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FRANCISCO BRINES

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FRANCISCO BRINES (Premio Cervantes 2020)

Otoño inglés

No para ver la luz que baja de los cielos,

Incierta en estos campos,

sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra

a las hojas asciende y las abrasa.

Yo no he salido a ver la luz del cielo

Sino la luz que nace de los árboles.

Hoy lo que ven mis ojos

no es un color que a cada instante muda su belleza,

y ahora es antorcha de oro,

voraz incendio, humareda de cobre,

ola apacible de ceniza.

Hoy lo que ven mis ojos

es el profundo cambio de la vida en la muerte.

Este esplendor tranquilo

es el acabamiento digno de una perfecta creación,

más si se advierte

la consunción penosa de los hombres,

tan solo semejantes en su honda soledad,

mas con dolor y sin belleza.

 

El hombre bien quisiera que su muerte

no careciese de alguna certidumbre,

y así reflejaría en su sonrisa, como esta tarde el campo,

una tranquila espera.

               (Belleza del durmiente

que agita imperceptible el mudo pecho

para alzarse después con mayor vida;

como en la primavera los árboles del campo)

¿Cómo en la primavera…?

No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte,

sino el soñar del árbol, que desnuda

su frente de hojarasca,

y entra así cristalino en la honda noche

que ha de darle más vida.

 

Es ley fatal del mundo

que toda vida acabe en podredumbre,

y el árbol morirá, sin ningún esplendor,

ya el rayo, el hacha o la vejez

lo abatan para siempre.

En la fingida muerte que contemplo

todo es belleza: el estertor cansado de las aves,

la algarabía de unos perros viejos, el agua

de este río que no corre,

mi corazón más pobre ahora que nunca,

pues más ama la vida.

 

La rotas alas de la noche caen

sobre este vasto campo de ceniza:

huele a carroña humana.

La luz se ha vuelto negra, la tierra

sólo es polvo, llega un viento

muy frío.

Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro

sólo habría dolor

si un hombre contemplara la caída.

Y he llorado la pérdida del mundo

al sentir en mis hombros y en las ramas

del bosque duradero,

 el peso de una sola oscuridad.

 

               (De Palabras a la oscuridad, 1966)

17/11/2020 19:38 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

BENITO PÉREZ GALDÓS

BENITO PÉREZ GALDÓS

El escritor español más popular del siglo XIX tiñó con su apellido una ciudad entera que no era la suya. El idioma en el que tanto escribió terminó acuñando un adjetivo que aún hoy define Madrid: galdosiano. Pero Benito Pérez Galdós había nacido a mucha distancia de la capital que tantas veces le sirvió de escenario, en Las Palmas de Gran Canaria, unos 1.800 kilómetros que solo se salvaban con un pesado viaje en tren desde/hasta Cádiz y una travesía de tres días en barco. Su ciudad, hoy novena de España en población, apenas contaba con 17.000 habitantes el año en que nació Galdós, en 1843.

Pasó en ella los 19 primeros años de su vida, pero Canarias apenas aparece explícitamente en su obra. Tan solo en un relato firmado con seudónimo en la prensa de Las Palmas, en el diario El Ómnibus, en 1866, cuando ya se había asentado en Madrid. Necrología de un prototipo describe con aires siniestros al palanquero del órgano de la catedral de Santa Ana, aledaña al lugar donde vive el joven Benito. “Es una especie de Maese Pérez el organista [personaje creado por Gustavo Adolfo Bécquer], pero más monstruoso, caricaturizado, que bien pudo inspirarse en una persona real”, detalla la profesora Yolanda Arencibia, catedrática emérita de la Universidad de Las Palmas y autora de Galdós. Una biografía (Tusquets, 2020), Premio Comillas de Historia, Biografías y Memorias.

Un temprano lío de faldas algo tuvo que ver en su alejamiento de Canarias. María Josefa Washington, Sisita, era la hija natural de un tío materno de Benito. La había tenido con Adriana Tate, una angloamericana, otros dos de cuyos hijos se casarían a su vez con dos hermanos de Benito Pérez Galdós. Adriana y Sisita, nacida en Cuba, se asentaron en Gran Canaria. No es difícil imaginar el choque que aquella enmarañada familia de indianos cosmopolitas provocó en la sociedad pacata de Las Palmas; tanto más en la madre del joven Galdós, Dolores, una Doña Perfecta religiosa y sentimentalmente austera, que además tenía idealizado el futuro como abogado de su niño bonito, su décimo hijo, el benjamín.

