no aceptó la invitación. No era necesario leer un texto tan lacónico ”Hasta mañana, Elena”. Sí, así de sencillo: hasta mañana. Después de casi dos meses ¡qué cara dura! Hasta mañana, 12 de Agosto, sábado. Y el 15, la Paloma, fiesta. Pero ¿no estaba de camarero en una terraza? Se habrá aburrido ya, seguro, o lo habrán echado. Y ahora está sin un duro y viene a ver lo que saca. Pero, claro, por qué entonces iba a acordarse de ti. Mira, no empieces, mejor bajas al bar, lo llamas y lo mandas a hacer puñetas. Mejor metes en el bolso el cepillo de dientes, un libro de la Highsmith, un recambio de bragas y te encierras en el parador a pasar el “week-end”, hombre, y que lo reciba su abuela. Mejor te tomas un güisqui doble de momento y te calmas. Abrió nerviosamente el congelador. La bandeja estaba tan fría que se le pegó en la palma de la mano. Pedro, qué quieres ahora, déjame en paz, eres odioso, por qué me has hecho esperar tanto.

 

            Dame una tregua, había pedido ella, una tregua hasta septiembre. Se detuvo un momento en la puerta, un momento larguísimo esperando quizá que él le cerrase la retirada, que su abrazo los reconciliara hasta el asalto próximo, que la suavidad de su boca derribara todas sus defensas. Pero si ella estaba cansada de tantos malos rollos, él estaba harto de tenerla como perenne testigo de sus desastres. Con qué argumento podría retenerla si encima la envidiaba. En realidad, Pedro hubiera querido tener las agallas suficientes para abrirse y escapar de ese recinto cada vez más sofocante, cada vez más minúsculo, cada vez más agobiado de rencor. Pero fue ella quien despejó el armario y las repisas y en su aturullamiento hasta se llevó uno de sus calcetines de deporte dejándole la pareja descabalada. Dame una tregua. Pero él no se movió. Apretó los puños dentro de  los bolsillos y secretamente añadió una cruz a su lista de fracasos.

 

            El grifo del fregadero soltó su chorro blando, como un tallo, y los hielos crujieron dentro de la cuadrícula y de desgajaron con un imperceptible movimiento. Elena eligió el vaso con la boca más ancha y entró en la alacena para buscar la botella de Dewar’s. En el marco de la puerta se escalonaban muescas, nombres y cifras. Al lado de una de ellas se leía: Elena, 1982. Entonces tenía diecisiete años. Su cabeza aún coincidía con la marca. Sin duda a los diecisiete años había dejado de crecer. Por fuera, claro. Porque ese fue también el año en que dejó la casa de sus padres y se marchó a Madrid.

(Continuará)

AMENTOS V

AMENTOS V

TERESA AGUSTÍN

 

"DHUODA" (2)

 

       IV

 En la orilla hay un niño

con la cara azul

y las manos blancas.

En la orilla, detrás del mundo,

él canta una canción

de abanicos, cañones y sol.

 

__ El mar, en la orilla, se lo bebe todo__

                                      V

 La muñeca blanca de color de luna

rueda en los parajes

de las frentes claras.

Los ojos de ella, sus ojos de blanco

dicen de la niebla de  las marionetas.

 

La muñeca blanca de color de luna

(del color de luna la muñeca blanca).

                                      VI

El agua frunce el ceño

de la espera.

                     Sísifo   envejecido

Hace ir y venir el tiempo.

                                      VII

 Mientras el mar se vestía de colores

y las arenas jugaban con las olas,

llegó el pájaro rey

y dejó el color de las aguas

en la más honda profundidad.

 

Tras oscuros paisajes,

las hilanderas se pinchaban

para no dormirse y despertar.

 

Cuadernos de ARETUSA, Zaragoza, 1986

 

AMENTOS IV

AMENTOS  IV

CARMEN MAGALLÓN

"Deseo de la tierra"(2)

 

            IV

El tiempo es una flor desmesurada,

entre las grietas de los alerces

sumerge sus eternas preguntas.

Apenas un olvido para los largos sueños

o una arista inmóvil

donde el deseo se convierte en estatua.

