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Joan Margarit in memoriam

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Puede ser una imagen de texto que dice

16/02/2021 17:32 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ISABEL MARTÍNEZ BAQUERO

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’PANDEMIA
Son tiempos en los que la muerte
espera en lo más mínimo:
una mota de polvo,
una ráfaga de aire
o el aliento enamorado.
De nada sirve ocultarse.
El enemigo acecha,
invisible persigue su tributo,
su ración continua de carnaza.
Se cubrieron las sonrisas,
postergamos los abrazos,
suprimimos los roces,
anulamos los besos.
Despojados de toda afectividad,
recluidos en moradas solitarias,
perdemos día a día
el júbilo de los otros,
las manos que nos ensanchan,
las miradas que nos reflejan.
Hoy somos torpes criaturas
conscientes de su barro frágil.
Quizá en un mañana próximo
vuelvan a crecernos alas
y soñemos de nuevo
más allá de la débil materia
que sustenta nuestra estancia
en el mundo,
un mundo que no nos pertenece,
que solo nos tolera
mientras no le hagamos daño.’
Isabel Martínez Barquero
(Escrito este poema apenas un mes antes de su muerte)

 

10/02/2021 09:33 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PALOTEO EN HONTORIA DEL PINAR

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Tierras de Burgos

 

Las Danzas de paloteo en honor a San Blas en Hontoria del Pinar

Posted: 27 Jan 2021 03:23 AM PST

Ya hemos hablado en este blog en el pasado sobre la acumulación de festividades tradicionales en las primeras semanas del año, entre otras cosas por el alivio en esas épocas de las tareas del campo, y sin duda relacionadas con ritos precristianos de tipo carnavalesco. Entre estas fechas se incluyen habitualmente las de las Candelas y San Blas, los días 2 y 3 de febrero, y más en concreto en la zona de la Sierra burgalesa en Quintanar de la Sierra, Neila y, especialmente, en Hontoria del Pinar. Los actos festivos incluyen una serie de actividades más o menos estandarizadas adaptadas a los gustos actuales, y especialmente y desde el punto de vista etnográfico, las danzas rituales que tienen lugar el domingo tras la misa y son los que ilustran este artículo.

 

 

 

El grupo se compone de ocho danzantes adultos y dos zarragones que apoyan en el cambio de utensilios durante la danza. Su indumentaria consiste en camisa blanca con corbata, chaleco y chaquetilla corta adamascados; calzón de terciopelo negro o rojo, faja roja o verde. En la cabeza, pañuelo morado de seda. Los zarragones llevan chaqueta de paño con partes amarillas, verdes y rojas y pantalón de paño con un camal rojo y el otro amarillo y gorro rojo, verde y amarillo mezclados, puntiagudo y con cresta. En la espalda llevan escrito “HONTORIA Año 1730” y en la trasera del pantalón, “SOPLA TU”. En la mano un zurriago y al hombro una alforja para los palos.

 

 

 

Las danzas son de palos (que tienen la particularidad de ser de acebo), cada una con su nombre: “el Caballero”, “el Fraile”, “el Zapatero”, “Napoleón”, “las Peras” “el señor Cura”, “la Venada”… aunque el más peculiar es el de “el Sable”, que tiene lugar, como su nombre indica, con espadas simuladas. Tradicionalmente danzaban hasta que por su edad debían traspasar el palo a un danzante más joven generalmente un hijo. Hoy, debido a los achaques de la despoblación no existen ese tipo de restricciones. Se desconoce a ciencia cierta el origen de estas danzas hontorianas, aunque se habla de raíces celtíberas y guerreras. 

 


 

Buscando similitudes cercanas con los bailes de Hontoria, citaremos el caso de los grupos de danzantes de Navas del Pinar y Rabanera del Pinar, que originalmente bailaban también en estas fechas, o el de Aldea del Pinar, cuyo último registro data de mediados de los años cuarenta. No podemos olvidar los bailes de la aneja localidad de San Leonardo, ya en la provincia de Soria.

Termino el artículo con breve vídeo, que en este caso es más ilustrativo que las fotografías.

27/01/2021 19:05 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

JOSÉ LUIS HIDALGO

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José Luis Hidalgo (1919-1947)

 

Muerte

 

Señor: lo tienes todo; una zona sombría

Y otra de luz celeste y clara.

Mas dime Tú, Señor, los que se han muerto,

¿es la noche o el día lo que alcanzan?

 

Somos tus hijos, sí, los que naciste,

los que desnudos en su carne humana

nos ofrecen como tristes campos

el odio o el amor de tus dos garras.

 

Un terrible fragor de lucha, siempre

Nos suena oscuramente en las entrañas,

Porque en ellas Tú luchas sin vencerte,

Dejándonos su tierra ensangrentada

 

"Dime, dime, Señor ¿por qué a nosotros

 nos elegiste para tu batalla?

 Y después, con la muerte  ¿qué ganamos,

 la eterna paz, o la eterna borrasca?"

 

(José Luis Hidalgo, "Muerte")

 

25/01/2021 11:02 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ÁNGEL GUINDA

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Cajas

Lo diría una indígena y tendría razón.
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les depositan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Los Bancos y las Cajas hacen caja.
Y cuando mueren les introducen también en una caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.


(de Claro interior)
24/01/2021 20:18 MARIANO IBEAS #. BONJOUR TRISTESSE No hay comentarios. Comentar.

ERRI DE LUCA

 

Erri de Luca: albañil, activista, escritor y traductor del Antiguo Testamento

Berna González HarbourSubdirectora de EL PAÍS
Erri de Luca en el jardín de su casa.Erri de Luca en el jardín de su casa. LORENZO PESCE

Erri de Luca ha sido albañil, activista y traductor del Antiguo Testamento, además de escritor y amante de la alta montaña. Procesado por llamar al sabotaje de una línea de alta velocidad, ha vertido esta experiencia con la de su juventud militante en su nuevo libro, ImposibleDice que las causas justas lo espolean como a Rocinante.

El periodismo es ese ojo de la cerradura que nos permite observar otras vidas, doblegar la timidez y preguntar sin tapujos por lo más íntimo, lo que nos ayude a desnudar al elegido para aprender algún secreto valioso que desconocíamos, alguna fórmu­la luminosa, y eso es lo que hace Erri de Luca, gran escritor, insurgente y abanderado de la resistencia cívica, al abrirnos su casa, edificada con sus propias manos, en un lugar al norte de Roma. Esto no es una entrevista en un hotel, en un café, ni menos aún en la frialdad tecnológica de Zoom que impera hoy en muchas citas. Es un viaje a su chimenea, donde los leños se agotan rápido uno tras otro atizados por sus largas tenazas. Donde figuras de cabras de todo tipo y condición adornan la repisa en honor a su animal favorito que –asegura– ha hecho posible la civilización mediterránea. Conversamos aquí de cabras y revoluciones al calor del fuego, la taza de café entre las manos, vigilados desde la pared por una Moby Dick en madera, algún Pinocho y todas las etiquetas de los vinos que se han disfrutado en este espacio. En esta casa. En este lugar del campo entre Roma y el lago de Bracciano que le acerca simultáneamente al mar y a la montaña, a los que vive conectado como a su particular respirador.