 “Sisita y Benito eran de la misma edad y estaba cantado que iban a enamorarse. También estaba cantado que la madre de Galdós viera aquello como un enorme problema”, detalla Yolanda Arencibia. Entre clases y clases de inglés que Adriana Tate le daba a aquel joven, “alto, guapo, ocurrente, inteligente”, como lo describe la biógrafa, Benito se veía con Sisita. “Una relación temprana habría supuesto un enorme trastorno para el futuro del joven”, cree la experta, máxime con la chica que para Dolores Galdós era el recuerdo vivo de los amoríos pecaminosos de su hermano.

Fuera solo por el deseo de alejarlo de la joven o no, la familia envía a Benito a Madrid para que estudie Derecho. Sobre la causa última de aquella marcha, la familia guardó una discreción férrea. Pero años después de la muerte del escritor, María Teresa León escribió las confidencias que un sobrino nieto de Galdós compartió con ella: le había dicho que Sisita se había quedado embarazada y que luego abortó. Murió a los 28 años.

En Madrid, Benito descubre una ciudad de mejor apariencia que la que él se imaginaba. Es cierto que es el escenario de la represión contra los estudiantes de los militares en la Noche de San Daniel, el de los miles de muertos por la epidemia de cólera, el de los ojerosos cesantes que perdían su puesto de trabajo en cuanto cambiaban las tornas en el Gobierno. Pero también es la urbe emprendedora que traza limpia el nuevo Barrio de Salamanca, la ciudad vivaracha llena de fiestas traídas por los inmigrantes que van engrosando el censo, algunos de ellos canarios. Galdós busca la compañía de sus paisanos en la tertulia que los reúne en el Café Universal, en Alcalá, 1. “Allí acude, aunque era tan tímido que casi nunca intervenía, con un cuaderno en el que dibuja a sus compañeros, entre ellos su íntimo Fernando León y Castillo, el gran político canario de la época”, ilustra el profesor y crítico literario Germán Gullón, autor de la biografía Galdós. Maestro de las letras modernas (Valnera, 2020).

Sala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared.ampliar fotoSala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared. CASA-NATAL BENITO PÉREZ GALDÓS

Aquel tímido “llanero solitario”, como lo llama Gullón, no olvidó nunca su tierra canaria. Si no la mencionó apenas en sus escritos, sí que le dedicó dibujos y cuadros que muestran La Orotava o el Teide. Vuelve a Gran Canaria algunos de los primeros veranos tras su marcha a Madrid, y luego no lo hará hasta 1894, cuando ya tiene 52 años, para arreglar una cuestión de herencias. En ese último viaje se hace una foto vestido de paisano en la finca familiar de Los Lirios.

A su marcha, ya nunca volverá a pisar las islas. “Los viajes en barco fueron brutales, los pasaba muy mal, vomitando”, apunta el biógrafo, que señala otra causa de peso: “Escribía en los periódicos, no podía alejarse mucho tiempo de Madrid, tenía que estar a lo que estaba”, abunda. Yolanda Arencibia especifica esta dependencia de la escritura, que equivalía a una dependencia de Madrid: “Galdós ni tenía mucho dinero ni su familia títulos, no era un catedrático, como Clarín, ni un terrateniente, como [José María de] Pereda. Era un chico que se abría camino con la pluma en la gran ciudad”.

Él no iba a Canarias, pero se llevó una buena parte de Canarias consigo. Varios familiares terminaron viviendo con él en la capital y además los que quedaron en las islas les enviaban a menudo productos típicos, bien envueltos en latas. “Era muy goloso: le encantaban los huevos mole, un postre hecho con yema, azúcar y almíbar”, describe la experta. Le gustaba mucho el gofio y hasta pidió que le enviaran semillas de papa canaria y de tabaco para plantarlas en su casa de Santander.

Tampoco perdió del todo su acento, aunque no queden testimonios grabados para recordarlo. Los correctores le enmendaron, por ignorancia y una visión excesivamente unitaria del español, un uso lingüístico suyo que era más correcto que el del de Madrid: él no era leísta, pero su ciudad de acogida sí. "Le corregían el ustedes usado en la segunda persona del plural", mayoritario entre los hablantes de castellano, añade como ejemplo Yolanda Arencibia. "Y él tenía que amoldarse".

También le desmocharon su rico vocabulario canario, con sus sorimba (“miedo o vergüenza”), desguangilado (“desgarbado”), gaveta (“cajón”), refistoleador (“criticón”), ferruge (“óxido”, “orín), fechadura (“cerradura”), guachafisco o cochafisco (“maíz tostado”), abanador (“soplillo”)... Queda en sus escritos una expresión, aparentemente anodina, que en cambio a su biógrafa le resulta reveladora de la canariedad: los “bueno…” para matizar aseveraciones demasiado contundentes, sin echarlas del todo por tierra. “Los usa con mucha frecuencia el narrador ante un hecho histórico. Es una manera de poner en duda, un tal vez, un quizá, pero siempre sin discutir. Es algo muy galdosiano y a la vez muy propio del carácter isleño”, detalla Yolanda Arencibia.

