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VEINTE MODELOS ( DE ESCRITURA ) PARA ARMAR

XX.- Césped del medio exento (I) 

                                                        *

                    Cuando la guerra, los últimos animales que se morían eran los caballos “ 

                   Recordaba  viejas imágenes de color sepia con caballos reventados de la primera de las guerras del siglo pasado y también la de un miliciano parapetado detrás de un caballo abatido y disparando su fusil en la Guerra Civil española, y la impresión que le produjo un caballo molido a palos entre las imprecaciones y los  gritos de un carretero enfurecido, un pobre jamelgo  incapaz de levantarse, atrapado entre los varales de un carro volcado en la cuneta...

 

                   Recordaba el brillo de los arreos de cuero del caballo y los del miliciano y el brillo del fusil entre sus manos.

 

                   Y recordaba o se imaginaba también la suerte de las vacas y los caballos, los cerdos y las ovejas, los carneros, los corderos jóvenes, los potros, los terneros y el inmenso matadero sucio y apestoso inundado de sangre, la muerte de los animales tras la conmoción, tras el aturdimiento, tras el golpe de gracia del mazo en la base del cerebro…

                    No quería ser cómplice de las masacres, ni el despellejado, ni del despiece, ni de los puestos del mercado entre moscas y restos sanguinolentos; empezó a odiar los cuchillos y las piedras de afilar, las picas, las hachas, los machetes y los verduguillos; se aprestó a olvidar el impacto o la punta del acero que llega al punto en que la espina dorsal se une al cráneo, en el hueco que forma el brazuelo delantero y por donde la cuchilla penetra llegando al corazón, el trazado de la espada o del rejón en todo lo alto, le producía náuseas.

Mariano Ibeas

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