Albañil durante 20 años, camionero para trasladar ayuda humanitaria a Bosnia, cooperante en Tanzania, alpinista, traductor de la Biblia, políglota autodidacta, exmilitante izquierdista, procesado por su defensa de los ambientalistas del Valle de Susa, lector: todas sus facetas definen a este italiano flaco, fibroso, de rostro curtido y mirada noble que se resiste a ser catalogado con la que le ha dado la fama, la de escritor. “Ahí me siento un intruso. Para mí escribir es una fiesta, no un trabajo”.

Porque Erri de Luca (Nápoles, 1950) se ha construido a sí mismo como ha construido esta casa en piedra de amplios ventanales abiertos a la claridad del sur y muros al norte con algunos paveses por los que se suele colar la luz. Hoy cae el diluvio universal, hace frío y hasta los felpudos de esta cocina están empapados en contraste con la calidez que exudan su casa y él.

Una de las muchas figuritas de Don Quijote y su caballo Rocinante que posee De Luca.Una de las muchas figuritas de Don Quijote y su caballo Rocinante que posee De Luca. LORENZO PESCE

“Cuando era albañil, si después de mi jornada de trabajo podía dedicar media hora a escribir, para mí se justificaba el día. Era tiempo salvado de la jornada, no un trabajo adjunto, sino todo lo contrario”, cuenta arrebujado en su silla, la misma en la que escribe a mano día tras día sobre una tabla hallada en la playa. “Si la literatura hubiera sido un trabajo, no lo habría hecho. ¿Al trabajo añadir otro trabajo? ¡Ni hablar! Entonces me habría ido a jugar a las cartas, no a escribir. Por eso no logro identificarme con gran parte de los escritores”.

Pero vayamos al principio: de niño devoró la biblioteca de su padre, un agente comercial napolitano, hijo de norteamericana, que acumulaba literatura italiana, francesa, estadounidense y sobre todo libros de historia contemporánea en los que intentar entender su tiempo. De Luca tiene un profundo sentido generacional. Las guerras, revoluciones y generaciones son temas constantes en su conversación y en su obra, y si se enganchó a los libros de historia fue precisamente porque para él no se trataba de eso, sino de una educación sentimental, una transmisión de aquello que su progenitor había vivido sin comprender. “Mi padre se encontró inmerso en las grandes catástrofes de la primera mitad del siglo sin entender nada. Al fin y al cabo, los testigos de la historia no son espectadores invitados al espectáculo, sino gente que de repente se encuentra en medio de una gran confusión sobrellevando todo lo mejor posible. Y yo quería entenderlo”, asegura.

Y así fue cómo, leyendo historia y especialmente un libro de George Orwell que le marcó, Homenaje a Cataluña (1938), cultivó los sentimientos de cólera, compasión y vergüenza que le conectaron con su militancia. A los 18 años se largó de casa y se alistó en Lotta Continua, una formación de izquierda extraparlamentaria que vivió como un movimiento arrollador, enmarcado en el furor revolucionario que agitaba el mundo y que le llevó a calabozos, persecuciones policiales y esa vida azarosa que no incluyó la clandestinidad, ni menos aún la acción armada. “Esa no fue mi lucha. Por temperamento no me puedo esconder, sino actuar en la plaza pública. Es una cuestión de claustrofobia política”, subraya con una sonrisa segura.

El escritor en la cocina de su casa, en una zona rural entre Roma y el lago de Bracciano.El escritor en la cocina de su casa, en una zona rural entre Roma y el lago de Bracciano. LORENZO PESCE

—¿Mereció la pena? ¿Cree que consiguieron su objetivo?

La respuesta es rápida y es “sí”. De Luca se siente parte de la última generación revolucionaria de un siglo revolucionario que cambió la geografía del mundo, que vio el fin de imperios coloniales y la caída de grandes tiranías. Mientras la insurgencia se extendía por todos los continentes, “nosotros estábamos dentro del gran horno del mundo”. Tiempos distintos de los actuales, porque esa izquierda en Italia era tan masiva desde el punto de vista poblacional y estaba tan enraizada en tantos ámbitos de la sociedad que logró grandes cosas.

Tras la mesa de la cocina del escritor se pueden ver las etiquetas de muchos vinos que se han disfrutado en su hogar.Tras la mesa de la cocina del escritor se pueden ver las etiquetas de muchos vinos que se han disfrutado en su hogar. LORENZO PESCE

“Fue el momento en que los obreros conseguimos el mayor poder, la mayor orientación de la vida social, cambiar las condiciones laborales de las fábricas… El cine se ocupaba de los obreros, la literatura también. Esas luchas han generado una energía y una conciencia tan fuertes que toda esa masa obrera llegada del sur en condiciones de opresión y miseria se unió y obtuvo resultados. Hicimos lo necesario, lo que había que hacer, y por ello fuimos la generación más encarcelada por motivos políticos de la historia de Italia”.

Sus palabras engarzan con su nueva novela, Imposible (Seix Barral), que seguramente se lee más rápido que este prólogo con el que hemos llegado hasta ella. De esto trata: un antiguo combatiente de izquierdas se enfrenta al interrogatorio de un juez que le acusa de matar al confidente que le traicionó en su juventud. Ambos, viejos compañeros de revolución, han coincidido en la montaña, el confidente se ha despeñado y el detenido intenta explicar al magistrado que todo ha sido una casualidad. Que el montañismo habita en el mismo lado de la vida que la decencia y el honor, no en el lado oscuro de la venganza. Brioso diálogo de sordos, porque a la autoridad judicial del joven juez se sobrepone siempre la autoridad moral del detenido, y a este se le impone a su vez el acartonado aparato judicial.

Y de eso va, acaso, su propia vida: del choque entre justicia y ley.

De Luca pone el ejemplo de un niño que sabe perfectamente cuándo un hecho es ofensivo y, sin tener conocimiento alguno de la ley, se queja y acierta: “Esto es injusto”. “Para mí justicia y ley son cosas distintas. La justicia es un sentimiento claro que no tiene nada que ver con la ley, que en ocasiones es contraria a la justicia”. El Parlamento italiano, por ejemplo, prohibió que los pescadores salvaran a los inmigrantes náufragos a costa de perder su propio barco. “Es una ley injusta y, por tanto, debe ser combatida, saboteada”.

Inevitablemente esta novela retrotrae a su propia experiencia ante los tribunales: en 2013 fue acusado de incitación a la violencia por defender el sabotaje de la línea de alta velocidad Lyon-Turín, un mastodóntico proyecto que durante más de dos décadas ha generado protestas contra la perforación de unas montañas del Valle de Susa que albergan amianto y pechblenda. Esta fue la frase que le llevó al banquillo: “Las mesas de negociación con el Gobierno han fracasado. El sabotaje es la única alternativa”. Y este el debate que se desató: ¿libertad de expresión o incitación a la violencia?