Y, aunque nunca fue un político profesional, ya mayor llegó a diputado por Las Palmas. Para entonces se ha convertido en una figura omnipresente en la vida cultural española, el más famoso de los escritores. “Era muy popular, un gran apoyo para Juan León y Castillo, pero con una presencia más simbólica que política”, indica Gullón. Arencibia señala que uno de sus empeños era dotar a su ciudad natal de un instituto de secundaria él había tenido que irse a Tenerife para revalidar su bachillerato, pero eso solo se logró años después de su muerte.

Madrid le ofrecía algo que Las Palmas no podía, cree Gullón: la amplitud de escenario para desarrollar sus novelas. Como Londres a Dickens, como París a Balzac. Eso sí, que nadie osara dudar de su origen. "¿Que de dónde soy?... ¡Pero hombre!..., si eso lo sabe todo el mundo. ¡De Las Palmas!", exclama en una entrevista en 1914, seis años antes de morir.

Una exposición sobre su vida, La verdad humana, devuelve estos meses a Galdós a su ciudad natal, tras exhibirse en la Biblioteca Nacional en Madrid. Cuando se cumplen 100 años de su muerte, manuscritos, fotos y recuerdos de don Benito como lo llaman los visitantes palmenses que asisten a la visita guiada, manteniendo así un uso de respeto que se ha ido perdiendo en otras partes de España— se suman a los muchos que atesora la casa-natal, donde se exponen. Unas palabras suyas han quedado incrustadas en metal en el suelo a pocos metros, sobre la misma calle Cano. Son una cita de la muy madrileña Fortunata y Jacinta, pero en lugar donde nació no suenan desubicadas: "Por doquiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela". 

Tomado de El País. 

27/10/2020 11:52 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mírate , hombre...

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Mírate, hombre

Mírate despacio y mira a tu alrededor

Eres mirada,

La poesía es mirada

La filosofía es mirada

Vivir es mirar

Y dijo Dios:

__ “Fabriquemos al hombre nuevo”

y fue menester más barro,

el barro de la tierra,

amasado con barro, con barro y cenizas de hombre

de todos los hombres que cayeron al borde del sendero

de los que quemó el fuego

de los que arrastró el agua

de los que azotó el viento y cayeron después como árboles,

como arena,

como gotas de lluvia

como cenizas

como semillas

brotaron luego

y se encontraron sin raíz ni patria,

sin costa, ni playa de arribada

sin puerto

10/10/2020 17:46 MARIANO IBEAS #. ADONIS No hay comentarios. Comentar.

CELIA CARRASCO GIL

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PAISAJES TEMPORALES

A veces me gustaría saber
cómo sonreía aquella niña
cuando su padre la montaba en un caballo
salvaje
en el campo,
cuando el cierzo vaiveneaba sus trenzas
en un ascenso de adrenalina,
cuando él nunca la soltaba
y ambos estaban juntos.
A veces me gustaría volver a escuchar
la voz entrecortada de aquella niña
cuando sentía ese cosquilleo en el ombligo
al bañarse desnuda en la laguna.
Me gustaría recordar el tono de sus ojos color
lluvia
cuando lanzaba piedras al agua
y contemplaba sus ondas perderse
en cualquier intento de
l e j a n í a.

De aproximación al futuro.
A veces me gustaría
poder volver a ser aquella sonrisa oblicua
que no tenía que mover el cursor del ratón
para dibujar una mirada frente a la suya;
que todavía podía romper la distancia hasta
tu rostro
con la dilatada fuerza de sus pupilas.
A veces me gustaría despertarme por la noche,
removerme entre las sábanas,
y acabar con tantos vibratos de la flauta,
y desgarrar con mi silencio los caminos
trazados,
y acariciar palabras selladas en tu mirada
desnuda,
sin ceros ni unos de por medio.

09/10/2020 08:27 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AYER, EL NEOLÍTICO. 1

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Los trilleros de Cantalejo

 

            Era en la primavera cuando solían llegar por allí en previsión seguramente de las necesidades de lacosecha en el verano: la preparación de los trillos, las herramientas de la siega, los cedazos… Venían en una vieja tartana, donde guardaban materiales y herramientas y cualquier lugar era bueno para montar el taller.

Los trilleros venían de Cantalejo, Segovia, tierra de pinares; la madera era de allí, las sierras, de las viejas  retiradas de los aserraderos, de viejos trillos o vete a saber; las piedras de chispa, pedernal de no se sabe dónde n unos saquetes de arpillera y uno o dos trillos nuevos y relucientes.

Los trillos que había que colocar se situaban boca abajo, en un carasol, debían estar bien secos, después se rociaban con agua para ajustar mejor las piedras.

