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AYER, EL NEOLÍTICO... I

AYER, EL NEOLÍTICO... I

 

AYER, EL NEOLÍTICO

    “No te podrán quitar el dolorido sentir”    Garcilaso

  “Una ciudad y un balcón “ de “Castilla”    Azorín

                       

                                               I

Yo nací en el neolítico

 Tengo que vigilar este corrector de textos, a la que me descuido y escribo Garcilaso, él me corrige la plana y escribe Garcilazo, sin tener en cuenta que me estoy refiriendo, claro está,  al gran  Garci Lasso de la Vega.

         Cuando los libros se componían a mano, con caracteres  de plomo en la imprenta, no ocurrían semejantes fechorías, pero eso era antes, en la era de Gutemberg, hoy la galaxia Mc Luhan aporta otras sorpresas. No hubiera nunca imaginado pasar, en sesenta años, del neolítico al ciberespacio.

          Yo nací en el neolítico.

El pueblo de mis padres,__ yo nací por casualidad en Burgos__ era una aldea de 30 vecinos y 120 habitantes más o menos, al norte, ya en la Bureba, pero al límite con las tierras del Arlanzón. Le decían a la comarca “las torcas”, por el relieve de montes y calveros fuertemente erosionados y recorridos por pequeños valles y barrancos que permitían una cierta agricultura y una ganadería de supervivencia, una economía redondeada con el fruto de las huertas y la leña abundante y a veces el carbón procedente de las suertes del monte de carrascas. Pero en realidad era ya la Bureba, en el límite sur de lo que fue el dominio de los "austrigones".

                  Hacía algunos años que había “venido la luz”, y con ella nuevos tendidos y la novedad en las casas. Nosotros, los chicos, seguíamos, después de la escuela, el progreso del tendido, desde el vecino pueblo de Melgosa, con el olor a creosota de los postes, la construcción del transformador junto a la iglesia, la iluminación de las calles: una simple bombilla en las esquinas y la llegada de la electricidad hasta las casas, con un “contador de luz”  que permitía controlar el gasto: una bombilla que a veces iluminaba dos estancias contiguas, luz en la cuadra o en la cocina, y la posibilidad de enchufar un aparato de radio, toda una revolución, sobre todo por la radio.

Antes, antes de la guerra,  hubo un tendido desde una pequeña “fábrica de luz” o central próxima en el río Buezo,   cerca del santuario de Santa Casilda, pero que se prendió fuego en los años inmediatos a la guerra; así, pues,  el paisaje de mi  infancia lo entreveo a la luz de los sistemas de iluminación tradicionales: el fuego de leña del hogar, los candiles de aceite, las velas de cera o de "esperma" o el farol al abrigo de los vientos, la luz del carburo e incluso el quinqué de petróleo, todos ellos forman parte de la luz que alumbró el tiempo y del espacio  de mi infancia.

Con la llegada de la electricidad, se había producido una verdadera revolución, sin embargo; con "la luz" llegó también  la radio y las noticias empezaron a correr de boca en boca: había otro mundo fuera de allí y los primeros que lo entendieron fueron los jóvenes.

 Mariano Ibeas

2 comentarios

MARIANO -

Gracias, José Joaquín, gracias por acercarte a este texto.
Un título es un título y solo pretende llamar la atención, "captatio benevolentiae". Y se trata de una exageración, es evidente. Solo pretendía regresar en la memoria, a algunos aspectos que poco habían evolucionado: el arado romano o el tejido de las fibras vegetales, la lana o la fabricación del queso o la elaboración del pan. Del resto, totalmente de acuerdo.
Un saludo
Mariano Ibeas

José Joaquín -

Habrías nacido en el neolítico si a tu pueblo hubiesen llegado hombres con herramientas de metal. Lo que llegó a tu pueblo fue la Segunda Revolución Industrial (electricidad), y por lo tanto tú habías nacido en la Primera Revolución Industrial, como demuestra el hecho de que supieras leer sin ser hijo de burgueses ni haber estudiado en el seminario, llevases ropa que no se había tejido a mano (que no digo que no se remendara) y hubieses visto, cuando no leído, libros impresas y producidos de manera industrial (esto es, que no fueron escritos a mano).