El Tribunal de Turín le absolvió en 2015 y el pulso judicial entre ambas miradas de la misma cuestión se convirtió en altavoz de unos ideales que plasmó en el libro La palabra contraria. “Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo”, reza la portada de este panfleto vibrante, indispensable en tiempos convulsos.

Aquella lucha, la de los vecinos del Valle de Susa, es una de las que defiende no porque la haya elegido, asegura, sino porque las causas le saltan a la chepa y él no puede zafarse. “Yo no busco en el periódico por la mañana qué causas me pueden interesar. Me ocurre que ellas me agitan, me llaman, me convocan. Podría apoyarlas por simpatía, desde lejos, pero cuando me llaman, para mí no es una invitación, es una orden”. Así también le llamó Médicos Sin Fronteras para subirse a un barco en el Mediterráneo y allá se fue para participar en un rescate. “Yo no decido. Es la fuerza de las cosas la que me atrapa”.

Por ello acudió a Bosnia a llevar ayuda humanitaria en cuanto empezó la guerra de Yugoslavia, la primera en el continente desde la mundial, y por ello este autor que tanto se ha referido al Quijote no se declara cervantino, sino “rocinantino”. “Yo soy de Rocinante, mi identificación es con Rocinante porque, como un caballo, también yo he sido cabalgado por distintas causas que me han saltado a la grupa y no he podido hacer otra cosa que galopar en esa dirección. Entiendo la fatiga de Rocinante al ser espoleado por unas razones de fuerza mayor a las que no puedes renunciar”. Y todo junto a un personaje, el Quijote, invencible no porque no le venzan, dice, sino porque nunca duda en volver a ponerse en pie para luchar. “Quijote jamás será derrotado aunque le ganen y esa es la historia del siglo XX: las revoluciones han sido por necesidad, invencibles por esos mismo”.

El fotógrafo nos interrumpe por una buena razón: ha escampado y es el momento idóneo para tomar fotos en el exterior. Dócil y obediente, Erri se enfunda su chubasquero amarillo y posa en el prado húmedo, donde distinguir el almendro, la mimosa o el limonero que suelen estar presentes en sus libros es como encontrarse con viejos amigos. Ahí están, tal y como los ha descrito, una parte tan fértil y permanente de su existencia como su fructífero tesón.

No tiene animales, bromea, porque “yo mismo soy suficiente animal”, y corre a enseñar la parte trasera de su casa en la que, entre las piedras que la ensamblan, algunas sobresalen para permitirle un circuito de escalada siempre a mano. “Aquí entreno todos los días”, cuenta. Su mirada se ilumina al hablar de la montaña y a ello llegaremos, porque antes aún quiere profundizar en su obsesión: las causas y las generaciones.

Los jóvenes, sostiene, no es que sean conformistas. Es que hoy forman una generación numéricamente insignificante. “Nosotros éramos mayoría en una sociedad salida de la guerra y que debía reconstruirse, ellos son pocos. Italia ahora es vieja, los jóvenes son escasos y además se van al extranjero. En esa situación de inferioridad no pueden hacer valer su fuerza de adultos”.

Al fin y al cabo, él se crio en la posguerra de un Nápoles que renacía del fascismo entre cascotes y hambre, del desembarco norteamericano y de una fisura moral que tan bien reflejó en El día antes de la felicidad. Su padre había hecho la guerra con la infantería alpina y ese fervor montañero estaba servido. Para él, la montaña es un encuentro y tiene su explicación.

Hemos vuelto a la cocina y Erri aviva el fuego. La leña está casi agotada y él sale de nuevo a recoger más troncos. Las paredes están llenas de maderas con figuras curiosas que ha ido atrapando en sus paseos, y es que este escritor es un continuo explorador. El alpinismo, cuenta, empezó cuando las exploraciones habían terminado, cuando el hombre había terminado de descubrir la tierra, de ponerla en mapas, y solo faltaba esclarecer la montaña. “Es el último párrafo de la geografía”, cuenta. “Los confines que la propia tierra ha establecido al amontonarse sobre sí misma”.

Cuando se adentra en la montaña, en esos confines perpetrados por la pulsión interna de la naturaleza, siente que al fin entra en un mundo sin propiedad privada, donde no hay que pedir permiso porque solo se obedece el trazo natural, donde solo queda la piedra, el reino mineral, y la civilización no ha llegado. “Es el lugar donde podemos ver cómo era el mundo antes de nosotros y cómo volverá a ser después de nosotros. Nuestra presencia es insignificante. Allí no estamos invitados, somos intrusos”. Es la justa proporción entre la vida y el tiempo, entre la persona y el planeta.

La montaña le permite además adentrarse en ese territorio ajeno para luego regresar a su mundo, la misma sensación que le regala, por cierto, la lectura bíblica que practica cada mañana antes de iniciar su jornada.

Tenía 30 años cuando una Biblia llegó a sus manos y este extraño rocinante de causas perdidas, revolucionario temprano e insurgente vitalicio se hizo adicto al Antiguo Testamento. Aún era albañil y le gustó precisamente porque no era literatura. “Vi que aquello no intentaba fascinar al lector, no buscaba que me identificara con un personaje, era otra historia”. Así, al disponerse a salir rumbo a Tanzania, donde iba como voluntario a trabajar en materia de agua, se llevó una gramática de hebreo antiguo, la lengua que fijó por primera vez la historia del monoteísmo. “No se sabe en qué lengua hablaba Dios, pero sí en qué lengua se verbalizó su historia, y me nació la curiosidad del explorador, de conocer la lengua en la que el monoteísmo logró imponerse en el Mediterráneo y cancelar a todos los dioses precedentes”.

En África fue aprendiendo hebreo antiguo además de suajili, la única lengua que ha aprendido para hablar. “Las demás las estudié para leer: el arameo, el yidis, el francés, el inglés… y el español para leer a Borges. Es el único escritor del siglo XX que es obligatorio. Los demás son optativos”. Sobre la mesa de la cocina luce abierto un libro de Chéjov en edición bilingüe rusa e italiana.

Y, sin embargo, en absoluto es creyente. “Soy leyente”, ríe. Y por mucho que aquella escritura no intentara atrapar y fascinar, a él le atrapó y le fascinó ese Dios bíblico que no quería ser representado, como todos los dioses griegos y mediterráneos de las religiones entonces en vigor, que tenían imágenes hasta para el dios desconocido. El Dios cristiano quería ser pensado, amado, dicho, sentido a través de la imaginación y el vocabulario. “Es una divinidad que habla, que dice, y esto fue una novedad en la historia. Las palabras permitían ponerse en contacto con él y entenderle. Y no solo comunicarse, sino también crear. Creaba a través de la palabra”.

El Dios que le fascinó intelectualmente quería además amor, la energía más potente de la humanidad, y había que amarle “con todo el corazón, con todo el aliento y con todas las fuerzas”. “Con todo menos con la cabeza, esta no contaba”. De Luca se crece al hablar de ese ser que, a partir de la palabra y el amor, derribó el politeísmo.