El proceso era simple, substituir alguna tabla, reforzar con hoja de lata los cabeceros, realizar agujeros con el escoplo, quitar las piedras rotas, substituirlas por otras nuevas. El trillero utilizaba piedras sin aguzar, en el momento de hincarlas en el tablero, un golpe seco del martillo hacía saltar en bisel la piedra y ya estaba el filo. Lo hacía de forma metódica y a ritmo: una piedra de sílex, un golpe seco, un buen filo y a por la siguiente.

Nosotros seguíamos el proceso con atención maravillados por el arte de los artesanos ambulantes.

Los cedazos eran otra cosa; decían que los construían con piel de perro; los cercos ya venían montados de origen con distintos tamaños; la piel tendida debía ser agujereada en espirales con un abocardador manual siguiendo una línea en espiral: golpe, agujero, golpe agujero… así hasta el final.

Un buen cedazo valía una fortuna y había que cuidarlo, un trillo no digamos… los beneficios del verano, pero ambos estaban hechos para durar…

 

28/09/2020 12:39 MARIANO IBEAS #. ANTROPOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.

Dicen que las pastoras...

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Esta noche ha llovido, mañana hay barro, 
esta noche ha llovido, mañana hay barro, 
pobre del carretero 
que va en el carro.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

Dicen que las pastoras huelen a sebo,
Dicen que las pastoras huelen a sebo,
pastorcita es la mía 
y huele a romero.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

Dicen que las pastoras huelen a lana,
Dicen que las pastoras huelen a lana,
pastorcita es mi niña
y huele a retama.

Asómate niña a ese balcón.
Qué si tú no te asomas, ramín de flores,
qué si tú no te asomas, ramín de flores,
no crecen ni los higos
ni los limones
y en el cielo hay nubarrones.

 (Del cancionero tradicional)

23/09/2020 08:08 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CASTILLA

El poema de hoy : "Castilla"(R.PÉREZ DE AYALA)


Castilla

Cruzan por tierra de Campos, desde Zamora a Palencia
-que llaman tierra de Campos los que son campos de tierra-.
Hacen siete la familia: buhonero, buhonera,
los tres hijos y dos burras, flacas las dos y una ciega.
En un carricoche lento, bajo la toldilla, llevan
unas pocas baratijas y unas pocas herramientas
con que componer paraguas y lañar vajilla en piezas;
tres colchoncillos de estopa, tres cabezales de hierba
y tres frazadas de borra: toda su casa y hacienda.
Cae la tarde. La familia marcha por la carretera.
Dan rostro a un pueblo de adobes que sobre un teso se otea.
Dos hijos, zagales ambos, van juntos, de delantera.
Uno, bermejo, en la mano sostiene una urraca muerta.
El padre rige del diestro las borricas, a la recua.
Viste blusa azul y larga que hasta el tobillo le llega,
la tralla de cuero al hombro, derribada la cabeza.
A la zaga del carrillo, despeinada, alharaquienta,
ronca de tanto alarido, las manos al cielo abiertas,
los pies desnudos a rastras, camina la buhonera.
Pasa la familia ahora junto al solar de las eras.
Éste trilla, aquél aparva, tal limpia y estotro ahecha.
Un gañán, riendo, grita: “¿Hubo somanta, parienta?”.
La familia sube al pueblo y acampa junto a la iglesia.
¿Qué ocurre, buena señora? ¿Por qué así gime y reniega?
“Mi fija que se me muere, mi fija la más pequeña.”
“¿Dónde está, que no la vemos?” “Dentro del carrico pena.
Anda más muerta que viva.” Nunca tal cosa dijera.
Van las mujeres de huída clamando: “¡Malhaya sea!
La peste nos traen al pueblo. Échalos, alcalde, fuera.
Suban armados los mozos. Llamen al médico apriesa”.
El médico ya ha llegado. Mirando está ya a la enferma:
una niña de ocho meses que es sólo hueso y pelleja.
“Vecinas, ha dicho el médico, no hay peste, esto es, epidemia.
La niña se ha muerto de hambre. Y al que se mueren lo entierran.”
“Lleva la bisutería; alma, vida, princesa.
Lleva la bisutería contigo bajo la tierra.
Pendientes de esmeralda en las orejas.
Al cuello, el collar de turquesas.
En el pelo dorado, las doradas peinas.
Llévalo todo, todo. Nada, nada nos queda.”
Campanas tocan a gloria. Marchan por la carretera,
cruzando tierra de Campos, desde Zamora a Palencia.
R. Pérez de Ayala (1881 – 1962)
31/07/2020 18:40 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

OTRO CUENTO CHINO

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OTRO CUENTO CHINO

La tetera del abuelo Li 

               El abuelo Li se ha hecho famoso en el Hutong, casi el último superviviente de una forma de vivir, del estilo de vida alrededor de una taza de té.

