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CLIC - CLAC

CLIC  -  CLAC

Tomado del blog de Pedro Horrillo:

De lo mío no han pasado ni cuatro meses, pero aún me da la sensación de que ha pasado todo un mundo. Yo cada vez que veía una desgracia, fuese la que fuese y del tipo que fuese, siempre pensaba que algo así a mí nunca me iba a pasar. Supongo que como todos. Pero puede ocurrir que un día cualquiera, como me paso a mí, uno se despierte en un lugar desconocido, abra los ojos asustado y desorientado, y mire a los lados con impaciencia. Y cuando comienzas a comprender lo sucedido, cueste el esfuerzo que cueste, entiendes que lo peor ya ha pasado y que irónicamente –más vale verlo así-, ni siquiera te has enterado. Y te queda un consuelo que es algo más una frase hecha; que es toda una certeza que iras saboreado en pequeñas dosis diarias a partir de ese momento y vete tú a saber hasta cuando: podía haber sido peor, mucho peor. Y es muy fácil buscar ejemplos sin tener que recurrir a lo necrológico.

Yo comencé a pedalear de nuevo hace unas semanas. Primero fue en la imaginación, luego en el aire, y al de poco en una bici estática. Podía haber sido peor, pero también mejor, así que no era cuestión de conformarse. Así que un día, en presencia de unos amigos, saque la bici de paseo a la calle para como se dice, tirarme a la piscina. Subí el sillín al máximo, monte a mi hijo en su silla correspondiente –esto es cosa de todos, tranquilo que no te voy a fallar, pensé mientras le miraba- y me lancé en busca del equilibrio. Un paso más adelante, pensé mientras avanzaba sobre dos ruedas a un ritmo impensable desde las muletas y saboreando el viento en la cara como nunca hasta entonces lo había hecho. El siguiente paso fue presentarme en bicicleta en el centro de rehabilitación contraviniendo los consejos médicos. Haciendo kilómetros con más fuerza en la cabeza que en las piernas; disfrutando del dolor sabiendo que más doloroso sería no poder hacerlo. Y el siguiente paso, el de ayer, fue vestirme de ciclista, algo que de tan cotidiano había dejado de ser gratificante. Ayer volvió a serlo. Me miré en el espejo y me vi fuera de lugar, como usurpando algo a alguien que era yo mismo, pero tenía que seguir adelante. Saque la bici a la calle, enganché un pedal automático y de un impulso, me senté sobre el sillín. Adelante, me ordené a mí mismo, mira adelante que no hay vuelta atrás…y comencé a rodar por la misma carretera por la que tantas y tantas veces había rodado. Y pasé un cruce, y luego otro, y llegué a la carretera general, y comencé a sentir el agobio del tráfico, el miedo a un conductor despistado, el pánico a un resbalón fortuito. Pero seguí pedaleando sabiendo que todo eso sería transitorio y que en el fondo, era un peaje que debía pagar. Y en punto lejano di media vuelta y me dirigí a casa satisfecho. Clic-clac, sonaron los pedales al llegar. Tome tierra de nuevo y sentí de nuevo el cansancio, la fatiga muscular, el dolor que me acompañará quién sabe hasta cuando.

Clic-clac, así sonarían los pedales de Farrar ayer al bajar de la bici, clic-clac como los míos. Clic-clac, camino del podio. Clic-clac camino de la ducha. Clic-clac sabiendo que no será el último, que habrá muchos más clics-clacs.

 

http://lacomunidad.elpais.com/vuelta-ciclista-espana-2009/posts

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