Palabras y amor. Para qué nos vamos a engañar. ¿Qué más se puede pedir? Su amor vive en Estados Unidos, pero ambos mantienen una relación muy cercana. Y sus palabras viven aquí más intensamente que el fuego que hace crepitar bajo sus tenazas. Retoma la tabla en la que escribe, que acaricia con sus manos, para describir cómo la escritura es para él una voz. “Mis historias son sobre todo una voz que está hablando, por eso mis frases no son nunca más largas que la respiración que dura leerlas. El punto llega cuando hay que volver a tomar aire. A veces abandono las historias, no planifico y no estoy obligado a encontrar un fin. Si viene, viene, y si no viene, pues no viene”.

No quiere definir su estilo porque no se reconoce en ninguno y en todo caso lo identifica con la condensación que permanece cuando el agua de las olas se ha retirado, los pozos se evaporan y entre las rocas queda la sal. “La escritura es lo que ha decantado el mar, lo que queda de una vida vivida, es la densidad, es la sal”. Si fuera una música, dice, sería un tambor. “Las sílabas caen según su propio ritmo”, cuenta mientras repiquetea con sus manos en las rodillas en una cadencia magnética.

Llega la hora de ir cerrando, de posar, y de cocinar. Erri de Luca dejó la albañilería y los trabajos físicos cuando, con más de 40 años, sus primeros libros publicados casi por casualidad se convirtieron en los más vendidos de Italia. Jamás pensó que aquello le pudiera interesar a nadie y que su vida, esponja de la última mitad del siglo XX y lo que va del XXI, se iba a convertir en materia prima de sus historias sencillas. De Luca es el niño de El día antes de la felicidad o Los peces no cierran los ojos. Es el viejo de Imposible. Es el insurgente de La palabra contraria. Y no es la Virgen de En el nombre de la madre, ironiza, porque él no ha podido vivir un embarazo. En todos —estos y otros muchos libros memorables— ha depositado tanta riqueza como sencillez. Y de todas las batallas que ha librado, las perdidas o las ganadas, ha vuelto a ponerse en pie. Si no como el Quijote, dice, como el Rocinante obediente que vuelve a cabalgar llevando a lomos sus principios a otra parte.

De Luca es un hombre sin hijos. Pero suele meter a niños en sus libros porque —asegura— aún tienen ante su vista todas las posibilidades abiertas, como una montaña con todas las rutas disponibles. A medida que avanza la vida, como en la escalada, se reducen hasta llegar a una sola. La suya, por fortuna, le sigue llevando lejos.

El viaje a su chimenea ha terminado, el ojo de la cerradura se ha cerrado. Y el fuego sigue vivo.

09/01/2021 18:27 MARIANO IBEAS #. 1 NEWS No hay comentarios. Comentar.

FRANCISCO ESPINOZA DUEÑAS, MI MAESTRO

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El taller de Francisco Espinoza Dueñas, en la calle Bernardino de Obregón, en el barrio de Las Huelgas, en Burgos, quedaba cerca del cuartel de Sanidad donde yo hacía el servicio militar.

Una tarde me acerqué al taller, conocí al maestro; estuve charlando con él, me habló de su vida y su experiencia, intercambiamos opiniones, teorías y repetí así muchas veces. 

El cambiar la ropa de cuertel por la bata de ceramista me cambiaba el día; y así comenzó mi experiencia en el torno, mis pequeñas tareas de ayudante y también mis tardes de alumno-aprendiz con el maestro.

Porque Espinoza era sobre todo un maestro; también pintor, grabador, escultor, muralista, ceramista. Pero siempre pensador, pedagogo, y maestro, sobre todo maestro.

Y yo, hoy después de su fallecimiento a los 94 años me considero huérfano.

 

Aquí el artículo de Fernando Iwasaki en El País Semanal de 3/01/2021

https://elpais.com/elpais/2020/12/28/eps/1609172255_836468.html

05/01/2021 09:42 MARIANO IBEAS #. IN MEMORIAM No hay comentarios. Comentar.

GUADALUPE GRANDE IN MEMORIAM

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OFICIO DE CRISÁLIDA
Durante un tiempo estuve muerta:
hubo hambre y cansancio,
y el sonido del mar y el aroma de los alimentos
y la luz de la vida poblándose, reuniéndose;
pero algo estuvo muerto.
(nada existe más allá del instante
nada germina nada surge
las horas pasan sin hacer ruido
niebla que empaña cuanto toca)
Fue imposible rastrear los pasos en el tapiz
y ni siquiera hubo obstinación,
pues lo primero que un muerto pierde es la memoria;
comencé a olvidar sin ningún plan ni itinerario
y no hubo signo premonitorio
que advirtiera la llegada de esa calamidad.
(acariciaste mi sombra afanosamente amor
pero entonces ya estaba muerta
hilachas de deseo en la piel y espuma muerta en
la boca
que estar muerto es triste y dura mucho e indigna a
quien lo presencia)
Durante un tiempo estuve muerta
como una crisálida guardada en una caja de cartón,
detenida en el umbral, olvidada del gusano y de la mariposa.
Instante perpetuo, cómo duele despertar de tu sosegada indiferencia,
de tu dócil y atónita bondad.
La vida nos sabe a poco
el mar no nos basta
Somos un signo de interrogación
que ha perdido su pregunta

 

 (Guadalupe Grande)

Del Face de José Luis Ferris.

03/01/2021 09:45 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CANTANDO LAS TABLAS