               Bajo la sombra escuálida de un arbolillo que resiste todavía, se sienta en una vieja silla de bambú, pulida y desgastada con el uso, una mesa precaria y su tetera, e invita a todos los que se quieren acercar  para un rato de conversación pausada.

               Así, un día y otro, año tras año.

               El té resulta delicioso; lo dicen todos los que lo han probado. Muchos quieren saber en qué consiste su secreto.

               Hablan del agua, agua especial, dicen.

               El abuelo Li lo niega; agua del pozo cavado en el subsuelo de limo como siempre.

               Hablan del té, té especial dicen. Lo consigue en el mercado, un té que viene de Yunan en unas tortas prensadas y duras como el granito, como una muela de molino manual.

               Hablan del té de rosas, envuelto en delicadas bolsitas de seda, en cajas de madera de bambú, en sofisticados envases de jade. Pero el abuelo Li no es rico, ni mucho menos.

               Nada de eso, dice el abuelo Li, es un té de siempre, un té normal.

               Y ¿dónde está el secreto, entonces?

               El abuelo Li no suelta prenda y la fama del té del abuelo Li crece y crece cada día.

               Dicen que unos señores quieren comprarle su secreto, que tienen mucho dinero y un proyecto de convertir el té del abuelo Li en una cadena de establecimientos, en una red de teterías por toda la China. Dicen que incluso están dispuestos a comprar todo el espacio del hutong y transformarlo en un gran centro comercial.

               Dicen…  pero el abuelo Li no suelta prenda.

               Unos meses más tarde el abuelo Li se queda viudo. Ya no sale al patio a tomar el té.

               Se acabó. Tiene que sobrevivir como sea, vendiendo sus escasas pertenecías.

               Piensa en vender incluso la tetera.

Un día se decide, y comienza a limpiarla de manera sistemática. Rasca y rasca el fondo de los restos de té que quedaron tras años y años de uso continuado y la tetera queda reluciente.

               El té ya no es lo mismo. Y la tetera tampoco.

               Fin.                       Mariano Ibeas

28/07/2020 16:52 MARIANO IBEAS #. CONTRACÓDIGOS No hay comentarios. Comentar.

HABLO CON LOS MUERTOS... III

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                              III

Los que ya no existen,

Ni existieron quizás,

Mis hermanos por ejemplo,

Que no nacieron siquiera

Frutos del amor primero

De mis padres,

Que no visitaron la vida,

Que no vivieron la luz,

Que pasaron de las sombras

Del útero materno

A las sombras de la muerte

¿qué fue de ellos?

No se rescataron ni sus

Nombres

Fueron no nombrados,

Olvidados antes de que

se solidificasen los recuerdos…

ni siquiera una tumba,

nada,

desechos de hospital

carne frustrada

fruto muerto

y nada más

sólo por no ser y no existir

sólo por eso.

               11 /06/ 2020

Mariano Ibeas

18/06/2020 17:15 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HABLO CON LOS MUERTOS... II

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                              II

Y como triste remedo de Orfeo

Yo voy a rescatarlos

del olvido

del más allá del tiempo ido

y no sé si querrán despertar,

volver

de nuevo a lo vivido

a una existencia

tal vez vulgar

aburrida o miserable

que no querrán recuperar…

Y por ello, mis muertos

No quieran quizás

Venir a visitarme

ni tomar carne mortal

y no frecuentan mis noches

y mi sueños.

Soy yo que les provoco

__ ellos estaban en paz__

Que les convoco

A respirar

Al aliento de la vida

__ si no hay vida__

Al soplo de existir

__ si ya no existen__

Si ya no soy yo

Ni son ellos tampoco

Para qué vivir

Si la vida no es vivida,

Compartida,

Para qué existir

Si ya no existe débil

La memoria convivida

Ni el más mínimo recuerdo.

Quizás vivir

Era eso: recordar

Y el más leve recuerdo

Les permita

Vivir

Todavía un momento

Todavía en mi recuerdo.

 

               10 /06 / 2020-06-10

Mariano Ibeas

17/06/2020 16:08 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HABLO CON LOS MUERTOS...

