Blogia
DESDELDESVAN

DE SAL...

             29                         

te aplasta

el  fulgor en las entrañas

y roe en silencio tu rutina

hasta el tuétano del hueso.

Vuelve sin cesar espeso

el triste atardecer sediento,

no logras saciar la sed,

enfermo de soledad, enfermo,

triste, harapiento,

mendigas las monedas

y el eco de tu voz antigua. Gritas

y nadie te responde,

tan solo la oquedad preside

el fondo del templo:

se fueron una vez tras la carcoma

las imágenes de palo y escayola,

policromas vestales de hornacina

que dispersa el viento

y el sol de justicia

con implacable impiedad, calcina.

Mariano Ibeas

2 comentarios

Mariano Ibeas -

Gracias, Ana, ha sido una alegría compartida... y mi sonrisa sólo es un reflejo en el espejo de tus ojos...
Mariano Ibeas

ana m. -

oye, maria-no, que me hizo mucha ilusión verte con los ojos, como diría isa. y qué bien que sonrías tanto.

hala, un beso!