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CANTANDO LAS TABLAS.
Cunchillos-Tarazona (Zaragoza) (Años50-60)
Era un desgañitarse, un griterío entremezclado, ensordecedor y confuso. Canto coral anárquico, una escandalera. Cada uno, lo recitaba a voz en grito. Era una letanía gritona, imposible de entender nada, solo tu grito resonaba en tu cerebro. Algunos, lo acompañaban con movimientos arriba y abajo de cabeza, con golpes acompasados de manos o patadas en el suelo de tarima. El ruido, el olor, a escuela vieja, a tiza y polvo, lo inundaba todo. Las ventanas cubiertas de vaho no dejaban ver las nieves del Moncayo.
Una plegaría, un rezo, unas tablas, repetidas hasta el infinito, se graba de por vida en el cerebro en desarrollo del niño.
Aquel día, tocaba cantar las tablas. Tablas de multiplicar, sumar, dividir o restar. En la escuela estábamos divididos por edades. La escuela era mixta, cuarenta y siete entre niños y niñas, todos juntos, y revueltos desde los cinco a los doce años.
Yo entré a la escuela con seis años, que era la edad obligatoria, si entrabas a los cinco, había que pagar al maestro. Mi madre, no tenía una perra, y no estaba para esos gastos, así que entré cuando en marzo cumplí los seis años.
Lo que me viene a mi mollera, era aquello de repetir las tablas, y sobre todo las de multiplicar y dividir. Las de sumar y restar, como que casi no me acuerdo de haberlas cantado. La del siete, era la que mas me costó aprender, no sé muy bien por qué sería, se me atragantaba, me liaba.
Lo de cantar las tablas, es algo que tengo gravado como si fuera el canto de la Lotería de Navidad. Se cantaban con un ritmo, con un tono. Todavía estoy pensando, quien sería el creador de ese tono tan original, especial, único. A veces, me recuerda a los niños musulmanes recitando y aprendiendo de memoria, el Corán en las escuelas coránicas.
Sea como fuera el método, hoy es el día que me sé todas las tablas del uno al diez y del diez al uno.
Aquel método de enseñanza era genial, al estar juntos grandes y chicos, lo que repetían los mayores se nos quedaba a los más pequeños, así que cuando pasábamos a otra cartilla, ya lo habíamos oído un montón de veces.
Ya habrá tiempo para extenderme en otros relatos de la escuela, hoy solo quería contar aquellos recuerdos de cantar las tablas.
Cuando el maestro se ausentaba de clase, nos mandaba como deberes, el repasar las tablas. Aquello era una escandalera, cada uno intentaba gritar más que nadie. Solo cuando la Rosa Mari, veía venir al maestro a través del vaho, se bajaba el tono, dando antes un redoble con los pies y las manos, empujones y todos a callar, que ya sube el maestro por la escalera.
Ahora, me rio de aquel griterío, maravillosos cantos corales de las tablas.
-José Luis Gómez Ledesma, un cunchillero en Getxo
-Domingo, 27 de diciembre de 2020.
La imagen puede contener: texto que dice
27/12/2020 19:46 MARIANO IBEAS #. LA LISTA DE LOS REYES GODOS No hay comentarios. Comentar.

UN VIAJE EN TRANVÍA

UN VIAJE EN TRANVÍA

20130403193406-ana-bozal.jpgUN VIAJE EN TRANVÍA
En principio el viaje no debía ser más que eso, un viaje más de casa al centro de la ciudad.
Y sin embargo.
El convoy  dio un pequeño latigazo y se paró. Estos sistemas de transporte tan nuevos, tan automáticos, tan sofisticados parecen tener vida propia y tomar sus decisiones de modo independiente, por encima  de la voluntad del conductor… y de los viajeros.
El conductor no daba crédito, estaba nervioso; las pantallas y las lucecitas del tablero de a bordo estaban apagadas. Sólo funcionaban los sistemas de visualización de las aceras, y el micrófono de interconexión __ supongo__ con la unidad central.
Yo estaba  sentado en la primera fila en sentido de la marcha y el convoy iba casi de vacío; un buen lugar para curiosear lo que se cocía en la cabina del conductor.  A mi lado viaja una señora de unos cincuenta años. En el convoy cincuenta o sesenta personas.
El resultado del parón: un traspiés para  unos cuantos viajeros que viajan de pie  y una joven que se queja de un dolor en la muñeca…  Hay comentarios para todos los gustos:
__ “Debe dar parte”
__ “Tiene que pedir un parte”
__ “¿Parte de qué, a quién?”
__ “Parte del incidente al conductor.”
__ “No, que se lo harán en urgencias”.
__ “No, que se lo hará el conductor”
__ “No, pero si ya casi no me duele”
__ “Sí , pero por si acaso, usted vaya a urgencias, que luego nunca se sabe”.
Oigo que la joven habla por teléfono:
__ “Sí, acabo de llegar a Zaragoza… sí, todo bien, sí, enseguida, sí, ahora mismo llego…”
El conductor  habla de nuevo por el interfono y  pone en marcha el convoy;  en la parada siguiente, se acerca la joven a la cabina, explica someramente lo ocurrido y el conductor le pide sus datos, “para confeccionar el parte”. Aparece un inspector, nueva explicación y le ofrece a la joven un papelito con los teléfonos  de contacto “por si acaso”, se deshace en amabilidades y el convoy continúa su recorrido…
                                            ***
Contemplo El Ebro, crecido en una avenida que dura ya casi dos meses, a ambos lados del puente de Santiago como desde un escaparate;  el agua baja color barro a buena velocidad, las últimas lluvias le han dado fuerzas y ocupa el espacio con una subida de cuatro a cinco  metros; los bomberos montan guardia a la altura de Helios y los patos  exploran  las orillas.
Mientras tanto, la señora que se sienta a mi lado llama por teléfono móvil, es un modelo desgastado y antiguo. Le responde una voz infantil. Hoy es martes después de Pascua  y también los días siguientes de la semana, los escolares en esta comunidad no tienen clase…
__ ¿Quién?
__ …. , ….,
__ ¿ El tío Alberto?, no puede ser…
La señora está cada vez más nerviosa, a punto de estallar en llanto.
__“ Tú,  tranquilo, ahora llego a casa, tú tranquilo… ya llamo yo, ahora llego”...
 La señora no acierta a marcar un número el teléfono, el teléfono no funciona, lo estruja, desmonta la tapa trasera, presiona la pila, la tarjeta y al final… lo consigue, marca un número de contacto:
__ “Mi  hermano, Alfredo, ha muerto”.
La señora suspira profundamente, se esconde tras sus gafas, arruga un pañuelo,  se mueve, nerviosa,  rebusca en el fondo del bolso, un monedero, las llaves… aprieta nerviosa un manojo de llaves…
__ ”Señora, ¿le ocurre algo?,¿ puedo ayudarla?”__ esto es lo que pienso, pero no lo digo.
No sé qué podría decir,qué podría hacer en realidad,para ayudarla. “No se deben escuchar las conversaciones de los demás,__ pero la vida se exhibe a través de los teléfonos móviles__, no se debe intervenir, inmiscuirse en la vida de los otros”.  Ciegos y sordos  a lo que ocurre alrededor, somos  sólo viajeros, usuarios, clientes, coincidentes, coexistentes, medio millón de personas que pasan unas al lado de otras… indiferentes, cada día.
Prefiero no pensar. Entiendo que es difícil ayudar, en ese momento y en esas circunstancias…; solamente puedo esperar  y desear que el convoy siga su camino, que no haya más incidentes, que vaya más deprisa, que la señora llegue a su destino, cuanto antes…
Yo me bajo en la próxima.  Un timbre me alerta. La voz del sistema anuncia mi parada.
La señora que durante el trayecto fue mi compañera de asiento en un viaje del tranvía, sigue sentada, a punto de  estallar en llanto seguramente,  pero no lo hará hasta la próxima parada, cuando llegue a su destino, cuando se baje… Yo no lo veré.
Yo me bajo, ésta es mi parada,  la vida sigue…

                                                     Mariano Ibeas  2/03/2013
23/12/2020 16:35 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ENCADENADOS

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Estuve en Cuba y me acordé de ti. Te envío una foto para tu colección de bicis.
Esta bicicleta en una calle humilde de Trinidad de Cuba es en sí una metáfora de la vida, del pueblo cubano y de la isla.
La absoluta necesidad, la carencia de casi todo, pero también la voluntad de seguir viviendo, marcan el día a día de los cubanos.
Una bici preparada para llevar, por esas calles empedradas hace siglos por los descendientes de españoles, en un asiento de fortuna, un niño o un niña al colegio. Una bici encadenada__ con otra cadena de bici, por cierto__ es también un signo, porque hay otros más pobres todavía que no tienen bici, y deben ir andando...
Un abrazo, Antón
y gracias por las veces que te birlo algún comentario.
Mariano Ibeas.
...