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Hablo con los muertos

                              I

Hablo con los muertos,

Mis muertos

Que ya no tiene voz

Ni voz ni aliento

Pero ahí están

Presentes

En mis sueños

__ Presentes sucesiones de difuntos

Que diría Don Francisco

De Quevedo__

Presentes en mis noches

En mi encierro:

Son ecos,

Sombras,

Vacío en el vacío,

Silencios

Perdidos en el tiempo

Sin voz

Sin tiempo

               09/06/ 2020

MARIANO IBEAS

16/06/2020 18:12 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS VIII (Y FINAL)

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VIII

                              ESPADAÑA

 

Junto al río aneas y espadañas

Y un ventear triste

De jilgueros y zorzales

Y el sonido de la alta tarabilla

Con ritmo cansino y constante

Trapiche que muele

Y muele el canto cereal

De los tiempos del hambre

De las encías rotas y sangrantes

Del agua hosca y agitada

Sobre el rodete de los sueños

Sangre y harina

Sudor y sacrificio

De la piedra y del agua

Camposanto

Huerto del francés

Molino indiano

Del sudor y del duelo y del quebranto

No has de olvidar el surco de tus sueños

Ni el amor regado en el sembrío

Es tu vida que ya no es

Eres tú

Que te moriste

Y no volverás

De nuevo al nido.

 

15/05/2020

MARIANO IBEAS 

15/04/2020 09:10 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS VII

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VII

                              MAJUELO

 

La tierra que te espera está ya presta:

Cigarral, majuelo, lote

Tu suerte echada

Hundida la semilla en el surco

Sólo queda esperar la primavera

Puede ser propicia

O sucumbir bajo la mordedura

de la escarcha o de los hielos

débil puede surgir

un atisbo de esperanza

a la luz del secarral

de las calizas implacables

de la piedra que vino de lo alto

de las langostas

y no podrás esperar el corte

traicionero de las hoces,

y oirás decir

con resignación:

la suerte está echada

De nada valdrán los llantos y oraciones,

Las ofrendas

Los dioses están sordos

Y no entienden tus plegarias

Son de barro, madera,

Materia como tú

Y nada pueden hacer contra el polvo

el silencio de la nada.

14/04/2020 10:15 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS VI

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VI

                              ALACENA

 

Arca, cofre, alacena

Lote, suerte, lugar de donde crece el azar

Golpe de dados, cubilete,

Todo al negro donde se juega

Nunca la vida y la muerte estuvieron tan cerca

Pasa y pesa

Pasa la laguna y el dios que pesa en la balanza

Tu corazón, no encontrará

Ni un ardite  para equilibrar la balanza

Es tu medida:

Abre la boca y muestra la moneda:

Nada, ni el más mínimo crédito para el más allá

Negro impar y pasa…

Consulta los hados, la suerte, la ruleta que gira:

Todo al negro

Y a la triste oscuridad

Y se alimenta el silencio

 

13/04/2020

Mariano Ibeas

13/04/2020 08:25 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS... V

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                              V

                              CENOTAFIO

 

Cenotafio                         

Vacía, tumba vacía

Monumento funerario de la nada

Hueco donde rompe seco el vacío

De los huesos,

La médula, el tuétano, 

el fangal de los silencios

la rabia sorda,

el crepitar, el murmurio débil

y el temblor de la piel,

los gusanos del deseo

el golpe sobre el cuero denso y sonoro

ronca la voz,

rota la garganta

tensas las cuerdas

mudo el grito

asaltas sin descanso

la ruda escalada que te lleva

al templo de los dioses

y caes sin remedio

remedo de Sísifo

y su piedra.

 

               12/04/2020

Mariano Ibeas

12/04/2020 09:05 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS IV

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               IV

                              SEMILLA

 

Vuelta a la semilla

Al útero materno

Debes volver;

Es tu guarida y tu refugio

Tu cueva original, tu santuario

Allí puedes acogerte seguro y a sagrado

Nada te turbará,

ni el día se hará más largo

ni alimentará las sombras de la noche,

al planear de los murciélagos

Antes de que existiese el ser

Y el tiempo

Antes de que tu leve paso

Contase sobre las arrugas de la tierra

Ya tenías trazado el surco y el sendero

Vuelve a ti

Y a tu momento ido

A la eterna geografía del instante

A la nube y el agua de tormenta

A la lluvia y a la piedra,

Al llanto del rastrojo

Al fruto de la espiga

Cella y encella resuelto el misterio

Del templo

Sanctasantórum

Ara y altar, alzado del suelo, alterado

Alto lizo

túmulo

Betilo

Piedra sacrificial

11/04/2020

Mariano Ibeas

 

El grabado es de David Girao

11/04/2020 09:05 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS III

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               III

                              GINECEO

 

Gineceo,

Vuelve adentro:

Vuelta al génesis,

Al surco, a la mancera y al lendel

La besana de hoy será tu cuerpo

Y tu siembra

La semilla en tierra fértil

Deseosa de acogerte entre sus brazos

Olvida de una vez el tiempo del desierto

Y tu vagar por los caminos polvorientos,

Se terminó

Pátina, óxido y alumbre

Tierra parda, cal, rodeno

Siéntate, toma ya tu tiempo

El que te deben y no podrán pagarte nunca

Su deuda en un pozo sin fondo,

Una vida que era tuya,

que te robaron en la infancia,

que nadie podrá devolverte,

ni  te podrán saldar…

Han muerto los contables

Y los guardianes de los sellos

Nadie da cuenta ya

De portazgos y alcabalas

Y el viento golpea cada noche

Los postigos batientes del fielato…

 