Y esa falta de presencia que desencaja

el ánimo. ¿Distancia o devenir?

Deberíamos ignorarlo:

como  a un dios insolente.

 

 

V

 

Cuando sube la tierra hasta los ojos

ardiente y pura

todo tiene dimensiones

de naufragio.

Sólo las algas acompañan

en el descanso de la piel.

La multitud es una bebida amarga.

 

                         VI

 

Si hay una majestad es el silencio.

Su quimera no es  la de la muerte

sino la del agua

desemboca en las mareas altas,

en los mensajes opacos

hace cuajar ese sabor antiguo

de la boca que ama.

Turbulencia es su amiga,

la diosa fértil

que lo crió en los bosques.

 

                         VII

 

Nada debe agotarse

sino el viento

para latir de nuevo en la tarde

siguiente

en días de calor y frío

de muerte y vida

de abrir los ojos y cerrarlos

como un cuaderno frágil.

 

Cuadernos de ARETUSA, Zaragoza, 1988

MIRIAM REYES (PANDORAS II)

MIRIAM  REYES (PANDORAS II)

MIRIAM REYES 

(UNA DE LAS 23 PANDORAS)

La belleza es un mal. Algo que se te clava,

como un gancho de carnicero.
Por su belleza soy un costillar colgado para la venta.
Roja es mi carne cuando le miro, vean
cómo me abro de garganta a sexo.
Podría pasar horas goteando
contemplando
la forma de su espalda sobre el colchón.

PANDORAS: Almudena Vidorreta, Lucía Boscá Gomez, Sofía Castañón, Eva Villavieja Medrano, Carmen Beltrán Falces, Déborah Vukušić, Carmen Ruíz Fleta, Safrika, Sonia San Román, Carmen Camacho, Brenda Ascoz, Míriam Reyes, María Eloy García, Eva Vaz, Silvia Rodríguez, Ana Pérez Cañamares, Inma Luna, Roxana Popelka, Begoña Paz, Isabel Pérez Montalbán, Belén Reyes, Isabel Bono, Mada Alderete.

23 PANDORAS

Aunque sea agua pasada, un libro no puede pasar así como así desapercibido; por lo tanto insisto en traer aquí la noticia de la presentación en Zaragoza, que tendrá su continuidad en otras ciudades. Y les vamos a felicitar por su salida al mercado "nunca Pandora anduvo tan suelta, y les deseamos buenos vientos, que les lleven más allá en su andadura.

Para más información, visitar el blog http://23pandoras.blogspot.com

Presentación de 23 Pandoras

La Librería El Pequeño Teatro de los Libros os invita a la Lectura-presentación en Zaragoza de la Antología de Vicente Muñoz, "23 Pandoras" Editorial Baile del Sol. El jueves 19 de Marzo a las 20:00h;
Contaremos con la presencia de 4 de las 23 Autoras:
-Almudena Vidorreta
-Brenda Ascoz
-Carmen Beltrán
-Carmen Ruiz
Presenta el Acto Nacho Escuín Editor de Editorial Eclipsados.
Celebraremos con vino el final del acto junto con las Autoras para desearles SUERTE!!

CAMPO ROMANOS

CAMPO ROMANOS

CAMPO ROMANOS

ENCINAS

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis como el poeta admira y calla,

el   sabio mira y piensa...

Seguramente el carbonero busca

las moras o las setas.

Llevadlos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivido a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

llena de fantasías la cabeza.

 

Antonio Machado "Proverbios y cantares"

 

AMENTOS III

AMENTOS  III

 

"DESEO DE LA TIERRA "

CARMEN MAGALLÓN       

                    I

 Y entre pasión de nubes, prisionera,

la nieve,

las rocas negras y deshuesadas,

herederas del frío

y atalayas de luz.

Las montañas no alimentan la nostalgia,

son  nostalgia:

siglos acumulados de roces con el cielo

¿Qué soplos blancos llenarán su interior?

¿Por qué ese privilegio del beso azul perpetuo?

                        II

 Qué lejos el aura de ser héroes

en medio de las rocas.

Mas la miseria no logra paralizarnos.

Es nuestra voz desnuda de promesas,

el más genuino acento que nos mece.