 
23/12/2020 11:59 MARIANO IBEAS #. COSAS QUE VEO POR AHÍ... No hay comentarios. Comentar.

LECCIONES DE HISTORIA

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LECCIONES DE HISTORIA

En casa había una vieja Enciclopedia Escolar, anterior a las de Álvarez, porque, mirando la parte de la Historia, se terminaba en La Segunda República…  podría ser  un texto __ lo tengo que mirar en el desván de Rafa Castillejo__, posiblemente de la Editorial Dalmau Carles Plá, y tenía bellas láminas y dibujos… podría haber sido una herencia de mis abuelos o la de un tío cura que se llamaba Don Alejandro;  era antigua seguramente, pero estaba impecable. Yo tenía bien aprendida la lección de que los libros eran objetos preciosos y había que tratarlos con cuidado.
Aparecían los nombres y los grabados de Dn. Práxedes Mateo Sagasta, Dn. Niceto Alcalá Zamora, Dn. Manuel Azaña o Dn. Alejandro Lerroux…  Aquello parecía muy raro, porque yo conocía a una antigua maestra que se llamaba Doña Práxedes... ¿y cómo un hombre podía llamarse también Práxedes?. No tenía ningún sentido.
Yo me empeñé en llevarla a la escuela para enseñársela a mis compañeros; algunos no tenían en casa ni un solo libro, ni tebeos siquiera; a mí me parecía también extraño, porque yo  gozaba de un verdadero tesoro de libros en el desván.
Estábamos entretenidos en el pupitre, seguramente apiñados cabeza con cabeza, mis compañeros y yo alrededor de la vieja enciclopedia, cuando apareció Doña Prudencia.
Nos arrebató el libraco de las manos, hojeó un momento la enciclopedia y cuando llegó a la parte de Historia de España, poco a  poco se fue poniendo pálida, y luego roja de ira, y después se puso a gritar y arrancó con furia unas cuantas páginas, las hizo trizas y las arrojó a la estufa que en invierno estaba siempre encendida.
Me gritó enfurecida:
__ “Llévate ese libro a casa y no lo vuelvas atraer nunca más”
Yo no entendía nada y creo que desconsolado me puse a llorar. ¿Cómo iba a saber que en las otras enciclopedias se pasaba directamente de la Guerra de la Independencia al Glorioso Alzamiento Nacional? ¿Cómo iba a explicar aquello en casa?  ¿Y cómo iban a creerme, aunque les dijese la verdad?
__¿ Qué ha pasado? ¿Quién ha sido?
__ Ha sido la maestra, Doña Prudencia.
Mis padres me creyeron, a su pesar.
Lo que hacía o decía el maestro era ley: si te había pegado, era cuestión de callarse, esconder los chichones o los moratones, porque en casa podían pasar de decir: “algo habrás hecho” o “con razón te lo has ganado”,  o incluso, no decían nada y aumentaban la paliza…, aunque mis padres no eran de esos, era imposible ocultar el desaguisado y más entender el porqué  de la furia censora de la maestra…
Yo no sabía todavía que la maestra tenía miedo, miedo a perder su trabajo,  que había libros prohibidos y que el ángel del paraíso con su espada vengadora había  expulsado para siempre a determinados nombres del libro de la historia…
Lecciones de la Historia, una vez más.
Mariano Ibeas

21/12/2020 17:06 MARIANO IBEAS #. LLENAR EL VACÍO No hay comentarios. Comentar.

ELENA GASTÓN NICOLÁS

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15/12/2020 19:59 MARIANO IBEAS #. BONJOUR TRISTESSE No hay comentarios. Comentar.

AMARUS ESTIS...

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Amarus estis , Dómine
sicut nectaris bryoniae,
ut sulphur in lactucca
aut azymum panis
ad tradendum qui non indiget,
amarus ut intonsum osculum
quis perdidit quaevis ora,
sicut nectaris aurea malus
rapta cutis transitu;
Acerba metus
ut tenebras tibi motus
nigrum sicut nox ante aurora
et gemitum horrendum,
amarus quasi oliva
ut non faciebant oleum
vel eduntur in sacram coenam;
quid credis, Domine?,
nos etiam acerbitatis imples.

Mariano Ibeas, tomado de un texto de María Otal.
(¡toma ya latín macarrónico!)

07/12/2020 09:50 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PRINCESA INCA

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LA NIÑA- PRESA

El principio de la tarde
se quiebra en las piedras del parque

quemando en su temblor va esa chica.

¿Dónde guardas el día aquel
en que no llorabas
y el amor íba y venía?

Muy lentamente irás recuperando la fuerza
a pesar de la medicación que te escupen...
Abre al cielo tus manos como palomas
y deja que la lluvia de mañana
resbale en esa piel tuya
de blancura y precipicio.

Sobre el asfalto cae gris tu mirada
que odia y se traga lo que gritaría.

Eso,mujer-niña...
Grita.Grita.Grita.

Te escuchará la nada,
pero quizás también
los que vivimos insomnio de viento
cuando la ciudad se calla.

Princesa Inca

https://www.facebook.com/princesa.inca.

27/11/2020 19:50 MARIANO IBEAS #. BONJOUR TRISTESSE No hay comentarios. Comentar.

FRANCISCO BRINES

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FRANCISCO BRINES (Premio Cervantes 2020)

Otoño inglés

No para ver la luz que baja de los cielos,

Incierta en estos campos,

sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra

a las hojas asciende y las abrasa.

Yo no he salido a ver la luz del cielo

Sino la luz que nace de los árboles.

Hoy lo que ven mis ojos

no es un color que a cada instante muda su belleza,

y ahora es antorcha de oro,

voraz incendio, humareda de cobre,

ola apacible de ceniza.

Hoy lo que ven mis ojos

es el profundo cambio de la vida en la muerte.

Este esplendor tranquilo

es el acabamiento digno de una perfecta creación,

más si se advierte

la consunción penosa de los hombres,

tan solo semejantes en su honda soledad,

mas con dolor y sin belleza.

 

El hombre bien quisiera que su muerte

no careciese de alguna certidumbre,

y así reflejaría en su sonrisa, como esta tarde el campo,

una tranquila espera.

               (Belleza del durmiente

que agita imperceptible el mudo pecho

para alzarse después con mayor vida;

como en la primavera los árboles del campo)

¿Cómo en la primavera…?

No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte,

sino el soñar del árbol, que desnuda

su frente de hojarasca,

y entra así cristalino en la honda noche

que ha de darle más vida.