10/04/2020 09:29 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HUIS CLOS II

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II

 

                              ALFAGUARA

 

Yo, limpia fuente,

Manantial y nacedero

Alfaguara, hontanar, venero,

nacer y renacer

Un punto, vagido y grito

Solo de soledad sonora a veces

Golpeando las paredes

Rasgando los silencios,

De nada te sirve arañar los muros

Escuchar despacio el rumor de tus pasos,

La lluvia en las ventanas

El rumor del viento

Todo te lleva a ti

Golpe a golpe, al golpe de la sangre

Agolpada en los conductos bajo la piel

Escultura de hielo

Bocado al corazón y freno a los deseos

Claustro, enclaustrado

Por límite el sol y el cielo

Por suelo las arenas

Y por cielo el firmamento

Cuando llegue la noche

Ni siquiera esto

Llamarás al sueño

Y no querrá venir a verte.

09/04/2020

Mariano Ibeas

09/04/2020 09:39 MARIANO IBEAS #. sin tema Hay 1 comentario.

HUIS CLOS I

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                I

                              HUIS CLOS

 

Huis clos,

Campo cerrado

Hortus conclusus

 Encierro, entierro, encerrado y enterrado

En la torpe geografía

De mí mismo

Clausura

Númerus clausus, nadie más, ninguno, solo

Que nadie pueda cercenar

El cordón umbilical

Que te ata a los demás objetos

A la tierra y a los árboles,

Al aire y a los pájaros

A las aguas y a los peces.

No tienes escamas, ni plumas, ni hojas verdes

Tu tronco sin corteza no te aísla del calor

Ni de los fríos

Eres un pobre humano

Miserable e indefenso.

¿Quién te va a salvar de tu miseria?

Quién vendrá a buscarte,

A enjugar tus lágrimas,

A obedecer tus deseos

Estás solo frente a ti, encerrado y concluso

Tú,  en tu laberinto

 

08/04/2020

 

 

MARIANO IBEAS

 

08/04/2020 09:17 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA PESTE...

La peste que asoló Burgos en 1599

R. PÉREZ BARREDO
 - sábado, 4 de abril de 2020

La epidemia fue una de las más virulentas de la historia de la ciudad. Su regidor en esa época, Andrés de Cañas, recogió con detalle por escrito aquel infierno

La peste que asoló Burgos en 1599

 