Hermana, hermano,

Cómo me reconozco en tu mirada escéptica

en tu perfil de avispa chupadora de miel

en tu escondido anhelo de ser fuego.

                        III

Un geranio se desnuda

delante de mis ojos

y su pérdida roja se hace llanto

del tiempo transparente.

Nadie escribirá la historia de estos pétalos.


CARMEN MAGALLÓN

"Deseo de la tierra"

Cuadrenos de ARETUSA, Zaragoza, 1988

AMENTOS II

AMENTOS  II

 

TERESA AGUSTÍN

 

DHUODA        

    

                  I

 Pervive en ti mi escandaloso

y ahogado miedo a la muerte.

 

                      II

 

Era la mañana, la que oculta la luna,

y el viento ondeaba en una bandera

invisible

que no dejaba ver las montañas del frente.

 

La música alimentaba el recuerdo,

el más hermoso o el más terrible,

y un grito inundando la boca,

apresuró el pasado y el presente.

 

Era la mañana, al que duele a la luna,

y el silencio del mar, alborotado,

entró agonizante por la puerta.

 

Teresa Agustín "Dhuoda"

            Cuadernos de Aretusa, Zaragoza, 1986

 

JULIO ANTONIO GÓMEZ FRAILE

    LOS NEGROS

Y, de pronto, en su cielo, en su piel, en sus pájaros,
en sus labios y dientes retumbó el desconcierto.
Y apareció el fusil y el látigo y la red
y el odio que extendía su aceite hacia las costas.
(El odio fue un fragante vestido de colores
a cuyo aroma nunca pudieron resistirse).
La más desnuda noche se fue desmoronando
sobre la selva intacta que se llenó de gritos.
Porque gritaron todos: Los ecuánimes belfos,
las axilas rasgadas, los élitros potentes,
los sexos violentados, las bocas rebatidas...
De nada les sirvió.
Fueron cayendo a trozos, uno a uno.
Supieron
de la soga y del garfio, del grillo y la cadena...
Cortaron los caminos, las ráfagas hermosas
que quedaban aún vírgenes.
Con sus máscaras blancas,
con sus metales negros, como dioses podridos
Fueron contaminando los más benditos seres.
La selva se erizó en cortantes aristas
de sangre y de ponzoña.
De nada les sirvió.
De nada les sirvió, repito, porque nada
estaba preparado para un golpe tan brusco.

Las aguas se tiñeron de vísceras y asombros.
Sólo quedaba limpia la nieve en la montaña.

MARIANO ESQUILLOR

MARIANO ESQUILLOR

A LA CAÍDA...

A la caída del crepúsculo me vi envuelto

en un infierno donde se vive

sin amor y sin dormir. Los cabellos

de la bondad sufren ante rayos armados

de sangre y sed. Jinete

de la independencia soy y seré siempre

que los sentimientos no dañen

el fraterno cuerpo de la unión.


Mi mundo huye de este siglo que

se acaba. Sobrevivir es imposible.

Las fechas caen con bombas sin regreso.

En nerviosa tensión

vive el tiempo que no sabe

medir sus perecederas alas.


El placer de amar recita, para sí,

sus cánticos a través de lo que se fue

y de lo que nuevamente ha de llegar.

 

De Mariano Esquillor, "ARCO LÍRICO"

                Ed. Olifante, 1999

En la imagen, otra muestra de "Tripas y guirnaldas"

de José Luis Vicario

ROGELIO GUEDEA

ARTE DE PRUDENCIA

 

PALABRAS para describir el día.

Palabras para decir lo que soy en este día que empieza:

las seis de la mañana,

mi libro de Montaigne,

el té de manzanilla,

el recuerdo de una mujer, no importa cuánto valga su belleza.

Palabras para negar lo que acontece más allá de la puerta cancel,

como si nadie respirara, nadie amara,

como si nadie tuviera la fortuna de ser.

Palabras para los que no han de conocerme nunca,

los que vienen adelante, los que están detrás.

Pero sobre todo palabras para detener los pensamientos de la muerte,

sin los cuales nunca ha de tener sentido la hora exacta del reloj,

el libro de Montaigne,

el té de manzanilla

y el recuerdo de aquella mujer.