 

Es ley fatal del mundo

que toda vida acabe en podredumbre,

y el árbol morirá, sin ningún esplendor,

ya el rayo, el hacha o la vejez

lo abatan para siempre.

En la fingida muerte que contemplo

todo es belleza: el estertor cansado de las aves,

la algarabía de unos perros viejos, el agua

de este río que no corre,

mi corazón más pobre ahora que nunca,

pues más ama la vida.

 

La rotas alas de la noche caen

sobre este vasto campo de ceniza:

huele a carroña humana.

La luz se ha vuelto negra, la tierra

sólo es polvo, llega un viento

muy frío.

Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro

sólo habría dolor

si un hombre contemplara la caída.

Y he llorado la pérdida del mundo

al sentir en mis hombros y en las ramas

del bosque duradero,

 el peso de una sola oscuridad.

 

               (De Palabras a la oscuridad, 1966)

17/11/2020 19:38 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

BENITO PÉREZ GALDÓS

BENITO PÉREZ GALDÓS

El escritor español más popular del siglo XIX tiñó con su apellido una ciudad entera que no era la suya. El idioma en el que tanto escribió terminó acuñando un adjetivo que aún hoy define Madrid: galdosiano. Pero Benito Pérez Galdós había nacido a mucha distancia de la capital que tantas veces le sirvió de escenario, en Las Palmas de Gran Canaria, unos 1.800 kilómetros que solo se salvaban con un pesado viaje en tren desde/hasta Cádiz y una travesía de tres días en barco. Su ciudad, hoy novena de España en población, apenas contaba con 17.000 habitantes el año en que nació Galdós, en 1843.

Pasó en ella los 19 primeros años de su vida, pero Canarias apenas aparece explícitamente en su obra. Tan solo en un relato firmado con seudónimo en la prensa de Las Palmas, en el diario El Ómnibus, en 1866, cuando ya se había asentado en Madrid. Necrología de un prototipo describe con aires siniestros al palanquero del órgano de la catedral de Santa Ana, aledaña al lugar donde vive el joven Benito. “Es una especie de Maese Pérez el organista [personaje creado por Gustavo Adolfo Bécquer], pero más monstruoso, caricaturizado, que bien pudo inspirarse en una persona real”, detalla la profesora Yolanda Arencibia, catedrática emérita de la Universidad de Las Palmas y autora de Galdós. Una biografía (Tusquets, 2020), Premio Comillas de Historia, Biografías y Memorias.

Un temprano lío de faldas algo tuvo que ver en su alejamiento de Canarias. María Josefa Washington, Sisita, era la hija natural de un tío materno de Benito. La había tenido con Adriana Tate, una angloamericana, otros dos de cuyos hijos se casarían a su vez con dos hermanos de Benito Pérez Galdós. Adriana y Sisita, nacida en Cuba, se asentaron en Gran Canaria. No es difícil imaginar el choque que aquella enmarañada familia de indianos cosmopolitas provocó en la sociedad pacata de Las Palmas; tanto más en la madre del joven Galdós, Dolores, una Doña Perfecta religiosa y sentimentalmente austera, que además tenía idealizado el futuro como abogado de su niño bonito, su décimo hijo, el benjamín.

 “Sisita y Benito eran de la misma edad y estaba cantado que iban a enamorarse. También estaba cantado que la madre de Galdós viera aquello como un enorme problema”, detalla Yolanda Arencibia. Entre clases y clases de inglés que Adriana Tate le daba a aquel joven, “alto, guapo, ocurrente, inteligente”, como lo describe la biógrafa, Benito se veía con Sisita. “Una relación temprana habría supuesto un enorme trastorno para el futuro del joven”, cree la experta, máxime con la chica que para Dolores Galdós era el recuerdo vivo de los amoríos pecaminosos de su hermano.

Fuera solo por el deseo de alejarlo de la joven o no, la familia envía a Benito a Madrid para que estudie Derecho. Sobre la causa última de aquella marcha, la familia guardó una discreción férrea. Pero años después de la muerte del escritor, María Teresa León escribió las confidencias que un sobrino nieto de Galdós compartió con ella: le había dicho que Sisita se había quedado embarazada y que luego abortó. Murió a los 28 años.

En Madrid, Benito descubre una ciudad de mejor apariencia que la que él se imaginaba. Es cierto que es el escenario de la represión contra los estudiantes de los militares en la Noche de San Daniel, el de los miles de muertos por la epidemia de cólera, el de los ojerosos cesantes que perdían su puesto de trabajo en cuanto cambiaban las tornas en el Gobierno. Pero también es la urbe emprendedora que traza limpia el nuevo Barrio de Salamanca, la ciudad vivaracha llena de fiestas traídas por los inmigrantes que van engrosando el censo, algunos de ellos canarios. Galdós busca la compañía de sus paisanos en la tertulia que los reúne en el Café Universal, en Alcalá, 1. “Allí acude, aunque era tan tímido que casi nunca intervenía, con un cuaderno en el que dibuja a sus compañeros, entre ellos su íntimo Fernando León y Castillo, el gran político canario de la época”, ilustra el profesor y crítico literario Germán Gullón, autor de la biografía Galdós. Maestro de las letras modernas (Valnera, 2020).

Sala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared.ampliar fotoSala Sorolla de la casa-natal de Galdós en Las Palmas, con un retrato pintado por Sorolla en la pared. CASA-NATAL BENITO PÉREZ GALDÓS

Aquel tímido “llanero solitario”, como lo llama Gullón, no olvidó nunca su tierra canaria. Si no la mencionó apenas en sus escritos, sí que le dedicó dibujos y cuadros que muestran La Orotava o el Teide. Vuelve a Gran Canaria algunos de los primeros veranos tras su marcha a Madrid, y luego no lo hará hasta 1894, cuando ya tiene 52 años, para arreglar una cuestión de herencias. En ese último viaje se hace una foto vestido de paisano en la finca familiar de Los Lirios.

A su marcha, ya nunca volverá a pisar las islas. “Los viajes en barco fueron brutales, los pasaba muy mal, vomitando”, apunta el biógrafo, que señala otra causa de peso: “Escribía en los periódicos, no podía alejarse mucho tiempo de Madrid, tenía que estar a lo que estaba”, abunda. Yolanda Arencibia especifica esta dependencia de la escritura, que equivalía a una dependencia de Madrid: “Galdós ni tenía mucho dinero ni su familia títulos, no era un catedrático, como Clarín, ni un terrateniente, como [José María de] Pereda. Era un chico que se abría camino con la pluma en la gran ciudad”.

Él no iba a Canarias, pero se llevó una buena parte de Canarias consigo. Varios familiares terminaron viviendo con él en la capital y además los que quedaron en las islas les enviaban a menudo productos típicos, bien envueltos en latas. “Era muy goloso: le encantaban los huevos mole, un postre hecho con yema, azúcar y almíbar”, describe la experta. Le gustaba mucho el gofio y hasta pidió que le enviaran semillas de papa canaria y de tabaco para plantarlas en su casa de Santander.

