Una abuela hechicera...
NUEVE
“Él me dijo:
Una rueca en sus manos. Ella recordaba,
Ella es la abuela hechicera”. (Pág. 203)
Una abuela hechicera,
una rueca en sus manos
y el hilo sutil de la lana
que fluye entre sus dedos;
hila y reza,
reza e hila
en las tardes ventosas
que preceden al invierno,
bajo el grito del viento
en la chimenea
donde vuelan sin cesar
encinas en pavesas
mientras desgrana
entre los labios el rosario,
entre los dedos la madeja,
le eterna salmodia
en mis oídos
de los romances
y los cuentos.
No hay lugar para el llanto,
Si acaso una lágrima
se desliza por el rostro ajado
o se enjuaga en una esquina
del delantal, que lo cela todo…
Sus ojos están vivos
y siguen atentos
el resplandor rojo
de la hoguera,
y el viejo crepitar del tiempo.
__ el tiempo a su pesar
decrépito__
el gato duerme y ronronea
como un objeto más,
que hubiese dejado ahí
la última marea
o el fluir en torbellino,
varado en las cenizas,
esperando, siempre esperando
que pasen los días y las horas
que se vaya la luz
que venga la noche
y vuelva un nuevo día
a despertar,
a cumplir el rito
a invocar a la luz
de nuevo…
M. Ibeas 1/11/2024
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