 

Rogelio Guedea,  "Kora", Premio ADONAIS 2008,

                                                             Ed. Rialp, 2009.

 

VICTORIAS Y DERROTAS VIII (Y FINAL)

 

VICTORIAS Y DERROTAS. VIII (Continúa el epílogo __ casi tan largo como la micronovela__,)

Es posible que cada minihistoria tenga ramificaciones múltiples, que algunas de ellas den para relatos de mayor enjundia, que de otras no sea aprovechable ni el título, que Siobhan no sea el personaje más interesante de la literatura universal (aunque sí es al que más cariño he tomado), que a nadie le importe una mierda lo que le pasaba a Cleto, que Eva fuera tan fumada que ni supiera en qué parte del mundo estaba, que Sebas y Adela no pasen de compañeros de piso, que Vijay llegue tarde a su cita y con un chichón de propina compensado por unos hermosos ojos celestes, o que Guillem tenga lágrima fácil cuando ve a Keanu Reeves. Es posible todo eso, es posible que a algún lector le intrigue (o no) saber cómo continúa alguna o ninguna de las historias. Es posible (no: es seguro) que el experimento no haya sido ni siquiera original. Por mi parte, aunque el resultado no me vuelva loco, sí que me ha dejado satisfecho poder hacer algo distinto. O, mejor dicho, poder terminarlo. Quién sabe, igual el estado de ánimo del lector influyó en su percepción de los capítulos, igual le impulsó a esperar al siguiente, o igual decidió borrar el blog de los feeds a falta de cosas más interesantes que leer.

En cualquier caso, y como es habitual, si han llegado hasta aquí, lo único que quisiera es darles las gracias por la lectura y la espera… y, sinceramente, si toda la explicación precedente les importa un güevo, también les estaré agradecido. No todos los días puede resolverse un cubo diabólico… al menos, yo nunca lo he conseguido.

Y ahora, como diría mi hermano, un topo vestido de tuno.

                            ( Aquí termina la micronovela (y el Epílogo))

 

http://driftwood.librodenotas.com/cuaderno/

RE... LISTA DEL LISTO

RE... LISTA DEL LISTO

"El Listo"... en la lista del paro

http://listocomics.com

VICTORIAS Y DERROTAS VII

 

 

VICTORIAS Y DERROTAS. VII (Continúa el epílogo __ casi tan largo como la micronovela, y una especie de “making off”__,)

 

         http://driftwood.librodenotas.com/cuaderno/549/v

Las tramas, o posibles tramas, también fueron un tanto al azar. Estaba seguro de que habría un hospital, aunque en el momento de empezar no tenía ni idea de dónde colocarlo o qué pasaría con ese escenario. Por demás, sólo el contenedor de basuras parecía un lugar fijo desde el principio. Mencionar a Birmania también surgió espontáneamente. Ni la más mínima idea tenía de cómo encajarla luego entre las divagaciones de Eva, o si saldría de ese maldito embrollo con el país asiático. Lo cierto es que no fueron pocos los elementos que condicionaron seriamente los capítulos ocho a catorce, si bien éstos salieron también del tirón (eso sí, alrededor de dos meses después) y, casi simultáneamente, el capítulo final, escrito mucho antes que sus seis precedentes.

La micronovela quedó en el almacén durante muchos meses, casi un año entero. No sabía cómo resolver o desatar lo que había liado con tan poca lana, y dudaba muchísimo de poder hacerlo. Quería siete finales que tuvieran sentido unos con otros, pero no había forma. Consideré varias posibilidades, incluyendo añadir otros siete capítulos en medio y transformarla en una estructura de cuatro partes, pero eso me parecía una trampa que me alejaba sin solución del objetivo de mi experimento. Al final, y creo que solamente por el hecho de no dejar un texto colgado y sin terminar (que tampoco habría sido el primero, ya), opté por la que llamo “la solución de las prisas”: ajustar un par de cabos en los tres primeros capítulos de la última tanda (15, 16, 17) y concluir en los cuatro últimos, mostrando a la luz las relaciones finales entre los personajes, si existían. Y, eso sí, resolviendo el maldito cubo de Rubik.