Tampoco perdió del todo su acento, aunque no queden testimonios grabados para recordarlo. Los correctores le enmendaron, por ignorancia y una visión excesivamente unitaria del español, un uso lingüístico suyo que era más correcto que el del de Madrid: él no era leísta, pero su ciudad de acogida sí. "Le corregían el ustedes usado en la segunda persona del plural", mayoritario entre los hablantes de castellano, añade como ejemplo Yolanda Arencibia. "Y él tenía que amoldarse".

También le desmocharon su rico vocabulario canario, con sus sorimba (“miedo o vergüenza”), desguangilado (“desgarbado”), gaveta (“cajón”), refistoleador (“criticón”), ferruge (“óxido”, “orín), fechadura (“cerradura”), guachafisco o cochafisco (“maíz tostado”), abanador (“soplillo”)... Queda en sus escritos una expresión, aparentemente anodina, que en cambio a su biógrafa le resulta reveladora de la canariedad: los “bueno…” para matizar aseveraciones demasiado contundentes, sin echarlas del todo por tierra. “Los usa con mucha frecuencia el narrador ante un hecho histórico. Es una manera de poner en duda, un tal vez, un quizá, pero siempre sin discutir. Es algo muy galdosiano y a la vez muy propio del carácter isleño”, detalla Yolanda Arencibia.

Y, aunque nunca fue un político profesional, ya mayor llegó a diputado por Las Palmas. Para entonces se ha convertido en una figura omnipresente en la vida cultural española, el más famoso de los escritores. “Era muy popular, un gran apoyo para Juan León y Castillo, pero con una presencia más simbólica que política”, indica Gullón. Arencibia señala que uno de sus empeños era dotar a su ciudad natal de un instituto de secundaria él había tenido que irse a Tenerife para revalidar su bachillerato, pero eso solo se logró años después de su muerte.

Madrid le ofrecía algo que Las Palmas no podía, cree Gullón: la amplitud de escenario para desarrollar sus novelas. Como Londres a Dickens, como París a Balzac. Eso sí, que nadie osara dudar de su origen. "¿Que de dónde soy?... ¡Pero hombre!..., si eso lo sabe todo el mundo. ¡De Las Palmas!", exclama en una entrevista en 1914, seis años antes de morir.

Una exposición sobre su vida, La verdad humana, devuelve estos meses a Galdós a su ciudad natal, tras exhibirse en la Biblioteca Nacional en Madrid. Cuando se cumplen 100 años de su muerte, manuscritos, fotos y recuerdos de don Benito como lo llaman los visitantes palmenses que asisten a la visita guiada, manteniendo así un uso de respeto que se ha ido perdiendo en otras partes de España— se suman a los muchos que atesora la casa-natal, donde se exponen. Unas palabras suyas han quedado incrustadas en metal en el suelo a pocos metros, sobre la misma calle Cano. Son una cita de la muy madrileña Fortunata y Jacinta, pero en lugar donde nació no suenan desubicadas: "Por doquiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela". 

Tomado de El País. 

27/10/2020 11:52 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mírate , hombre...

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Mírate, hombre

Mírate despacio y mira a tu alrededor

Eres mirada,

La poesía es mirada

La filosofía es mirada

Vivir es mirar

Y dijo Dios:

__ “Fabriquemos al hombre nuevo”

y fue menester más barro,

el barro de la tierra,

amasado con barro, con barro y cenizas de hombre

de todos los hombres que cayeron al borde del sendero

de los que quemó el fuego

de los que arrastró el agua

de los que azotó el viento y cayeron después como árboles,

como arena,

como gotas de lluvia

como cenizas

como semillas

brotaron luego

y se encontraron sin raíz ni patria,

sin costa, ni playa de arribada

sin puerto

10/10/2020 17:46 MARIANO IBEAS #. ADONIS No hay comentarios. Comentar.

CELIA CARRASCO GIL

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PAISAJES TEMPORALES

A veces me gustaría saber
cómo sonreía aquella niña
cuando su padre la montaba en un caballo
salvaje
en el campo,
cuando el cierzo vaiveneaba sus trenzas
en un ascenso de adrenalina,
cuando él nunca la soltaba
y ambos estaban juntos.
A veces me gustaría volver a escuchar
la voz entrecortada de aquella niña
cuando sentía ese cosquilleo en el ombligo
al bañarse desnuda en la laguna.
Me gustaría recordar el tono de sus ojos color
lluvia
cuando lanzaba piedras al agua
y contemplaba sus ondas perderse
en cualquier intento de
l e j a n í a.

De aproximación al futuro.
A veces me gustaría
poder volver a ser aquella sonrisa oblicua
que no tenía que mover el cursor del ratón
para dibujar una mirada frente a la suya;
que todavía podía romper la distancia hasta
tu rostro
con la dilatada fuerza de sus pupilas.
A veces me gustaría despertarme por la noche,
removerme entre las sábanas,
y acabar con tantos vibratos de la flauta,
y desgarrar con mi silencio los caminos
trazados,
y acariciar palabras selladas en tu mirada
desnuda,
sin ceros ni unos de por medio.

09/10/2020 08:27 MARIANO IBEAS #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AYER, EL NEOLÍTICO. 1

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Los trilleros de Cantalejo

 

            Era en la primavera cuando solían llegar por allí en previsión seguramente de las necesidades de lacosecha en el verano: la preparación de los trillos, las herramientas de la siega, los cedazos… Venían en una vieja tartana, donde guardaban materiales y herramientas y cualquier lugar era bueno para montar el taller.

Los trilleros venían de Cantalejo, Segovia, tierra de pinares; la madera era de allí, las sierras, de las viejas  retiradas de los aserraderos, de viejos trillos o vete a saber; las piedras de chispa, pedernal de no se sabe dónde n unos saquetes de arpillera y uno o dos trillos nuevos y relucientes.

Los trillos que había que colocar se situaban boca abajo, en un carasol, debían estar bien secos, después se rociaban con agua para ajustar mejor las piedras.

El proceso era simple, substituir alguna tabla, reforzar con hoja de lata los cabeceros, realizar agujeros con el escoplo, quitar las piedras rotas, substituirlas por otras nuevas. El trillero utilizaba piedras sin aguzar, en el momento de hincarlas en el tablero, un golpe seco del martillo hacía saltar en bisel la piedra y ya estaba el filo. Lo hacía de forma metódica y a ritmo: una piedra de sílex, un golpe seco, un buen filo y a por la siguiente.

Nosotros seguíamos el proceso con atención maravillados por el arte de los artesanos ambulantes.

Los cedazos eran otra cosa; decían que los construían con piel de perro; los cercos ya venían montados de origen con distintos tamaños; la piel tendida debía ser agujereada en espirales con un abocardador manual siguiendo una línea en espiral: golpe, agujero, golpe agujero… así hasta el final.

Un buen cedazo valía una fortuna y había que cuidarlo, un trillo no digamos… los beneficios del verano, pero ambos estaban hechos para durar…

 

28/09/2020 12:39 MARIANO IBEAS #. ANTROPOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.


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