No hay lugar grande ni casi aldea donde no haya mayor mal que en Burgos». Así de tajante se mostraba Andrés de Cañas Frías, regidor de Burgos en 1599, año en el que la peste asoló buena parte de España, cebándose especialmente en Burgos y propiciando un declive económico y social del que no se recuperaría en siglos, si bien es cierto que su época de máximo esplendor ya era, a aquellas alturas, cosa del pasado. Andrés de Cañas recogió por escrito cuanto vio y observó en aquellos meses infernales en un texto que vio la luz en el siglo XX gracias al hispanista Francis Brumont. El regidor había formado parte desde el brote de la epidemia, en 1597, de la llamada Junta de Salud, que tenía la misión de impedir que la peste se colara en la ciudad.
Cuenta en esa suerte de diario el regidor Cañas que «este mal» se descubrió en las inmediaciones de la Albardería de San Esteban, después de que en el hogar de la familia Lerma falleciesen el marido, la mujer y los dos hijos. Recoge dos posibles versiones del contagio: que a estos se lo pudo transmitir un conocido «que andaba a buscar trapos» y vivía «a la puerta de San Martín» y que había a su vez fallecido, o que pudo ser el propio Lerma el que llevó el mal a la ciudad a través de unas mantas que había adquirido en la zona de Villadiego, donde ya campaba a sus anchas la malhadada enfermedad.
Resolvieron entonces los médicos, señala el regidor, «cerrar las casas y quemar la ropa» tanto de los Lerma como de los vecinos contiguos que fallecieron al cabo. Así, se pidió a «diez pícaros» que sacaran las ropas de todos los difuntos para llevarlas a quemar, pasando después estos una cuarentena a costa del erario público mientras que a otros vecinos de la zona de la Albardería se les llevó extramuros. Sin embargo, la semilla de la peste ya había germinado (sospechaba Cañas que por culpa de que alguien pudiera sustraer algunas ropas de los finados), provocando su expansión «y empezó a salpicar este mal en el Hospital de los Ciegos, y luego hacia Santa Gadea y hacia SanAndrés y en estas partes murieron más que en ninguna otra».
Contaba el regidor 400 muertos entre enero y mayo de 1599. «Toda gente pobrísima y necesitadísima».De poco o nada sirvió que la ciudad nombrara a cuatro comisarios regidores para «guardar la ciudad»: Antonio de Salazar, para las puertas de San Gil ySan Esteban; Diego de Salamanca para San Pablo y San Juan; Alonso de Santa Cruz para Santa María, las Carretas y la Merced; y el propio Cañas para las puertas de San Martín, Vieja y San Lázaro.
En vista de que «la enfermedad salpicaba y se pegaba, aunque en gente sumamente pobre» se decidió levantar una suerte de hospital de campaña o enfermería fuera de la muralla, en Nuestra Señora de Rebolleda; pero pronto se saturó. Y se fueron ocupando casas y posesiones vacías a disposición de los enfermos, e incluso se trasladó a quienes vivían en la zona a otras de la ciudad para dar cabida a los contagiados. El Concejo hizo esfuerzos ímprobos por dominar la situación, poniendo todos los medios a su alcance.Los dominicos arrimaron el hombro, destinando a varios hermanos a arriesgar su salud para administrar los últimos sacramentos. Varios mesones dieron jergones y también el Hospital de la Concepción puso camas al servicio delConsistorio. Alguaciles y pícaros hacían rondas por las calles y se llevaban las ropas de los enfermos y muertos de las casas para después picarlas y enterrarlas «muy ondas con cal». Anotaba el regidor el coste diario de la crisis sanitaria: 80 ducados del ala.
Con el beneplácito del rey se tomaron 3.000 fanegas de trigo de la Alhóndiga y se repartió pan cocido para los pobres y enfermos; las limosnas obtenidas en cada jornada también se destinaban a los menesterosos. Alababa en su crónica el regidor el papel del arzobispo, don Cristóbal de Vela, que lejos de huir de la ciudad -como al parecer sí hicieron otros curas, clérigos y canónigos. «Son tantas las limosnas que hace y da que no se puede significar porque él, sin duda, ha gastado más de 12.000 ducados en cuatro meses, y da médicos y botica de balde, y anda su limosnero a visitar con médico y barbero y dos acémilas cargadas de comida y regalos para los enfermos, dando cuanto ha menester, y mucho más, a los sanos pobres que acuden a pedir; y a casas que no piden y sabe que tienen necesidad, les da gruesas limosnas en trigo y dineros».
el aislamiento. «Muchos lugares al derredor de Burgos se han comenzado a guardar de los de Burgos, y no dejado que vengan ellos a la ciudad», escribía Andrés de Cañas. La mayor parte de los burgaleses de posibles, en vista del avance inexorable de la epidemia, puso pies en polvorosa en cuanto pudo. La autoridad no puso reparos a aquella huida: «de suerte que de 15 de abril a 15 de mayo se fueron, de tres partes de la ciudad de gente principal y honrada, más de las dos». Quienes permanecieron intramuros tomaron todas las precauciones posibles «para preservación y remedio de este mal»: confinamiento en las casas, quema de ropas, quemando enebro y otras leñas «para purificar el aire» y asistiendo a que médicos y cirujanos hagan sus oficios y visiten «a quienes está mandado no salgan de la ciudad so graves penas».
La enfermedad «apretó mucho en Burgos desde San Pedro adelante hasta hoy 20 de julio que lo escribo», recoge Cañas, «y hubo días que murieron 40 personas en el casco de la ciudad» sin contar los que lo hicieron en Rebolleda. En una misiva enviada al mismísimo rey Felipe III, el simpar regidor de la ciudad Andrés de Cañas le hace al monarca, entre otras, una consideración que denota su conocimiento, preocupación y visión ante la crisis. «Una de las cosas más convenientes para la conservación de la salud de esta ciudad es que se ayuden a sustentarse los pobres, por ser tan grande el número que hay de ellos, así vecinos como forasteros (...) padecen extrema necesidad y es forzoso ayudarlos, socorrerlos, porque de lo contrario se seguirían grandes enfermedades y peligros».
En otro de los textos, Andrés de Cañas defiende una postura clara: «que la justicia y regimiento de esta ciudad no haga ausencia de ella, por los grandes e irreparables daños que lo seguirían».En el diario del regidor hay asimismo anotaciones breves respecto de las visitas que éste hacía a sus convecinos, recogiendo el panorama desolador que se encontraba en todas ellas. Valga esta como ejemplo: «En casa de Sánchez, detrás de Vieja Rúa, murió ayer tarde su mujer; una hija suya esta noche; hay otra mala: hay necesidad de que luego se saque y se cierre la casa».

05/04/2020 09:53 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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